HISTORIA DE VIDA
GREGORIO ARMANDO CARDOZO
GREGORIO ARMANDO CARDOZO
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

Decálogo del gendarme argentino
1. Tengo el honor de ser Gendarme.
2. Soy correcto porque el ejercicio de mi función debe ser irreprochable.
3. Soy enérgico para no ceder en mi cumplimiento de mi responsabilidad.
4. Soy disciplinado porque en la disciplina está fundado el orden y el respeto mutuo.
5. Soy leal, porque sin lealtad no hay hombre de bien.
6. Soy cuidadoso de mis armas y de mi equipo, porque ellas son patrimonio de la Nación confiado a mí.
7. Soy constante centinela para velar por la soberanía nacional, proteger la democracia el cumplimiento de sus leyes y defender los derechos de todas las personas.
8. Soy presencia viva en toda la geografía del territorio patrio y en cualquier lugar del mundo en misión de paz, y mi mayor satisfacción es el deber cumplido.
9. Soy patria, ley y derecho.
10. Soy un Gendarme, es decir, soy persona de bien.

Comenzamos esta historia de vida con este Decálogo porque su protagonista, Gregorio Armando Cardozo, es el decano de los gendarmes retirados que en estos momentos vive en Malargüe, ha cumplido y sigue cumpliendo esas reglas “al pie de la letra”.
Cardozo nació el 28 de noviembre de 1934, en Alvear, Corrientes. Alvear se ubicada en el este de la provincia mesopotámica, es capital del departamento General Alvear, en la desembocadura del arroyo Aguapey, a orillas del río Uruguay, que la separa de la ciudad brasileña de Itaquí , con la que está estrechamente relacionada.
María Alicia Reyes y Bernabé Cardozo fueron los padres de Gregorio Armando, quienes también trajeron al mundo a Fortunata, Faustino (Tino), Francisca y Osvaldo (fallecido).
“Me crié en un pueblito de frontera, era un pueblo chico que ahora se extendió (Cuenta con 6.732 habitantes, según el último censo poblacional). Tenía mucho movimiento por el paso a Brasil. Mi pueblo está separado de la ciudad de La Cruz por arroyo Aguapey, que es tan profundo que la persona que cae ahí y no sabe nadar se muere, no hay explayado como en un río. El que cae hace de cuenta que cae a un pozo. La gente se dedica a la ganadería. Mi padre trabajaba en la Prefectura Naval. Estuve en mi pueblo natal hasta el año 1956 que viaje a Buenos Aires para incorporarme a la Gendarmería, antes había hecho el servicio militar en Alvear, Corrientes, porque había un Destacamento de exploración de caballería del Ejército”, relató don Gregorio al inicio de una agradable charla que mantuvimos en su hogar en una tibia mañana de julio.
Inmediatamente agregó “ingresé a la Gendarmería (fuerza de seguridad que el pasado 28 de julio cumplió 79 años de vida) porque desde chiquito me gustó, siendo que podría haber ingresado a la Prefectura, por el trabajo de mi padre. Sin embargo me gustaba la Gendarmería porque veía a los gendarmes con mucha actitud de mandato, de bien sentados”.
Prestando servicios en Buenos Aires, a su jefe, el Comandante Castelli, le salió el pase a nuestro departamento y entonces él le planteó la posibilidad de también trasladarse.
Recordando ese momento dijo “mi Comandante me dijo ´¿Vos sabés donde voy yo? Mirá que allá hay mucho hielo, es frío, nieva mucho´, a lo que le respondí –Mi Comandante tendremos ponchos para abrigarnos (risas), yo me quiero ir y me quiero ir- Él me ayudó a gestionar mi pase y aquí estoy, desde marzo de 1963, dándole gracias a Dios, que me ha salvado de tantas. En Buenos Aires me había cansado de la vida que en ese momento se llevaba con tantos acuartelamientos y las divisiones entre los azules, los rojos y qué se yo cuántos más, huelgas en frigoríficos…estaba cansado. Cuando llegué ya estaban construídos los barrios de los oficiales y de los suboficiales, que son las casitas de madera que están al oeste de la plaza de armas del escuadrón 29. Aquí alquilé una casa en calle Emilio Civit y Cmte. Salas, ya venía casado y con mi hijita (Ana Alicia) que todavía no cumplía los dos añitos”.
Don Gregorio se había casado en Buenos Aires con Clotilde Petrona Ponce, mendocina, que por esas cosas de Dios conoció en aquel lugar.
Llegaron aquí sin conocer el pago, sólo por referencias de un amigo, el Sarg. Montiel quien había prestado servicios en el Escuadrón 29.
Su trabajo dentro de la unidad fue el de administrativo, básicamente todo lo relacionado con el personal, aunque también tenía que realizar guardias y estar presto para los requerimientos de la Gendarmería.
“En Malargüe encontré la paz que yo quería, nevaba, hacía mucho frío, los vientos eran fuertes, tal vez no teníamos todo las cosas que hay en las grandes ciudades pero estábamos bien. Gracias a Dios me encontré un gran grupo de camaradas que nos hicieron sentir parte de sus familias y me guiaron en el trabajo. Entrábamos temprano, teníamos formación, se izaba la bandera, pasaban lista y cada uno se iba a su lugar de trabajo. Éramos como 500 gendarmes, ya estaban dispuestas las secciones de Poti Malal, El Alambrado, El Sosneado y Valle Hermoso, en la época de verano teníamos los grupos en distintos lugares de la cordillera y se hacían muchos patrullajes. Además, teníamos a cargo la seguridad de la Comisión Nacional de Energía Atómica donde teníamos que ir a hacer guardias. La mercadería para el consumo de nuestras familias la comprábamos en la proveeduría que había en el Escuadrón, que estaba a cargo de Castón”, puntualizó más adelante.
Luego dijo “la Gendarmería estaba muy integrada con la gente de Malargüe, sin que perdiera su razón de ser. Se prestaban muchos servicios a las escuelas y a la gente que necesitaba, sobre todo cuando nevaba mucho y los pobladores se quedaban aislados. Los gendarmes patrullaban permanentemente la cordillera por el tema del contrabando, sobre todo de animales, se entregaban guías, iban a ver a los puesteros a las veranadas por si necesitaban algo. El Escuadrón tenía muy buenos cabalgares para hacer esos trabajos”.
Durante el conflicto con la hermana república de Chile por el canal de Beagle Cardozo fue destinado a la sección Poti Malal.
“Ese tiempo fue difícil, no tanto para uno que estaba dispuesto a cumplir con su deber con la Patria, sino para la familia que lo vivía con mucha angustia, los gendarmes estábamos unidos y preparados para lo que nos tocara vivir. Gracias a Dios, todo se solucionó pacíficamente porque intervino el Papa Juan Pablo II y el Cardenal Samoré” puntualizó don Gregorio.
El hombre dejó la fuerza en el año 1983, con el grado de Subof, Principal. Mientras su hija cursó estudios superiores toda la familia se trasladó a la ciudad de San Rafael y luego, al recibirse Ana Alicia, regresaron a la vivienda propia que tienen en Av. General Roca, entre Uriburu y Emilio Civit, en la misma manzana donde se establecieron por primera vez en nuestra ciudad.
Su esposa falleció hace algunos años, hoy vive con su hija. Es un hombre profundamente creyente, sereno, servicial, como dice el punto 10 del Decálogo con el que comenzamos esta historia de vida, es “un Gendarme, es decir, una persona de bien”.
OTRAS DE LA SECCIÓN HISTORIA DE VIDA

Periódico Ser y Hacer de Malargüe
Redacción y administración: Cacique Millanquín 1074 Malargüe, Mendoza -Tel. Prensa: 54 260 15 4570011. Publicidad: 54 260 15 4316571- Dirección: Téc. Sup. en Periodismo: José Eduardo Araujo. Diagramación y Armado: Verónica Bunsters. Periodistas: José Eduardo Araujo - Pamela Rodríguez. Web Master: Téc. Sup. en Inf. David Zaragoza.