Edición Número 67 del 15 de Julio de 2011

ARMANDO CORREA, POLICÍA DE RANQUIL NORTE

Por Eduardo Araujo

Armando Correa
Nació el 17 de abril de 1929, en El Batro, distrito de Río Barrancas, hijo de Miguel Correa (oriundo de El Batro, hijo de Juan Bautista Correa quien era de nacionalidad chilena) y de Carlina Moyano (originaria de Río Grande), quienes además de él tuvieron 11 hijos, dos de ellos murieron pequeños.

Su abuelo fue el primer puestero de ese paraje sureño, recostado en la margen norte del río Barrancas, que tiene un microclima especial donde se puede sembrar cualquier tipo de verdura, se dan los más variados frutales y el agua no escasea. Años más tarde llegaría Ciro Maza, reconocido comisario inspector que tenía a su cargo el destacamento policial que existía en el lugar. Allí también funcionaba el registro civil de la zona sur, cuando Ranquil Norte no existía como pueblo.

Se crio junto a sus hermanos: Olga, Orlando (fallecido), Carlina (fallecida), Luis, Miguel Ángel (fallecido), María Mercedes (fallecido) , Aminta, Eliana y Samuel, primos y amigos de las familias que rodeaban el puesto familiar.

Desde niño supo lo que era la faena del hombre de campo. Sus primeras letras las aprendió del recordado maestro itinerante José María Domínguez, que recorría El Manzano, Calmuco, Ranquil, llevando en mulas cargueras el mobiliario escolar. Luego continuó sus estudios en Linares, Chile, donde sus padres lo llevaban, por Paso El Melao, en marzo y lo iban a buscar en diciembre. Esos viajes se aprovechaban además para vender charqui de cabra (que en algunas ocasiones se vendía por carne de oveja), grasa (que se llevaba preparaba en un envoltorio realizado con las panzas de las chivas faenadas), animales en pie, cueros y surtirse de víveres.

"Cuando llegué a Chile me pusieron en un grado, creo que en tercero, y la maestra dijo que podía pasar a cuarto porque estaba muy bien con los estudios, así que en un año hice dos, eso se debió a que el maestro Domínguez era muy bueno enseñando. El maestro era una persona muy buena, como de 40 años, de muy buen físico, enseñaba y se preocupaba mucho por los niños. El mismo maestro llevaba los cuadernos y los lápices para nosotros. La escuelita estaba en un ranchito que hicieron arreglar cerca de lo de Ciro Maza, nos daban la comida y todo. Algunos niños estaban internados ahí. Las sillitas y los banquitos los llevaba el maestro en las mulitas cargueras que tenía" nos dice al repasar su infancia.

Cuando Armando era aún pequeño Los Correas tenían veranada en Varvarco, por entonces territorio nacional del Neuquén, años más tarde lo harían en Puerta de Barrancas, ya que se prohibió el paso a la actual vecina provincia.

Recuerda con nostalgia que al construirse la ruta nacional 40 y erigirse Ranquíl Norte, sobre la base del campamento de la empresa Omatic que la realizó, El Batro perdió protagonismo al trasladarse la dependencia policial y del Registro Civil al paraje que hoy es la cabecera del distrito sureño, que hoy tiene centro de salud, escuela primaria y secundaria, energía eléctrica las 24 horas y un venturoso porvenir.

Armando y Encarnación el día de su casamiento y enla actualidad

Armando y Encarnación el día de su casamiento y enla actualidad


De joven trabajaba junto a sus hermanos en el puesto familiar cuidando animales. Supo ser jinete de caballos de carrera que Él mismo preparaba.

Años más tarde ingresó a la policía de Mendoza. "Una vuelta andábamos con un comisario en Puerta de Barrancas. Había una carrera entre una yegua de un hermano mío, Orlando, y un caballo de Malargüe. Mi hermano me pidió que le corriera la yegua, yo le dije que no tenía problema pero que hablara con el oficial para que me dejara correr. él habló con el comisario y le dijo que no tenía problemas. Ahí nomás me saqué la ropita de policía y me puse una de civil, corrí y ganamos, mi hermano y todos los de por allá se pusieron muy contentos, pero los malargüinos como quedaron calentitos vinieron a denunciarme a la Comisaría. ¡6 días de arresto me pusieron! (Risas)…Fueron los únicos que me aplicaron en toda la carrera policial (más risas)."

Eran años donde el personal policial se movilizaba por la zona rural a caballo. "Mi jefe era don Ciro Maza, en tres oportunidades me mandó a buscar caballos de la repartición a Malargüe para que tuviera el personal de Ranquil. Salíamos de Ranquil y llegábamos hasta Chachahuén (zona este del departamento). Tardábamos 15 o 20 días en las recorridas por el campo. Nosotros cumplimentábamos con las cédulas del servicio militar, los nombramientos para las mesas. Dormíamos donde se nos hacía la noche, buscábamos un monte para protegernos un poco del viento y alojábamos".

Seguidamente comentó la siguiente anécdota. "Una vuelta estaba de franco en Ranquil cuando me llamó el comisario Ciro Maza con el agente Rodríguez. Me dice -Armando querés que vayamos a buscar un muerto que dicen que hay por El Payén- yo le respondí que no tenía problemas. Nos subimos a una camioneta de una empresa de donde habían venido hacer la denuncia y nos fuimos. Llegamos al lugar, al lado de un monte, efectivamente, había un cadáver vestido, con un birrete caído sobre los ojos. Lo quedamos mirando y observé que entre las piernas salía como una colita de guanaco. En eso el comisario Maza me dice -¿Te parece que es un ser humano?- Le respondí, para mi no. Cuando lo empezamos a mover, comprobamos que era un guanaco muerto, que lo habían vestido como a una persona (risas). Lo habían vestido como a una persona, tenía lentes, una campera bien abrochada, guantes, pantalones y todo (más risas). El ingeniero que hizo la denuncia después nos pedía disculpas por no haberse dado cuenta que era un guanaco revestido."

Armando Correa sigue trayendo recuerdos a su memoria, en este caso relacionada con un hombre de apellido Sosa que supo ser famoso en la zona sur por apropiarse del ganado ajeno. "En una oportunidad lo fuimos a buscar a un campamento donde estaba. El había dicho que no se iba a entregar más y que le pegaría un tiro al policía que lo quisiera detener. Llegué a donde estaba y le dije que me acompañara, buscó el animal en el que andaba, me acerqué y le saqué el revolver que andaba trayendo en las alforjas, entonces le pregunté si era de él arma y me dijo que sí, pero que no pensaba usarla conmigo (risas). Yo le tiré las balas del revolver, y me lo traje detenido a Ranquil. Yo nunca metí a un delincuente al calabozo, al que traía preso lo dejaba en el destacamento y después le daba de comer en mi casa."

Como esta tiene otras historias que se vuelven imposible publicar por falta de espacio, pero todas ellas tienen como común denominador el finalizar con una sonrisa del protagonista, que busca con ello desdramatizar los relatos más duros.

Está casado desde hace 59 años con Encarnación Moyano a quien conoció en Agua de Pérez, en proximidades de El Payén. El casamiento se realizó en Río Barrancas, después de un día de festejo en El Batro, emprendieron marcha, "como en una especie de procesión de a caballo", junto a amigos y familiares al puesto de la familia de la novia donde hubo otros tres días de fiesta. "Una semana estuvimos de farra" dice mientras intercambia una mirada cómplice con su esposa. Establecieron el hogar en El Batro. Posteriormente habitaron en Ranquil Norte y actualmente lo hacen en barrio Parque. Tiene siete hijos: Elena, Alberto, Bernabé, Nicanor, Jaime, Ada y Néstor; 16 nietos y tres bisnietos.

Desde que se jubiló en 1984 ha pasado sus días entre la ciudad de Malargüe y Ranquil Norte, paraje donde tiene una propiedad y campo.

Eduardo Araujo Eduardo Araujo




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