HISTORIA DE VIDA


Edición Número 252 del 1º de Mayo de 2019

HÉCTOR ROQUE
HÉCTOR ROQUE “TOTO” MÉNDEZ
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

“Nací el 19 de abril del año ’49, a las 06:00 de la mañana, será por eso que me gusta dormir hasta tarde porque nací muy temprano (risas). Mi mamá se llama Nélida Etelvina Lucero (ver su historia de vida en Edición Número 35 del 1º de marzo de 2010 de periódico Ser y Hacer de Malargüe) y mi papá, que ya falleció, José Nicanor Méndez. Mi madre es oriunda de Villa Huidrobo, Córdoba, mi papá nacido en Malargüe. Los Méndez somos una familia muy antigua de aquí, porque mis tíos abuelos vinieron de Chile en los albores del siglo pasado. Mi abuela nació acá en el año 1907, doña Isolina Méndez y mi papá nació en 1927 y ya llevamos cinco generaciones de malargüinos. Los Méndez trabajaron en la estancia El Chacay, en la época que vinieron los colonos a sembrar. En ese momento la estancia era más grande que la Villa de Malargüe, según me contó mi papá. Él empezó a trabajar en el campo. Por parte de mi mamá, el primero en llegar aquí en la década de 1940 fue mi tío Gris Moisés Lucero, uno de los fundadores del Aeroclub Malargüe y de un gran espíritu futbolero. Con mi papá hicieron un equipo que se llamó Juventud Unida. Al tiempo mi mamá llegó aquí y se casó con mi papá, que se dedicaba a la construcción”, expresó Héctor Méndez en el inicio de la conversación donde relató su historia de vida.

Sus padres, tras casarse se establecieron en calle Emilio Civit, entre Capdeville y Batallón Nueva Creación.

“Mi crianza fue en ese barrio. Mi familia fue muy humilde, donde a veces no había ni para el té y se compraban las bolsas de cascarilla y se endulzaba con miel de las colmenas que tenía mi padre. Era una vida muy sacrificada, totalmente diferente de como es ahora. De mis hermanos yo soy el mayor, después sigue Ana María (Chichi), Alberto Esteban (Tucho), Juan Ramón (Poroto) y Josefina Antonia (Moni). Fui a la escuela Rufino Ortega, mi maestra de séptimo grado fue doña Francisca Drisaldi de Gutiérrez. Jugábamos al fútbol con una pelota de goma. Recuerdo que siendo un niño la plaza San Martín estaba cercada y solo se ingresaba por las esquinas, sorteando un pequeño molinete. Las calles todas de tierra, con acequias sin puentes en las esquinas. Desde muy chico comencé a trabajar con mi viejo, me acuerdo que la primera vez que intenté subir un balde con cemento se me calló porque no podía subirlo con la rondana y la soga. Yo tendría que haber egresado de la primera promoción de técnicos mineros, pero abandoné la secundaria en segundo año. Mi padre tuvo la suerte de comenzar a trabajar cuando se inició la obra de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y después quedó efectivo, con lo que la economía de la familia mejoró. En el año 1974 ingresé yo también la CNEA y trabajé hasta 1994, cuando durante el gobierno de Carlos Menem se decretó la disponibilidad de los empleados públicos. De ahí en más sufrí mucho por la falta de trabajo. Como empleado de la Atómica ascendí hasta la categoría máxima del escalón único. Luego pasé al escalafón de técnicos, dentro de la planta de ácido sulfúrico, y fui encargado de turno. También me desempeñé en la Asociación Trabajadores del Estado y llegué a ser congresal nacional”, recordó más adelante.

Al dejar de trabajar en la CNEA adquirió un camión. Comenzó a trabajar en la industria petrolera y también en el transporte de áridos.

HÉCTOR ROQUE “TOTO” MÉNDEZ


El fútbol lo tuvo como protagonista de una época de oro de ese deporte en nuestro medio.

“Desde chico empecé a jugar a la pelota, como se le decía entonces al fútbol entre los niños. La calle Emilio Civit era de arena y hacíamos partidos con Cecilio Vilchez, Arturo y Oscar Fuentes, los chicos Poblete, Gutiérrez, Becerra, Oyola. A ese sector se lo conocía como el barrio de los perros sueltos. Gendarmería una vez organizó un campeonato y nosotros nos inscribimos como barrio Cambalache, porque no teníamos plata, fútbol, éramos unos vagos que trabajábamos poco (risas). Ese campeonato, que se hizo en cancha de Volantes Unidos, lo ganamos nosotros luciendo unas camisetas verdes con números blancos. Yo siempre jugué de líbero o sttoper. La Liga Malargüina de Fútbol durante unos años estuvo sin actividad y cuando se armó yo firmé para Deportivo Malargüe, tendría unos 17 años. Cuando se inicia el Club Energía Atómica pasé a jugar ahí con el número 4. Fue así como me empecé a probar en otros clubes. Gracias a don Emiliano González pude hacer una prueba en el Rangers de Talca. También en Gimnasia y Esgrima de Mendoza, Rosario Central, Newels y Desamparados de San Juan. Anduve bien, pero no me gustaban las concentraciones y el régimen de escuela que tenían esos clubes. Aprendí a carrilar, caminar con la cabeza levantada, triangular y otras cosas muy importantes…Desde mediados de la década de 1970 y la del ´80 Malargüe tuvo un muy buen nivel de fútbol. Recuerdo que integré la selección malargüina y ocupamos el 4to. lugar a nivel provincial. También participé en la copa argentina Becker Varela, de ganadores de ligas. Dos años fui como integrante de Energía Atómica y otro como refuerzo del Club Deportivo Malargüe. Mi papá fue mi director técnica en Atómica por nueve años, después tuve a Carlos Washington García, ´Coco´Ureta. Nosotros descasábamos el lunes y después todos los días entrenamiento. El día domingo la familia iba toda a las canchas, era la diversión para todo el pueblo. Todos los clubes tenían jugadores que eran figuras y que uno estudiaba antes de cada partido. La liga malargüina llegó a tener su primera A y primera B, las correspondientes divisiones inferiores, con una dirigencia que también estaba comprometida. Yo creo que esa fue la época de oro del fútbol malargüino que se tiene que conocer. Yo jugué hasta los 38 años y me retiré porque había chicos en el banco que no entraban porque yo les estaba ocupando ese lugar. Mi último partido fue como capitán de la selección malargüina ante la selección de General Alvear, siendo nuestro técnico ´Coco´ Ureta”, evocó

“Deportistas de alma” incursionó en carreras de carting, montainbike, jugó al paddle, participó de las dos primeras ediciones del recordado triatlón de la aventura. Corrió en moto.

“Toto” está casado con Jacinta del Carmen Pacheco, malargüina, con la que tuvo ocho hijos: Érica Paola, Lorena del Valle (Mara), Natalia Daniela, Noelia Marianela, Vanina Belén, Fabiola Soledad, Heber Tamara y Héctor Rosario. Tienen 27 nietos (la mayor está en el cielo, según sus palabras del hombre) y ocho bisnietos (una fallecida).

Se define como un gran lector y al respecto dijo “considero que cualquier persona tiene que tener conocimiento de la cultura general y para eso no es necesario ser un gran doctor. Me gusta leer libros, estar medianamente informado, conocer cada día un poquito más. En lo cultural trabajé mucho con Jorge Luna cuando se armó el museo de Malargüe, fui uno de los primeros que acompañó a la gente que estudió la entonces cueva y hoy caverna de las brujas. En alguna oportunidad, junto a Miguel Espolsín, hicimos una asociación para el estudio de los OVNI”.

Tiene una firme postura contra el aborto “porque con esa práctica se puede estar matando a la persona que puede salvar al mundo. La mujer durante nueve meses cuida una vida que no es la de ella, por eso estoy en contra de lo que se dice mi cuerpo es mío y hago lo que quiero. Lo mejor”.

Actualmente, jubilado, vive en Colonia Pehuenche, habiendo superado una difícil enfermedad.

OSDE SAN RAFAEL MALARGUE

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