HISTORIA DE VIDA


Edición Número 254 del 1º de Junio de 2019

SUSANA NILDA “NEGRITA” ALONSO
SUSANA NILDA “NEGRITA” ALONSO
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

El 8 de junio de 1942, en Malargüe, entonces distrito de San Rafael, nació Susana Nilda Alonso, a quienes todos en su familia pasaron a llamar “Negrita”

Sus padres fueron Tránsito Maya, nacida el 15 de agosto de 1920, y José Fernando “Falucho” Alonso (hijo de Rodolfo Alonso y Rosa Isabel Andino), que nació el 20 de marzo de 1920, ambos malargüinos. Además de Susana el matrimonio tuvo otros cuatro hijos: Rodolfo José (Pelado), Mario Alberto (Chiquitín), Ana María. “Falucho” tuvo además otros dos hijos José Fernando y Oscar.

Al repasar su infancia Susana dijo “tuve una niñez muy linda. Mi abuelo Rodolfo vivía en la calle San Martín y Saturnino Torres (esquina noroeste). Mi mamá vivía en Rodríguez y Emilio Civit (esquina sureste). En una oportunidad a mi papá le salió un negocio de traer madera desde Barrancas y se puso un aserradero en calle Uriburu, al fondo de la casa de mi tío Guillermo Von Zedtwitz. Vivimos un tiempo en Barrancas, después me vine a vivir con mi abuelita Rosa y empecé ir a la escuela Rufino Ortega y mi hermano Pelado, que era mellizo conmigo, se quedó allá con mi mamá. Cuando mi papá decide volverse, vivimos un tiempo donde estaba la compañía Schlumberger (calle Rodríguez y Amigorena) y después mi papá se hizo una casa en Rufino Ortega y Rodríguez, donde ahora funciona la subdelegación de la Dirección General de Escuelas. Esa infancia fue hermosa, mi papá nos tenía un caballo para que saliéramos a pasear, salíamos a jugar para el lado del ferrocarril y Carbometal. Tengo muy presente mi paso por la escuela Rufino Ortega, tenía de compañeros a José Rasso, Juan y Raúl Becerra, César Policante, Cristina Carnasini. La primera maestra que tuve se llamaba René Castro, que vivía en la casa de mi abuela, la señora Olga de Bastías, que era soltera, la señora de Tabernero, a doña Laura Basotti, la señora Iris Rojo de Carrizo, que era también profesora de piano. Jugábamos a la pelota, nos subíamos a los árboles, salíamos a andar a caballo, sobre todo los días domingos. El pueblo era chiquito, la plaza la trazó mi abuelo Rodolfo, el canal que pasa por frente de radio Malargüe, el cementerio y varias calles. Él llegó como empleado del correo, que funcionaba en la calle San Martín y Villegas, donde ahora hay una verdulería. Todos nos calefaccionábamos con estufas a leña, hasta que aparecieron las estufas a kerosene, hasta cocinas a kerosene hubo”.

“Falucho” Alonso era camionero, aunque antes fue chofer de la primera ambulancia que llegó a Malargüe.

“El hospital estaba en la calle Batallón Nueva Creación, a media cuadra de la avenida San Martín. En esa época él trabajaba con doña Trinidad González, doña Casiana Cabeza y doña Elena Varas era la lavandera. Mi papá trabajó también en mina Car, La valenciana y en Mina Ethel, transportando manganeso. Mientras hacía ese trabajo me enseñó a manejar a mí. Me acuerdo que era un camión Bedford, debo haber tenido 12-13 años. En mina Ethel trabaja mucha gente, Germán Vergara era el encargado. En la base de la mina era como un pueblito y había de todo. La Tomasa Vergara tenía una despensita y les cocinaba a los obreros. De la zona de Curicó (Chile) llegaron familias enteras como los Concha, los Araya, Torres, Aguilar. Mi papá tocaba la guitarra y cantaba muy lindo. Tengo una anécdota de eso, resulta que mientras era chofer de la ambulancia va a Ranquil Norte con un médico a buscar a un niño que estaba muy enfermo. Cuando llegaron el niñito había muerto y lo estaban velando sentado en una sillita. Como se acostumbraba a cantarles a los niños pequeños cuando se morían mi papá se quedó allá y mandó al médico, que apenas sabía manejar en la ambulancia hasta Malargüe (risas). Otra anécdota que él me contó sucedió cuando tuvo que ir a buscar a un hombre a la zona de Los Molles. El paciente estaba con gangrena y lo tuvo que trasladar a San Rafael. Esta persona falleció en el camino y él lo llevó a la morgue del hospital Schestacow. Después de esperar un rato que le hicieran la autopsia, se lo entregaron y se vino. Cuando llegó acá se dieron cuenta que le habían entregado otro cuerpo y no el del hombre de Los Molles. Tuvo que salir de nuevo con el muerto a San Rafael, cuando llegó allá se encontró con revuelo tremendo por parte de los familiares del esa persona”, mencionó “Negrita”.

Sobre la etapa de la juventud recordó “todos nos conocíamos, era una juventud muy sana. Cantábamos, teníamos un grupo de folklore y bailábamos en la plaza. Los ensayos los hacíamos en la escuela Rufino Ortega, en el salón donde ahora sesionan los concejales. Las fiestas patrias se festejaban con toda la gente, bailábamos el Pericón nacional y había destrezas criollas”.

Fue parte de la primera camada de jóvenes que comenzaron a estudiar en el Instituto Secundario Malargüe, que lo hicieron en un salón del señor Blas Flores en calle Beltrán, entre Av. San Martín y Puebla, costado norte. Luego vivió en tiempo en San Rafael, junto a su abuela, por razones de estudio. A los 15 años regresó a Malargüe.

“A los 18 años empecé a trabajar en el hospital como enfermera, empecé en el Centro materno infantil número 14, frente a la plaza San Martín. Después me trasladaron al hospital, renuncié para dedicarme a criar a mis hijos y me dediqué a la costura” agregó la mujer.

Se casó, en 1964, con Domingo Enrique Gironi (fallecido) con quien tuvo cinco hijos: Susana, Adriana, Enrique (Coco), Jorge y Sebastián. Tiene 10 nietos vivos, uno fallecido y tres bisnietas, “una viene en camino, aunque no se sabe si es niña o niño”.

“A mi marido lo conocí por intermedio de una amiga, cuando íbamos a los bailes del club San Lorenzo, que funcionaba en la calle San Martín, cerquita de la Roca, donde ahora hay un local que tiene villares. José Rasso era el encargado de ese local. Mi esposo era gendarme, después renunció y entró a la Dirección de Bosques. Un tiempo vivimos en Chile, allá nació mi hijo Jorge. Fue la época del golpe militar del año ´73, pudimos salir gracias a un salvoconducto que nos consiguió un carabinero. Cuando volvimos mi marido ingresó a trabajar como radio operador en el Banco de Mendoza” expresó la mujer.

La familia vivió un tiempo en el departamento de Las Heras y luego adquirió la vivienda donde hoy Susana reside en Av. Rufino Ortega y Torres, que anterior mente había sido la sede de la escuela Luis Pasteur.

Negrita, tras quedar viuda, vivió algún tiempo en Talca y posteriormente volvió a nuestro departamento.

“Ahora me dedico a paseas, coser, disfrutar de la familia y de dar una mano a quien uno puede” dijo “Negrita” al concluir una extensa charla para esta publicación.



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