23 ABUSOS SEXUALES EN 9 MESES
Portada Edición 214, Ser y Hacer de Malargüe

Mientras desde la Dirección de Educación de la Municipalidad de Malargüe se sigue fomentando el consumo de sexo por parte de nuestro niños y jóvenes, en lugar de contar con una política responsable que lleve a evitar el consumo de pornografía, el respeto del propio cuerpo, concientizar sobre lo negativo de mantener relaciones sexuales a temprana edad; las denuncias por abuso sexual han seguido aumentando. Van 23 en los primeros meses del año y más de un 20% de ellas sólo en setiembre.
Quedarnos sólo con los números nos parece una irresponsabilidad. En las siguientes páginas vamos a tratar en profundidad el tema de los abusos sexuales desde una mirada integral, brindándoles herramientas a quienes son víctimas para que se atrevan a hablar, a denunciar. También para que los adultos tomemos conciencia de la necesidad de educar a nuestros hijos desde pequeños en el cuidado de su cuerpo, en el crecimiento de una sexualidad responsable, integral, que vaya más allá de lo físico.


En lo que va de 2017 se han producido en nuestro departamento 23 denuncias de abusos sexuales, cuatro de ellas serían con acceso carnal y en la mayoría de los casos los abusadores son familiares o allegados a las víctimas, según pudo establecer periódico Ser y Hacer de Malargüe consultando a fuentes policiales y del ámbito judicial.

Por razones legales no profundizaremos en casos particulares pero si nos parece oportuno mencionar las penas previstas para quienes cometen estos delitos y la necesaria asistencia que las víctimas deben tener, además de realizar la correspondiente denuncia judicial.
Con la modificación de la Ley de Delito contra la integridad sexual tantos los abusos sexuales graves como los simples son considerados lo mismo, de allí que el delito de abuso sexual se comprenda a la corrupción, abuso deshonesto y ultrajes al pudor –tocamiento-, y acceso carnal.
Quienes llevan a cabo estos hechos se arriesgan a penas de seis a quince años de reclusión o prisión cuando hubiere acceso carnal por vía anal, vaginal u oral o realizare otros actos análogos introduciendo objetos o partes del cuerpo por alguna de las dos primeras vías.
Según el artículo 119 de la mencionada Ley, será reprimido con reclusión o prisión de seis meses a cuatro años quien abuse sexualmente de una persona "cuando ésta fuera menor de 13 años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción".
La pena será de cuatro a 10 años de reclusión o prisión "cuando el abuso por su duración o circunstancias de su realización hubiere configurado un sometimiento sexual gravemente ultrajante para la víctima".
En cambio, la pena será de seis a 15 años de reclusión o prisión "cuando mediando las circunstancias del primer párrafo hubiere acceso carnal por vía anal, vaginal u oral o realizare otros actos análogos introduciendo objetos o partes del cuerpo por alguna de las dos primeras vías".
En el caso de abuso sexual gravemente ultrajante y de acceso carnal, la pena será de ocho a 20 años de reclusión o prisión si: "a) resultare un grave daño en la salud física o mental de la víctima; b) el hecho fuere cometido por ascendiente, descendiente, afín en línea recta, hermano, tutor, curador, ministro de algún culto reconocido o no, encargado de la educación o de la guarda; c) el autor tuviere conocimiento de ser portador de una enfermedad de transmisión sexual grave, y hubiere existido peligro de contagio; d) El hecho fuere cometido por dos o más personas, o con armas; e) el hecho fuere cometido por personal perteneciente a las fuerzas policiales o de seguridad, en ocasión de sus funciones; f) El hecho fuere cometido contra un menor de dieciocho (18) años, aprovechando la situación de convivencia preexistente con el mismo".
El abuso sexual produce en quien lo padece serios daños psicológicos generando en algunos casos más en otros menos, depresión, pánico, problemas de autoestima, bajo rendimiento físico o escolar, cambia de conductas, entre otras cosas.
Ante esta situación, se recomienda que las personas que han sufrido abuso deban recibir asistencia psicológica o psiquiátrica, para ayudar a enfrentar el daño y posibles actos que perjudiquen su integridad física y vida.

¿Dónde sucede el abuso?
53 % de los casos, en el hogar de la víctima.
18 % de los casos, en la vivienda del agresor.
10 % de los casos, en la casa de un familiar.

¿Cuál es la edad de las víctimas?
47 % de las víctimas tiene entre 6 y 12 años.
28 % de las víctimas tiene de 0 a 5 años.
25 % de las víctimas tiene entre 13 y 17 años.

¿Quiénes son los agresores?
75 % de los casos, un familiar, de los que 40 % de los casos es el padre. 16 % de los casos es el padrastro.

¿Cuál es el sexo de los agresores?
89 % de los agresores son de sexo masculino.
7 % de los agresores son de sexo femenino.
4 % de los casos, no hay datos.

¿Qué edad tienen los agresores?
49 % de los agresores, entre 18 y 40 años.
39 % de los agresores, entre 41 y 60 años.
12 % de los agresores, más de 61 años.

¿Quiénes llaman a la línea 0800-222-1717?
63 % de los llamados, un familiar.
20 % de los casos, un conocido de la víctima.
8 % de los llamados, la propia víctima.

Fuente: Programa “las víctimas contra las violencias”. Argentina.gob.ar

PPAL. ANDRÉS OROS “SE LES BRINDA PRIVACIDAD A LA VÍCTIMA DE ABUSO”
Somos reiterativos, pero nuevamente se vuelve a marcar la diferencia en el ámbito de la seguridad desde la llegada del Poder Judicial a nuestra ciudad. Hace dos meses que en Comisaria 24 se encuentran las ayudantes fiscales de guardia las 24 horas, lo que ha provocado un fuerte cambio en el procedimiento policial, ante diferentes delitos. A su llegada a la comisaría la víctima es recibida por las ayudantes de los fiscales, quienes recepcionan la denuncia.

En cuanto al proceder policial, el oficial principal Andrés Oros, quien por estas horas cumple el rol del jefe de la Seccional 24, manifestó a “el personal que se encuentra en Sumario está muy capacitado para atender a las víctimas de los diferentes hechos que se denuncian, pero principalmente, capacitados a través de cursos y desde la experiencia misma, para contener a la víctima de abuso, contemplando en la situación que se encuentra. Se les brinda privacidad total a la víctima de abuso sexual”
En cuanto a las edades de las denunciantes, el Ppal. Oros comentó que “generalmente, las víctimas son menores de edad”. En este caso, para denunciar deben asistir con sus progenitores, ya que será sometida a diferentes estudios físicos y psicológicos, realizados en cámara Gesell. Además, para comprobar lo denunciado en este tipo de delito se realizan estudios físicos, a cargo del médico forense y psicológicos incluyendo un test que es una prueba contundente, que distingue claramente la realidad que está viviendo la persona denunciante.
Este delito, considerado de instancia privada, solo puede ser denunciado por él o la afectada, para luego abrirse el sumario de investigación.
“Es habitual que la persona perjudicada conozca a su agresor”, mencionó Oros. Por lo que se aguarda la decisión de la Fiscal y bajo sus órdenes se procede a la detención, comenzando los estudios físicos contra el acusado, para luego confirmar o no, su culpabilidad en el delito que se le denuncia”.
En lo que va de 2017, se han denunciado 23 casos de abusos en comisaria 24 y según este dato aportado por el principal Oros, “en dos casos se ha denunciado a la misma persona, es decir, no todos son reincidentes por abuso sexual”.

FISCAL JAVIER GIAROLI: “LOS DELITOS DE INTEGRIDAD SEXUAL ANTES NO SE DENUNCIABAN, AHORA SÍ”
El Fiscal de Instrucción Javier Giaroli brindó declaraciones a nuestro medio, sobre los delitos de “integridad sexual o abusos”, los que según su criterio “antes no se denunciaban, lo que quiere decir que no se han incrementado, sino que existe una cifra estándar en este tipo de delito”. Esto se podría interpretar por la confianza que las victimas denuncian sabiendo que se investigará hasta llegar a la verdad.

“Esta estadísticamente comprobado la estrecha vinculación que existe entre la comisión de delitos y el consumo de alcohol y estupefacientes, por lo que considero que el consumo elevado de alcohol en la comunidad lleva a cometer estos delitos contra la integridad sexual. Malargüe es un pueblo en el que he comprobado que el consumo de alcohol es elevado”, afirmó Giaroli.
Asimismo, el Fiscal de Instrucción, que ha cumplido funciones en diferentes departamentos del gran Mendoza y que conoce diferentes actitudes de la comunidad desde a experiencia misma, asegura “en algunas comunidades hay cierta tendencia a la promiscuidad”.
Para declarar la culpabilidad de una persona acusada de abuso, el Poder Judicial se basa en la investigación que realiza el personal policial, las pericias que se levantan en el lugar del hecho o las pericias recaudadas por el personal profesional médico a las dos partes, víctima y acusado, luego de comprobada la culpabilidad y dependiendo del tipo de delito que recae sobre el procesado, se determina la pena que recae sobre él.

SILVINA CAMIOLO “ LA PALABRA TAMBIÉN TIENE UN PODER CURA”
“Somos una unidad, los seres humanos estamos compuestos de cuerpo, mente y espíritu. Cuando algo afecta a alguna de esas esferas tiene consecuencias en toda esa unidad. En el caso de abuso, se produce un quiebre en los tres niveles, aunque el abuso no haya sido físico o lo que la ley llama el acceso carnal. Un acoso verbal, un tocamiento, tiene un impacto en las esferas de la persona. Esto es válido tanto durante la niñez como en la juventud y en la edad adulta, lo que pasa que en la niñez los procesos son más acotados y por eso se llama situaciones traumáticas de la niñez. Un acoso siempre es un trauma, un quiebre, una ruptura” indicó la Lic. Silvina Camiolo, psicóloga, ante nuestra consulta respecto de cómo afecta un acoso sexual a un hombre o una mujer.

Acotó que es bueno que la victima hable o cuente su situación “para poder ir destrabando su trauma, para poder ir desahogándose. La palabra también tiene un poder cura. Nuestro cuerpo es un sistema que tiene que tener ingresos y egresos, nuestra mente ingresos y egresos, nuestro espíritu ingresos y egresos, lo que Freud llamó cargas y contracargas. Un sistema que ha sufrido o sufre algún trauma necesita de una vía de escape. Cuando se habla se evitan, por ejemplo, la formación de síntomas como por ejemplo esas personas que permanentemente tienen un dolor estomacal, cuando ellas se animan a contar su trauma se descargan emocionalmente y esos síntomas tienden a desaparecer”.
Al requerírsele porqué algunas víctimas de acoso sexual viven esa situación con mucha culpa respondió: “en la mayoría de los casos la culpa está presente. Socialmente hemos crecido con el ´algo habrá hecho para recibir un abuso´. Por lo general, en la niñez el niño negocia mucho con el adulto, hace una gracia si le dan una golosina, y a veces ese es el modo como el abusador se gana la confianza del chico. Entonces cuando la persona toma conciencia que ha sido abusada también recuerda que esa negociación empezó cariñosamente, que accedió a ir a una pieza de atrás…Cuando uno ve en la consulta estas cosas y se habla la persona abusada que fue parte de un juego donde el otro tenía la intensión de abusarla. En el caso de los adultos está esa marca de cómo iba vestida, habrá hecho algo, habrá dicho algo para recibir un abuso. La culpa está en la víctima y en una sociedad que permanentemente vive juzgando. Hay que trabajar mucho el tema de la culpa y ayudar a desculpabilizar para que tome las medidas que tenga que tomar, ya sean legales o personales. La víctima de abuso debe saber que al hablar del tema va a contar con herramientas para prevenir a futuro, con ella y con sus hijos, sus seres queridos”.
Con quién hablar, fue la siguiente pregunta que le hicimos, y la profesional puntualizó: “Con una persona de confianza, con un terapeuta, con un asesor espiritual, cada persona deposita su confianza donde sabe, medianamente, que va a recibir contención. Al hablarlo se dará cuenta que no está sola, que hay gente dispuesta a ayudarla, a acompañarla. Somos seres que necesitamos contar con otros. El contar una situación difícil hace que se produzca la empatía, ese ponerse en el lugar del otro, para poder caminar de otra manera, juntos, en compañerismo. Creo que los casos de acoso sexual que se denuncian son los mínimos, lamentablemente muchos quedan puertas adentro de los ambientes familiares, por ejemplo, no vas a ir más a la casa de ese tío que quiso tocarte”.
Para la ella puede haber algunas formas de prevención, la principal es la que deben realizar los padres.
“Como papás, desde muy pequeños, tenemos que enseñar a nuestros hijos las partes de su cuerpo, llamarlas por su nombre y explicarles que las partes íntimas son de ellos, que nadie las tiene que tocar, por eso es conveniente enseñarles desde chicos a higienizarse por sí mismos, por ejemplo. Todo comienza en la casa. Con los hijos también hay que generar confianza porque si no lo hacemos sentirán que no cuentan con nosotros. Esa es una manera de prevenir, pero también tenemos que dejar en claro que los perversos, los psicópatas, están en todos lados, van en un colectivo y tocan, van por la calle y provocan. No tenemos que tener vergüenza de hablar con nuestros hijos, en la medida que van comprendiendo. Si ellos no hablan con nosotros lo harán con otros, la diferencia está en que la información que demos los padres siempre será controlada, de acuerdo a nuestras pautas culturales, nuestras creencias. Educación sexual no es hablar a los 14-15 años, o sólo hacerlo de sobre relaciones sexuales porque eso es reducir la sexualidad. La educación sexual debe ser integral, partiendo desde la casa”, indicó.

ACOSO EN PRIMERA PERSONA “BIENVENIDA A LA ARGENTINA”
Por Ana Araujo
Esta soy yo, con 19 años pensando que cuando me pasara iba a reaccionar de otra manera, que iba a decirle todo, que iba a poder defenderme, porque del acoso verbal al acoso carnal hay sólo centímetros, y claro, la quemada cabeza del loco baboso.

Iba caminando tranquila, cuando de repente me empiezan a gritar “mami que linda sos”. Sigo, y el mismo “machito” me dice “pero que linda cola que tenes, rica”. Sigo, pero cada vez lo tenía más cerca, a centímetros mío, y vuelvo a escuchar “bonita, no te hagas la difícil”. Ya no aguantaba más, mi corazón latía a mil, mis ojos llenos de lágrimas (como los tengo ahora al recordar lo que me pasó), tenía un nudo en la garganta de la bronca que tenía, de la impotencia de que la gente que estaba ahí no hacía nada al ver la situación. Vi un chico de seguridad, le conté lo que estaba pasando y me metió a un local de comidas mientras él le daba aviso a la policía. Después de unos 5 minutos llegó el oficial y otro hombre vestido de civil y me preguntaron qué me había pasado, mientras le contaba sentía una mirada fría atrás mío, me doy vuelta y lo veo al señor que me había hecho pasar ese momento horrible. Automáticamente le dije al policía que era él. Se fue a buscar al “machito”, mientras yo me quedé sin respuesta alguna. Pasó un ratito y volvieron, el policía me dijo que le termine de contar, y como pude lo hice. El oficial me preguntó si quería hacer una denuncia, pero que antes tuviese en cuenta que me iba a tener que llevar a una comisaría en donde iba a ser “más tedioso” hacer todos los papeles que quedarme callada. En el momento sólo quería volverme al departamento, entonces elegí la segunda opción, quedarme callada y no hacer la denuncia. El policía que estaba vestido de civil me acompañó hasta la parada el colectivo y mientras me iba diciendo “Bienvenida a la Argentina, esto siempre pasa, no hay que tener miedo”. Yo no le dije nada, pero me dieron ganas de responderle muchas cosas. Esto pasó hace un mes y desde entonces no hay un día en donde no me sienta insegura, hacer dos pasos y mirar para atrás, andar con gas pimienta, mandar fotos a mis amigas de cómo voy vestida, decirles por dónde voy y en cuanto más o menos tendría que llegar. Si me subo a un taxi ir hablando por teléfono con alguien, o sacar fotos de la información de taxista. No llegar más allá de las 19:00 al departamento, y salir al centro acompañada de alguien. Y así es como vivo después de lo que me pasó, y así viven muchas chicas que no sólo les gritaron y las siguieron, sino que en muchos casos terminaron manoseadas y también en otros tantos muertas.
Naturalizamos algo que no debemos, hacemos oídos sordos a algo que no está bien. Se arranca por una asquerosidad, termina quién sabe cómo. Pero mientras quienes nos tienen que cuidar nos respondan “bienvenida a la Argentina” ¡Qué podemos esperar!

OPINIÓN
El acoso sexual puede ser sufrido tanto por hombres como por mujeres. Sin embargo, la mujer es la principal víctima porque nuestro sistema social hace que el hombre se presente como un ser hipersexuado y la mujer sometida a él.

El acoso sexual afecta principalmente a niños, niñas y mujeres jóvenes que han sido asediadas por largo tiempo y solo se deciden a denunciar el hecho como último recurso.
“Por algo será”, “algo habrá hecho”, “mirá como va vestida”, son algunas de las frases con las que se intenta justificar el abuso sexual, cuando se toma conocimiento público de un delito de esta índole. Este pensamiento establece el acoso callejero y el abuso sexual en una lógica de castigo y orden, una reprimenda “justa”. La carga se pone sobre la víctima, que además de tener que soportar el peso del ultraje se llena de culpa. Tanto las mujeres que “se exhiben” como las que “se tapan” son violentadas en el espacio público. El 72% de las mujeres ha sufrido acoso en la calle, independientemente de su aspecto físico, ropa o edad. El “piropo” o acoso verbal siempre llega.
Si bien, generalmente, el abuso se da entre dos personas –el acosador y el varón o la mujer acosada-, no son sólo dos los protagonistas. Los espectadores también juegan un rol: aceptar, callar, mirar para otro lado, no son conductas neutras, sino que sostienen la situación. Y esto último es lo grave.

Una realidad que se tapa
Haber hablado con policías, miembros del Poder Judicial, del sistema de salud, docentes, sacerdotes, personas abusadas me ha permitido inmiscuirme en una realidad que socialmente estamos tapando.
Podría enumerar varias situaciones para ejemplificar lo que termino de afirmar. Sólo mencionar que hay hijas abusadas por sus padres, incluso con conocimiento de la madre; hermanos que mantienen relaciones sexuales con sus hermanas o hermanos varones durante la adolescencia; padres y madres que prostituyen a sus hijas; abuelos que abusan de sus nietas y nietos; tíos que hacen lo mismo con sus sobrinas y sobrinos. Tal vez lector, como a mí, a Ud. también se le puede encrespar la piel o decir ¡Cómo puede ser! Pero es la realidad. Lo peor que es muy difícil que estas personas realicen una denuncia policial o judicial. Se estima que no llega al 10 % los casos que son expuestos en esos ámbitos. Lo demás es dolor, miedo, angustia, llanto, por parte de quien padece el acoso
Las estadísticas que hemos presentado son más que claras y derriban muchos mitos: 53 % de los casos se producen en el hogar de la víctima. En el 75 % de los casos es un familiar el acosador, de los que 40 % de los casos es el padre, 16 % de los casos es el padrastro. A la víctima le cuesta denunciar, por eso sólo el 8 % hace el llamado al 0800-222-1717.
Tenemos que comprometernos socialmente para que esto tenga un freno, de lo contrario el tema se irá agravando, máxime cuando desde los principales niveles del Estado se impulsan políticas, que impregnadas por la perversa ideología de género, fomentando la sexualidad basada sólo en la relaciones íntimas, desprovistas de todo aspecto afectivo y espiritual.

Buscando herramientas para prevenir
Considero que la educación juega un rol muy importante para prevenir acosos sexuales. En primer lugar desde la familia.
La familia tiene que educar para la libertad con responsabilidad, para hacer el bien a uno mismo y a los demás. La familia es el núcleo donde surgen las principales pautas de conducta del ser humano, por eso hay que fortalecerla. Ella es la que debe formar el carácter de los hijos, por eso hay que alentar a la instituciones y organizaciones intermedias que trabajan con este fin.
La escuela tiene que complementar esa educación con trabajos en valores, de acuerdo a las creencias y pautas culturales de sus padres, buscando consensuar criterios. En el aspecto de la sexualidad, intrínsecamente buena, debe estar orientada al amor entre las personas, a la entrega mutua entre un hombre y una mujer, principio básico de la naturaleza de la cual surge nueva vida. La sexualidad es un medio para poder desarrollar el amor, para traer hijos mundo, criarlos y educarlos, para lo cual el Estado debe ayudar al hombre y la mujer, en lugar de tratar de suplantarlos, como hoy parece ser.
Hay que educar también para el buen uso de los medios de comunicación gráficos, audiovisuales e internet. La pornografía, la cosificación sexual de hombres y mujeres son elementos sustanciales para fomentar el acoso sexual, según estudios científicos serios. Los contenidos que pueden ver los padres también lo pueden ver sus hijos, cuando eso no es así entonces, cuando se ven cosas que se consideran no buenas para los mayores tampoco lo serán para los niños. Los medios de comunicación debemos comprometernos, como establece la ley de educación, en la transmisión y publicación de contenidos positivos que ayuden al desarrollo integral de la persona, que contribuyan a desarrollar el bien común.
Los sectores más desprotegidos, material y espiritualmente de la sociedad, deben ser acompañados desde el Estado y los organismos no gubernamentales. El hacinamiento es también otro caldo de cultivo para las conductas que estamos analizando. Como lo es el materialismos en el que vivimos donde padres y madres buscan llevar más y más bienes a sus hogares, postergando el diálogo, el conocimiento de los hijos.
Si queremos que los abusos sexuales disminuyan tenemos que empezar a respetar la naturaleza humana, en su aspecto más positivo y bueno, estableciendo que la sexualidad es un don muy bueno, donde el hombre y la mujer se dan mutuamente para amarse más, para que cada uno pueda ser mejor persona.

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