HISTORIA DE VIDA


Edición Número 253 del 15 de Mayo de 2019

MARÍA LIMA DE PARASÉCOLI
MARÍA LIMA DE PARASÉCOLI
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

Nacida en Malargüe el 15 de agosto de 1948, María Eva Lima tiene su vida ligada a la escuela, hoy Centro de Capacitación para el Trabajo (CCT), Luis Pasteur. Allí comenzó a concurrir desde que estaba en la escuela primaria, cursó los tres años que contemplaba el plan de estudios y emigró a San Rafael para obtener la titulación docente, con lo que se convirtió en la primera egresada en alcanzar esa meta. De regreso a su Malargüe querido ingresó a realizar suplencias, luego titularizó un cargo y se jubiló en el establecimiento como Directora titular. La reciente inauguración del edificio propio del establecimiento la tuvo sentada en primera fila junto a las autoridades. Reflejar sus recuerdos en “la Pasteur”, como el común de los malargüinos le decimos, nos llevó a entrevistarla a horas de haber vivido ese verdadero acontecimiento para la comunidad educativa y también para ella, que lo soñó en más de una oportunidad.

“Soy malargüina y donde ahora me estás entrevistando (Av. San Martín y Capdeville) es mi casa y de niña me crie aquí, solo que nuestra vivienda estaba un poquito más atrás, por Capdeville. Al casarme mi mamá, que se llamaba Adelina, me dio el terreno donde levantamos, junto a mi esposo, nuestro hogar. La verdad que siempre le agradezco ese gesto a ella y a mi hermano mayor, Lino Rojas, que para mí fue mi padre. De mi niñez recuerdo el Malargüe de la plaza San Martín de tierra y alambrada. El Malargüe donde nos poníamos en la vereda a escuchar la música que difundía por altos parlantes el señor Aranda, ante la falta de radios locales. Un Malargüe de calles de tierras” contó en el inicio de la entrevista que mantuvimos en su domicilio el pasado lunes 13, en horas de la mañana.

Fue alumna de la escuela Tte. Gral. Rufino Ortega, cuando funcionaba en el edificio que hoy ocupa el Honorable Concejo Deliberante. Teniendo como compañeras a Mabel Fernández y Dolores Oliver, entre otras. Mientras que recordó entre sus docentes a Francisca Drisaldi de Gutiérrez, Elisa de Dotta, Nicolás Quevedo.

“Cuando terminé la escuela primaria ya era alumna de la escuela Pasteur ¡Me encantaba ir a la escuela! Salía de la Rufino Ortega, comía algo en casa y volaba a la escuela Pasteur donde enseñaban labores a mano, cocina. Después hice los tres años que correspondían al plan de estudios. En ese momento, la señora Blanca Quiroga de Merina, que era la directora, me comentó que viera la posibilidad de irme a estudiar a San Rafael para terminar la docencia. No era fácil tomar esa decisión e irse a otro lado, en ese momento. Conversé el tema con mi hermano Lino y él me dijo que no me fuera, me ofreció ponerme un kiosco. Como yo estaba entusiasmada él habló con un familiar, que se llamaba Jaime Rojas, y su familia me adoptó dentro de su casa para que pudiera estudiar” relató más adelante María.

Fue así como cursó los dos años que le restaban para recibirse de maestra de manualidad en la escuela Mercedes Álvarez de Segura, del vecino departamento. Al completar su formación regresó a su Malargüe natal. Aquí doña Blanca la esperaba con los brazos abiertos y la comenzó a convocar cuando se producían suplencias cortas en la escuela Pasteur. Muchas veces asistía ad honorem para colaborar con las docentes.

Volviendo algunos años en el tiempo evocó: “La señora Blanca en noviembre de 1943 fue nombrada para crear una escuela de oficios. Ella comenzó a visitar casa por casa buscando alumnas, contándoles lo que sería el proyecto educativo. En 1946 comenzó a funcionar la escuela. No tengo claro dónde lo hizo por primera vez, pero si tengo el recuerdo que cuando yo empecé a concurrir lo hacía junto a las llamadas ´casas colectivas´ que estaban por calle Saturnino Torres junto al edificio del ex hospital Malargüe, más precisamente donde hoy existe una carnicería, en lo que es la esquina de calle Torres y Av. Rufino Ortega. Era una casa con tres habitaciones, baño y un patio largo. Había pocas especialidades. Tengo presente en mi memoria los recreos en los que doña Blanca nos regalaba tortas calentitas y el clásico yerbeado. La señora de Merino y su esposo cuando nevaba, para las fechas patrias, se levantaban temprano y pintaban la nieve con color celeste en la plaza ¡Era hermoso ese trabajo que hacían! Al jubilarse la señora de Merino tomó la dirección Juanita Castagnolo, que era maestra de labores a mano y que provenía de Mendoza. Ella como maestra nos enseñó muchas cosas nuevas e interesantes. Cuando ella se fue me convocaron a la ciudad capital y me entregaron los libros para que me hiciera cargo de la escuela y asumí como directora-maestra. Yo me había recibido en 1964, en 1968 pasé a ser titular, recuerdo que gané el concurso con un puntaje de 17,08. El cargo de maestra de manualidad era en El Nihuil, no pude tomar el cargo en la escuela Pasteur porque lo había tomado otra docente. Trabajé tres meses en la escuela de El Nihuil, que era con la modalidad de internado, y pude realizar la permuta a la escuela Pasteur. Estuve 26 años a cargo de la escuela, salvo tres años que, por razones familiares, viví en Mendoza y me hice cargo de la escuela Congreso de Tucumán, de Guaymallén.”

MARÍA LIMA DE PARASÉCOLI


Al repasar sus años como directora-maestra de la Pasteur puntualizó “eran tiempos difíciles. Para comprar una cocina teníamos que hacer venta de pasteles. Hacíamos los té danzantes, que en la época se usaban muchos. En la escuela preparábamos las masitas y todo lo que se consumía en el té. Nos prestaban el Club San Lorenzo, lo ornamentábamos, usábamos mesitas, cada una de las maestras poníamos la vajilla, sino salíamos a pedirla. Servíamos el té y bailábamos. Era una diversión para las chicas y los muchachos jóvenes. La casita donde funcionaba la escuela estaba en muy malas condiciones, se llovíay cuando se inauguró el nuevo edificio de la escuela Rufino Ortega hablé con las autoridades escolares que estuvieron en el acto y nos permitieron trasladarnos a una de las casas habitación que se habían construido junto ella. Una casa era para el director y la que correspondía al celador nos la facilitaron a nosotros. Ahí nos sentimos un poco mejor. Al pasar el tiempo también se anexó la otra casa y es el lugar donde hasta ahora ha funcionado la escuela Luis Pasteur”.

En cuanto al trabajo interno destacó que un inconveniente que tenía la escuela de entonces era la falta de docentes de especialidades, incluso a más de una tuvo que darle alojamiento en su casa hasta que consiguieran dónde vivir aquí.

Mencionó el trabajo que pudo realizar de la mano del inspector Julio Ammar quien le facilitó a la escuela la diversificación de su oferta educativa, lo que posibilitó contar con más de siete especialidades y con ello tener la dirección libre, sin que la persona que cumpliera esa función lo hiciera como director-maestro. Ello también le permitió a la escuela una apertura a la comunidad, habiendo colaborado con un gran número de entidades de nuestra comunidad en la elaboración de comidas, confección de uniformes y otros elementos.

Respecto de las gestiones para contar con el edificio propio señaló que comenzaron a fines de la década de 1960 cuando se logró que se le destinara un terreno ubicado en calle Nueva Creación, entre Amigorena y Telles Meneses, que luego sirvió para que se instalara la empresa provincial de energía. Más adelante se le asignó otro, del que se llegó a tener hasta lo planos del edificio pero un cambio de gobierno echó todo por tierra el proyecto, hasta que finalmente se obtuvo el de Rosario Vera Peñaloza y San Lorenzo, donde el viernes se habilitó la moderna infraestructura que albergará a “la Pasteur”.

“Yo estoy muy arraigada a los sentimientos, me sentí muy emocionada de ver ese corte de cintas el viernes. Me sentí muy contenta y feliz porque para mi querida escuela es un paso importantísimo y el edificio propio le posibilitará que crezca cada día más”, expresó María, con lágrimas en sus ojos al revivir ese momento.

Guarda un grato recuerdo de sus compañeras de trabajo, que no mencionamos por razones de espacio, a quienes evocó en la entrevista. También de su paso por el Instituto Secundario Malargüe donde fue profesora de actividades prácticas.

María está casada con Rubén Parasécoli, tuvo tres hijos y tiene cinco nietos.

Es una ferviente católica, pues desde niña vivía frente a la histórica capilla del acceso norte a la ciudad. Como integrante de la Legión de María ha realizado numerosas misiones y hoy colabora en la capilla San Cayetano, además de tener dos horas semanales en la Capilla de Adoración Perpetua.

Participa en la Cooperadora del hospital Malargüe y una vez a la semana comparte con las integrantes de “Bocadillo para el alma”, un grupo de mujeres que se reúnen para pasar “gratos momentos”.



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