HISTORIA DE VIDA


Edición Número 251 del 15 de Abril de 2019

RAQUEL MERCADO Vda. de LINEROS
RAQUEL MERCADO Vda. de LINEROS
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

El 26 de setiembre de 1929 vino al mundo Raquel, la protagonista de la historia de vida de esta edición Nro. 251 de periódico Ser y Hacer de Malargüe.

Sus padres fueron Sara Cerda y Antonio Mercado, quienes al momento del nacimiento de ella residían en proximidades de La Batra.

“Mis abuelos, por parte de mi mamá, tenían puesto en esa parte y yo nací ahí. Él se llamaba Santos Cerda y tuvo dos hermanas que se llevaron los indios en los malones que hacían y se quedaron cautivas. A las pobres les hacían de todo, si hasta les desollaron las plantas de los pies para que no se escaparan y seguro tuvieron hijos con ellos” contó la mujer.

RAQUEL MERCADO Vda. de LINEROS


“Nosotros fuimos nueve hermanos, seis mujeres y tres varones: Yo soy la mayor, después siguen Federico, Donata, Antonia, Elsa, Elio, Odalia, Santos y Eva. Mis hermanos Santito y Eva murieron cuando eran chicos, tenían alrededor de un año. Mi papá trabajaba en YPF y estuvo en varios lugares porque lo trasladaban a los lugares donde se radicaba el personal, él era constructor y también trabajaba en la perforación de los pozos. Me acuerdo que cuando lo llevaron a Ranquil-Có yo empecé a ir a la escuela, porque me dejaron en la casa de mi abuela Donata Mercado en San Rafael. La escuela se llamaba Emilio Civit, que estaba en Rama Caída, frente a la calle Perdigues. En la zona de Palauco el papá trabajo en los primeros tres pozos que se hicieron, todo era muy precario. Me acuerdo que una vez al mes un camión de YPF iba a San Rafael a buscar comida para la gamela y ahí mi mamá me iba a visitar a San Rafael, mientras yo estaba en la escuela. En esa época el camino a San Rafael iba por La Junta y comenzaba donde estaban ´Las taperas´, que eran las ruinas de un fortín donde había estado el ejército. Era un camino muy difícil que pasaba por El Nihuil. Después hicieron el camino por El Sosneado”, acotó más adelante haciendo referencia al Fortín Gral. San Martín, también conocido como El Alamito, que su ubicó junto al arroyo homónimo previo a la Segunda Campaña del Desierto.

Los pozos de petróleo en la zona de Palauco luego YPF se los tercerizó a Industrias Grassi, tal como lo relató José German Mira, en su historia de vida publicada en el Nro. 242 de nuestro periódico el 01 de diciembre de 2018.

Volviendo al relato de la señora Raquel puntualizó “en la escuela llegué hasta tercer grado, pero mi mamá no me dejó seguir. Me gustaba mucho estudiar. Me habían mandado a estudiar junto con mi hermano Federico, que le decíamos Pocho, él falleció hace varios años. Cuando dejé la escuela me vine a vivir con mi familia a Palauco. Me acuerdo que al poco tiempo don Genaro Vera y la esposa se prendieron fuego, estuvieron muy mal y los tuvieron que llevar a Mendoza. Resulta que él trabajaba en uno de los pozos, y como en esa época no había mucha seguridad, él llegó a la casa con toda la ropa engrasada. Al ponerse a prender la lámpara para tener luz de noche en la casa se prendió fuego y se le quemó toda la casa. Los chicos estaban en el dormitorio y él por sacarlos afuera se quemó todo. Me acuerdo que era como las nueve y media o las 10 de la noche. Además de nosotros y la familia Vera en ese lugar también tenía casa don Santiago Mendoza, entre todos los ayudamos. Los hombres que eran solos vivían en un campamento que estaba apartado de las casas de nosotros. Uno de los pozos lo taparon y sacaron un caño con gas…me acuerdo que siempre estaba prendido esa caño. YPF, después, quiso trasladar al papá a Mendoza pero él no quiso irse y se dedicó a comprar animales y los traía al puesto del abuelo Santos Cerda. Después siguió trabajando en el puesto, hasta compró casa en Malargüe, en la calle Emilio Civit, entre Villegas y Ruibal, todavía está en pie esa casa. Al volver al puesto me costó, porque me había acostumbrado a estar en el pueblo, allá en San Rafael ¡Tengo tan presente la vista del río Grande desde el puesto que teníamos en Palauco! Como mi papá, mientras estaba en YPF, había ido comprando animales se hizo de un lindo capital y nosotros le ayudamos con la crianza de los animales”.

Luego la familia se trasladó a la zona de ruta nacional 40 y el ingreso a La Junta, cerca de “Las taperas”, antes descriptas.

Así lo relató doña Raquel: “Cuando nos vinimos a Las Taperas el papá puso un negocio, me acuerdo que se compró un camioncito Ford T y con eso tenía para ir y traer mercadería. Alquiló, en la estancia El Chacay que era propiedad de la familia Salomón, el ´Rincón de El Mollar´, donde hizo una casa en la falda de un cerro, a él le gustaba que tuviéramos lindas casas. Después hizo puesto al lado del río Salado, donde plantó muchos árboles, hizo potreros y una huerta hermosa. En ese tiempo estaban haciendo el ferrocarril a Malargüe y me acuerdo que la gente que trabajaba ahí los sábados a la tarde llegaba a tomarse alguna bebida, jugar al naipe y pasar un lindo rato ¡Mire la cantidad de años que tengo que vi llegar el ferrocarril! (risas). Los obreros que trabajaron en la construcción tenían campamentos en el medio del campo, eran muchísimos y de muchos lugares del país. Cuando estuvo listo el tendido de las vías empezaron a ir y venir los trenes, desde Malargüe salían cargaditos de carbón porque en ese tiempo se trabajaban varias minas en esta zona”.

Para conocer mayores detalles de la construcción de ferrocarril San Rafael-Malargüe leer la historia de vida de Alberto Tapia en edición Nro. 13 de Ser y Hacer de Malargüe del 15 de marzo de 2009.

Raquel se casó con Prudencio Lineros (falleció en 2005), quien era vecino suyo en Las taperas.

“Tuve un lindo casamiento, mi papá se encargó de prepararlo. Me acuerdo que el vestido, que tenía una rosa de tela hermosa, me lo hizo una señora que tenía una tienda en el pueblito que era en ese momento Malargüe. Nos casamos en la iglesia viejita que está en la entrada. Mi marido tenía puesto y trabajó también en la mina de carbón Los Castaños, ahí estuvimos viviendo un tiempo. Después vivimos al lado del molino viejo (Molino de Rufino Ortega en el acceso norte a nuestra ciudad), porque mi marido ingresó a la Dirección de parques y bosques. Decidimos irnos a San Rafael, allá mi esposo trabajó en el parque y yo trabajé 12 años la fábrica La Colina y 13 en la de Ballarini. En esas fábricas se envasaba pimientos, durazno, tomate. Así me hice mi casa y viví tranquila” expresó la mujer que dentro de unos meses cumplirá sus 90 años.

Raquel tuvo cuatro hijas: Liliana (fallecida), Beatríz (Bety), Eva (Beba) y Silvia. Tiene cinco nietos y 10 bisnietos. Su vida transcurre entre su casa de San Rafael y visitas, cuando su salud se lo permite, a nuestra ciudad.



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