HISTORIA DE VIDA


Edición Número 260 del 1º de Setiembre de 2019

EMA ABURTO
EMA ABURTO
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

Llegué a la casa de doña Ema Aburto, en el barrio Virgen de los vientos, un día lunes, al promediar la mañana para coordinar un horario para hacer la entrevista de esta historia de vida. Ella que estaba terminando de darles de comer a sus gallinas me dijo –Que va andar yendo y viendo, pase ahora mismo hablamos, si andando bien con Dios el santo es inquilino, así decía mi papá- Inmediatamente me hizo pasar a la cocina, puso el agua para el mate y empezamos a conversar. Cuando le pregunte por el lugar donde nació me dijo “nací allá por Calmuco, de la laguna Blanca al otro ladito, el 20 de octubre de 1933, pero me registraron en 1934”.

Carmen Carrasco y José Heriberto Aburto, los dos eran de origen chileno, más precisamente de Linares. El matrimonio tuvo 11 hijos.

“Tuve una niñez muy linda en el campo, con mis padres y mis hermanos. Mi papá era puestero, tuvimos veranadas como en tres o cuatro partes. Íbamos a las salinas Cabeza de vaca, cerca del Paso Pehuenche, me acuerdo que ahí sufrimos mucho porque una vez , en pleno mes de enero, se nos vino una nevada que se nos entumieron casi todas las chivas y los ranchitos que teníamos eran muy precarios, nosotros, los hermanos, éramos casi todos chicos y pasamos muchísimo frío. Mi papá se acobardó de ir a esa veranada y buscó otra para el lado de La Crianza, pasando Barrancas en Neuquén. Del puesto que teníamos hasta la veranada tardábamos como ocho días arreando. Cuando estábamos cerca del Pehuenche mi papá iba a visitar a un hermano de la mamá que vivía en Curillinque. Mi tío traía cargas de harina, azúcar y otras cosas y el papá le entregaba charque. Cuando íbamos a la veranada llevábamos hasta el gato, las gallinas, era como hacer un cambio de casa, nada más que todo se llevaba a caballo” me contó casi de corrido doña Ema.

Más adelante siguió hablando de las costumbres de su hogar paterno y dijo “en mi casa éramos todas cantoras, mi mamá nos enseñó. Su mamá era muy buena tocando el arpa, mi abuelita era india purita, se llamaba María Sobarzo y el abuelito tocaba la guitarra. Por parte de mi papá también, su mamá fue doña Ismenia González, una partera muy reconocida en Bardas Blancas. Las canciones nos las aprendíamos de memoria, de solo escuchar a las cantoras que había por aquellos lados. Mi hermana Pascuala, que ya murió, fue muy buena cantora.Como a los siete u ocho años mi mamá me prestó a una mujer, que se llamaba Berta Gómez, trabajaba en el hotel de Calmuco, para que le hiciera compañía, ella era soltera, grande, solterona le decían antes. El hotel que había en Calmuco era muy lindo, estaba cerca de una vega, ahí también funcionó el registro civil. La escuelita de Calmuco, donde yo pude ir un tiempo, funcionaba en unas casas que pertenecían a vialidad nacional, que todavía están, son las únicas que hay porque el hotel se vino abajo. A los nueve años me fui a Mendoza a acompañar a una señora que era viuda, se llamaba Elena Bufatti y vivía en la calle Roca, en la Quinta Sección, cerca de los portones del parque General San Martín.La pasaba muy bien porque ni cocinaba porque la señora pedía la vianda, estaba regaladita (risas). Dos veces al año venía a ver a mi familia, en el verano los meses de enero y febrero me iba con mi papá a la veranada”.

Al venirse de la ciudad Capital fue a vivir a Ranquil Norte donde tuvo que acompañar a sus hermanos menores que estaban en la escuela del lugar y extrañaban a su familia. Fue ayudante de cocina en el establecimiento escolar, siendo cocinera la señora Marta Correa.

En la casa de sus padres se festejaba cada 16 de julio el día de la Virgen del Carmen y ella les legó luego a los suyos la fe católica.

EMA ABURTO


Se casó con Abel Riquelme, hijo de la tejedora Etelvina Rojas y Juan Francisco Riquelme, con quien tuvo siete hijos: Rosa, Mercedes, Carmen, Margarita, Eva, Manuel y Abel, además de otros tres “del corazón”, Juan José Riquelme, Estela Riquelme y Alfonzo González.

Los primeros años de matrimonio transcurrieron en Laguna Blanca, Calmuco, y luego se trasladaron a estancia Las Chacras, en ese momento propiedad del chileno Ramón Lafuente, instalándose más precisamente en Carilauquén.

“Mi viejo fue nutriero, tenía que cazar las nutrias y le sacaba la piel, que en ese tiempo era muy apreciada para hacer tapados para las mujeres. Después pasó a ser ovejero de don Ramón Lafuente, tenía que cuidarle las ovejas. Don Ramón fue una persona muy buena con nosotros. En la época de las esquilas yo era cocinera, sabían ir más de 50 hombres a esquilar, todo se hacía a tijera. Se hacían unos fardos de lana grandes, usando una prensa” relató después.

Al vender Lafuente el establecimiento agro-ganadero la familia Riquelme se trasladó a La Salina del Diamante, más precisamente al campo de la familia Chavanne. Los traslados a nuestra ciudad los hacían en el tren de pasajeros que entonces unía la zona. Años después vivió algún tiempo en El Fortín, más tarde en arroyo Loncoche hasta que finalmente se estableció en sobre el río Malargüe, al oeste del dique Blas Brísoli y levantó una vivienda precaria en el actual barrio Virgen del Carmen, lugar donde reside actualmente doña Ema.

Al retomar el relato agregó “cuando llegamos aquí vivimos en una carpa hasta que mi viejo hizo la primera casita. Todo esto era un jarillal. La pared no sé cuántos centímetros tiene de ancho, parece un fortín (risas). Esta casa la hicimos para que yo pudiera estar con los chicos que ya habían empezado la escuela, porque hasta ese entonces los tenía que dejar en la casa de mi suegra o de algún pariente. Cuando llegamos a este lugar había muy poca gente, me acuerdo que estaba don Evaristo Leguizamón, doña Francisca Martínez y don Samuel González y su esposa, doña María Ávila, que fueron padrinos de mis dos hijos menores. Este barrio se llama Virgen del Carmen por mi mamá, porque la primera vez que andaba misionando por acá la virgencita llegó a la casa de mi mamá, la trajo doña Mercedes de Pérez, nadie la quería recibir pero mi mamá no tuvo ningún problema, por eso decidieron ponerle así a este barrio. La primera monjita que empezó a misionar por este barrio se llamaba Hermana María del Pilar y después vino mucho tiempo la Hermana Lidia (Cejas), hacíamos Misa donde ahora está el centro de salud, que por entonces era una piecita. Otra cosa que le quería contar es que desde el primer año que mis chicos empezaron a ir a la escuela (Sargento Baigorria) nosotros fuimos de la cooperadora, en esa época el director era don Sáez y también daban clases el maestro Julio Mercado (recientemente fallecido, ver su historia de vida en Ser y Hacer de Malargüe Edición Nro. 24 del 1º de setiembre de 2009), Amala Host, Mabel Fernández de Romero, Mirta Carrizo. La escuela funcionaba en una casa del barrio Grassi, te tuvieron que poner casillas de la cantidad que chicos que iban, después hicieron el edificio donde funciona ahí. Cuando nosotros llegamos a Las Chacras esta escuela funcionaba ahí. Para recaudar fondos hacíamos carreras de caballos al ladito del río Malargüe, también vendíamos pasteles en la Calle Ancha (Rufino Ortega), choripanes, cazuela, asado, bodegón le decíamos nosotros a esos puestos de comida, ahora le gente le dice quincho. El maestro Mercado siempre estaba en la comisión y era muy colaborador en todo. Trabajé también en la escuela de cocinera”.



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