Portada Edición 231, Ser y Hacer de Malargüe
DE PADRES A HIJOS

Nuevamente, ante la inminencia del día del padre a nivel comercial (hay que recordar que Mendoza lo ha fijado el 24 de agosto de cada año, aunque sólo se festeja a ese día a nivel de las instituciones del sistema educativo), presentamos breves historias de padres de comparten con sus hijos un mismo trabajo, una misma actividad cultural o deportiva. Si el amor por un hijo se pudiera expresar, no habrían hojas suficientes para escribirlo, ni tiempo para contarlo. Los hijos son la luz de vida de los padres, los que me los animan a seguir, el origen de sus desvelos, de sus preocupaciones y de sus ganas de ser mejores personas. Por su parte, el amor de los hijos se concentra en la eterna gratitud por la vida recibida, por el apoyo, por el acompañamiento, porque fueron padres capaces de fijarles un camino, en base a límites con amor.


LOS MONTANARI
LOS MONTANARI

Juan Montanari y su Juan Marcos, además de trabajar en la empresa familiar, comparten la misma pasión por hacer realidad la unión entre General Alvear a través de la ruta nacional 188, ex provincial 184, integrando activamente el grupo denominado “Autoconvocados por la 188”, que sin una estructura formal trabaja en pos de ese objetivo.


Días pasados, en un programa radial, Andrés Nieto, que desde hace muchos años viene trabajando por la apertura de la traza manifestaba la necesidad de contagiar a los más jóvenes este tipo de inquietudes. De hecho, varias familias suman su aporte para concretarlo. Nosotros elegimos arbitrariamente a los Montanariporque Juan Marcos de alguna manera representa a esos muchachos que le van en busca de un objetivo sin especulaciones, poniéndole el cuerpo a las situaciones.

“Me entusiasma trabajar por este proyecto de la ruta porque algo que ya viene de familia, mi abuelo peleó por esto, desde chico mi papá me llevaba a Alvear por la ruta, recuerdo una travesía que organizó un grupo de muchachos, yo tendría unos seis años y realicé un tramo en bicicleta…tengo muy buenos recuerdos de eso. Con el tiempo he ido conociendo mucha gente comprometida y que ha hecho mucho por esta ruta”, expresó Juan Marcos.

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LOS TORTOSA
LOS TORTOSA

Hace alrededor de 20 años Aldo Rubén Tortosa dejó el oficio heredado de su padre, el de camionero, para entrar en el mundo de los seguros de la mano de su cuñado, Ariel Pérez Vanini.


“Cuando mi cuñado se fue a vivir a San Rafael me propuso venderme su cartera de clientes de Malargüe, hice el curso de productor asesor de seguros y desde ese momento comencé a trabajar con mi hija Mariana. Con el tiempo ella también se hizo productora asesora de seguros y la verdad que es muy lindo trabajar con ella. Como en todo trabajo podemos tener nuestras diferencias, pero siempre llegamos a un acuerdo. Yo estoy más en la parte de ventas en la calle y ella está en la oficina con todo lo administrativo y los contactos con la casa central de La Segunda”, expresó Aldo Rubén, “Chiqui” para su familia y amigos.



“Cuando terminé la secundaria no me pude ir a estudiar porque tenía a mi nene muy chiquito, mi papá me dio la posibilidad de trabajar con él y me transformé en su persona de confianza (risas). Cada uno tiene su personalidad y nos complementamos muy bien. La Segunda se caracteriza por ser una empresa muy familiera y eso también es muy importante. Hace un año que se ha incorporado mi hermano Aldo y eso también ha sido positivo. La verdad que este trabajo también me ha permitido seguir estudiando (se recibió de profesora de enseñanza inicial y ahora hace un post título en educación) y me hace muy feliz”, puntualizó Mariana.



Además de Mariana, “Chiqui” tiene otros dos hijos Aldo, recientemente incorporados a la agencia de seguros mientras termina sus estudios de ingeniería y Gustavo, dedicado a su profesión.


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LOS PESCARA
LOS PESCARA

Jorge Pescara trabajó durante muchos años en el complejo fabril Malargüe de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Al cerrar esas instalaciones decidió quedarse en nuestra ciudad. Tenía que buscar de qué trabajar, surgió así la posibilidad de reabrir la panadería de su abuelo, don Juan de Dios Maure, que se ubicaba en calle Ruibal 163. Para ello se asoció con José Hidalgo, quien al poco tiempo, por razones de salud, debió abandonar el proyecto.


Al retirarse Hidalgo se incorporó a las labores Mauricio, unos de los cuatro hijos de Jorge. Era el año 1996, desde entonces trabajan juntos. Jorge ahora se dedica mayormente a la faz administrativa y Mauricio a la operativa, en la que también participa Laura, su mamá, que tiene a cargo un área de reparto.

“Cuando empezamos era muy distinto a ahora, eran hornos a leña, tuvimos que aprender a palear los dos. Estábamos muchas horas dentro de la panadería, las estufas de fermentación eran a brazas. Gracias a Dios pudimos, en el 2017, terminar nuestro saloncito y nos vinimos acá donde tecnificamos el proceso” comentó Mauricio.

Luego agregó “podemos tener encontrones con mi papá en busca de hacer lo mejor, pero siempre seguimos unidos. A los dos nos gusta salir de pesca juntos, comernos un asadito al lado del río, siempre lo hace él porque yo no sé prepararlo (risas). La verdad que no soy de decírselo seguido, pero a mi viejo lo quiero con el alma”

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LOS RUBIO
LOS RUBIO

Don José Rubio se inició en el rubro de la electricidad del automotor como rebobinador, sin conocer del oficio, en el camino contó con la ayuda de muchas personas. Luego fue afianzándose y pudo desempeñarse hábilmente en una empresa importante de la ciudad de San Rafael.


Hace unos 50 años buscó probar suerte como independiente en nuestro departamento y aquí se vino a afincar junto a su familia.

Cuando le entregaron su vivienda en la esquina de Salas y Tomasa de San Martín, barrio Parque, instaló su taller y le sumó la venta de repuestos. Su hijo José Luis desde chico empezó a jugar con las herramientas de su papá y éste poco a poco le fue dando la confianza necesaria para que adquiriera los conocimientos básicos. Al dejar de estudiar José Luis se sumó a trabajar con su padre.

Al cabo de algunos años José Luis decidió independizarse y así tuvo su propio taller al que llamó “Mariano”, como su hijo menor. Primero estuvo en calle Illescas, casi San Martín y más tarde se trasladó a su propio local en calle Cuarta División.

Mariano, como su papá, también estuvo en el taller “desde siempre”, aunque hace dos año se ha sumado de manera estable y juntos hacen un verdadero equipo de trabajo. Como toda relación padre-hijo también hay momentos para el esparcimiento y la recreación.

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LOS ALÍ
LOS ALÍ

Santiago Alí comenzó a practicar básquet cuando Malargüe todavía no tenía una cancha apropiada, lo hacía en el terreno baldío “lleno de piedras” que luego ocupó la escuela Rufino Ortega, donde había un tablero y un aro. Con el tiempo se destacó como un hábil jugador y gran embocador.


Aunque todos los deportes le gustaban, el básquet terminó siendo su favorito. Esa pasión se la transmitió a sus hijos, Diego y Hugo, que también siguieron sus pasos.

Diego poco a poco se fue involucrando, mejorando su técnica de la mano del Prof. Raúl Rodríguez, cuando el polideportivo sólo era una playón.

“El básquet para mí es una forma de vida, todo está relacionado con él. En mi casa tenemos una media zona armada en el patio y ahí practicamos con mis hijos y sus amigos. Mis mejores amigos me los ha dado el básquet, personas con las que compartí un equipo o que fuimos circunstanciales adversarios” expresó Diego, quien colabora como técnico de los varones en el Club ESTIM porque “los chicos que practican un deporte y son guiados por sus dirigentes se mantienen sanos y alejados de tantas cosas malas que, lamentablemente, también tenemos en Malargüe. Nuestra idea es que el básquet sea una barrera de contención”.

A la entrevista se sumaron Santiago y Elías hijos de Diego están en el básquet luego de haber comprobado que otros deportes no los apasionaban.

LosAlí, una familia que siente pasión por el básquet.

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LOS MUÑOZ
LOS MUÑOZ

Antonio Muñoz (ver su historia de vida en Ser y Hacer Nro. 186 del 1º de Agosto de 2016), que acaba de cumplir 82 años, de joven fue criancero, luego tuvo su propio negocio, trabajó en vialidad y en la construcción. Pero el campo siempre le atrajo, por eso, supo tener un puesto cerca del es cargamento de petróleo y junto a su esposa Luisa se decidió a comprar su propio establecimiento. Así, en 1976, adquirió Las Tagüas. La compra-venta de animales y la crianza de los mismos pasaron a ser su ocupación en la que también involucró a sus hijos Antonio y Alejandro.


“Cuando mi papá compró acá (la nota la hicimos el pasado domingo en Las Tagüas) empecé a venir todos los días después que salía de la escuela. Terminé la primaria, empecé la secundaria pero me gustaba más esto de estar en el campo. Quedé libre por las faltas y ya no seguí estudiando. Desde entonces hemos estado juntos trabajando con los chivos, con las vacas, que es el trabajo que seguimos haciendo, aunque ahora han cambiado las cosas porque el negocio ya no es el mismo. Cuando mi hermano fue creciendo también se nos fue sumando a nosotros, como algo natural” expresó Antonio.

Interviene Alejandro para decir “es muy lindo esto de trabajar en familia. Cuando arriamos, cuando viajamos surgen lindas conversaciones con mi papá, con mi hermano, eso hace que seamos muy unidos, que podamos hacer muchas cosas en familia, ahora que tanto uno ve que se van perdiendo esas cosas. A nosotros nos gusta el campo y las tradiciones y eso se lo tratamos de transmitir también a nuestro hijos”.

El momento de la foto reflejó eso que decía Alejandro, pues todos decidieron posar junto a donde Antonio y sus hijos.

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LOS GIMENEZ
LOS GIMENEZ

Otro padre que le ha transmitido a sus hijos la pasión por el trabajo familiar es Juan Giménez, quien este miércoles 20 de junio se apresta a cumplir sus 80 años de vida.


Oriundo de Los Claveles en San Rafael donde se dedicaba por completo a la agricultura un día decidió salir en busca de nuevos horizontes y así comenzó a traer pasto, cereales, leña, “lo que le pidieran” a nuestro departamento.

Cuando sus hijos, Darío y Gerardo, culminaron sus estudios se acoplaron al trabajo que venía haciendo don Juan y estudiaron seriamente la posibilidad de establecerse entre nosotros. Tomaron la decisión y así surgió Corralón Giménez, que años más tarde también sumó el rubro del transporte y el autoservicio de mercaderías.

“Como desde chicos nos criamos en la finca, donde todos ayudan en las tareas que se hacen, no ha sido para nosotros difícil trabajar juntos. Estamos organizados, las cosas que van surgiendo se analizan y buscan las mejores alternativas para que salgan lo mejor posible”, señaló Gerardo.

Los domingos, generalmente, son los días que destinan para la reunión familiar, más distendida, mientras se comparte el clásico asadito.

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LOS SCHAJNOVETZ
LOS SCHAJNOVETZ

Marcelo Schajnovetz perdió a su padre, don Lázaro, a los 17 años. Al egresar de la escuela Técnica Minera trabajó durante 14 años, compró Farmacia Malargüe y junto a su esposa Nora se dedicaron de lleno a ese trabajo. Con el tiempo surgirían nuevos desafíos como el recordado 5to. Viejo Café, Clínica Malargüe, farmacias Malargüe 2 y Río Grande, Cóndor Hogar, tarjeta Crédito Malargüe, la agricultura.


Desde hace algunos años Marcelo y Gabriela, sus hijos, se han sumado a las empresas. Gabriela trabaja junto a su mamá en la faz administrativa de las farmacias y puso su toque, profesional como licenciad en diseño, a Clínica Sur. Marcelo

“Siempre he tenido una buena relación con mis hijos, después que partieron a estudiar regresaron y empezaron a darnos una mano a Nora y a mí. Trabajar con los hijos es una gran responsabilidad porque uno quiere que se le dé continuidad a lo que se pudo lograr como familia y respetar también el pensamiento de ellos, hay que consensuar mucho, pero es lindo, son honestos, responsables, transparentes y eso es muy importante y lindo a la vez” expresó el orgulloso papá.

Gabriela dijo “con mi papá tenemos un carácter parecido, de mucho temperamento. Él es mi guía, le pido muchos consejos, siempre está atento a lo que necesito”.

Por su parte, Marcelo (h), destacó “papá es una persona que sabe mucho y admiro, desde chico quise ser como él, tener su visión de las cosas, es muy recto y me gusta mucho trabajar con él. También hacemos salidas juntos en moto, ahora estoy ingresando a la Cámara de Comercio, nos gusta comer asado juntos. La verdad que lo amo con todo mi corazón y todo lo que soy se lo debo a él y a mamá”.

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OPINIÓN
PADRES PRESENTES

Dios nuevamente me hizo un regalo en mi profesión, en este caso, el de haber salido en busca de los protagonistas de este Tema Central. Me encontré con muchas historias que por razones de espacio no hemos podido publicar en su totalidad, todas tiene un denominador común, el amor.


Hubo hijos que se emocionaron hasta las lágrimas, padres que se “atragantaron” en ellas, abrazos fuertes, miradas cómplices, sonrisas pícaras, en definitiva, entrevisté a padres e hijos que se quieren, se admiran, que tal vez no se lo vivan diciendo unos a otros, tal vez porque el amor muchas veces los hombres lo demostramos más con nuestro accionar, porque no sabemos ponerles palabras a nuestros sentimientos, a nuestras emociones.

Creo que, a su modo, todos los padres con los que hablé han sido capaces de transmitirles a sus hijos que son seres únicos e irrepetibles, que no necesitan ser una fotocopia de nadie, han sabido guiarlos a ser como son y a ser felices con ello.

Me quedé con la sensación que el hecho que los hijos expresaran abiertamente que sienten admiración por sus padres no es más que el resultado del fomento de los valores y principios morales que los progenitores han procurado inculcarles dentro del hogar, pero no sólo con el discurso, sino con el ejemplo.

Padres presentes y cercanos

Por muchos años los especialistas de la psicología y otras disciplinas enfatizaron lo importante que era para un niño en sus primeros años de vida tener una relación cercana y segura con la madre. Sin embargo, desde un tiempo a esta parte esta mirada se ha ampliado, reconociendo que el padre es también una figura central para el desarrollo físico y emocional de un niño o una niña.

Según los especialistas, un papá presente y cercano a la crianza de sus hijos es necesario en dos dimensiones. La primera tiene que ver con su relación directa con el hijo o hija. Cuando el padre participa en los controles prenatales, puede mirar el desarrollo de su hijo en las ecografías o escuchar su corazón, tiene más posibilidades de ir desarrollando una relación afectiva con él desde antes de que nazca. Esta relación que para las madres es tan obvia porque sienten los cambios en su cuerpo y el movimiento del niño dentro de ellas, para el hombre no lo es. Su experiencia del embarazo es a través de lo que vive la mujer, y por lo tanto toda experiencia “directa” con el hijo le va haciendo más real su presencia en su vida.

Al nacer, un bebe comienza a experimentar las sensaciones de lo que le produce placer y calma y lo que lo desagrada, como el hambre, el frío, el calor o los dolores. Cuando un adulto responde a esas sensaciones de desagrado y lo calma, el niño va asociando el olor y la voz de ese adulto con un espacio seguro, un encuentro que lo ayuda a volver a sentirse bien. Si el papá también está presente en estas pequeñas, pero importantes tareas diarias, será también para ese niño un adulto confiable, que lo quiere y lo cuida. Esta es la base fundamental sobre la que se cimienta la autoestima y la seguridad personal.

Hoy se sabe que un niño con más de una figura de apego, con más de una persona que lo cuida y le hace sentir querible, es un niño que crece con una base más sólida para enfrentar la vida.

Padres, modelos de identificación masculina

Mirando algunos aspectos de la especificidad que aporta el padre, algunos autores señalan que los padres son los que aportan más en el desarrollo motor del niño, por el tipo de juegos que tienden a hacer con ellos; les ayudan a salir al mundo y en el proceso de “destete” de la mamá, y también son un modelo de identificación masculina para los niños, y un modelo de diferenciación para las niñas.

Pero hay otra importancia de la presencia del padre en la crianza, que es un aporte indirecto hacia el niño: es su apoyo hacia la mamá gestante. En la primera etapa del nacimiento de un hijo cuando una mujer se siente querida, cuidada, y acompañada puede estar en mejor disposición para la lactancia y el cuidado del hijo que resultan tareas a veces muy cansadoras.

No siempre el padre y la madre de un niño o niña viven bajo el mismo techo. Esto hace más desafiante para ellos la tarea de ser padres presentes pero no la hace imposible. Los hijos tienen derecho a tener a ambos padres presentes, y es importante que las instituciones y las políticas favorezcan esta relación.

El padre fue visto por mucho tiempo en el rol de proveedor económico de la familia. Hoy que la mujer ha ingresado al mundo laboral, y cuando esta tarea se puede compartir, el desafío para los padres es poder ser junto con ella “proveedores afectivos”.

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