Edición Número 212 del 1º de Setiembre de 2017

CARMELITA Y AURELIA OSES
CARMELITA Y AURELIA OSES
Esta historia de vida nos hablará de los valores enraizados en una familia para servir a un miembro que no puede valerse por sí mismo. Es la historia de Nélida “Carmelita” Oses.

Carmelita nació el 01 de setiembre de hace 57 años en el hogar que habían constituido Rogelio Oses y Bristela Ibarra, en el puesto Los Ranchitos, a la vera de la hoy ruta provincial 222, camino a Los Molles. El matrimonio trajo al mundo, además de Carmelita, a Aurelia y Argentino, que hoy reside en la zona de La Junta. Aurelia nació el 10 de julio de 1947.
Don Rogelio se dedicaba a la crianza de animales, como peón de campo.”Vivíamos en casitas de piedras, siempre estuvimos mal de chicos. Yo fui a la escuela por algunos periodos muy cortos, porque había una escuela en mina Los Castaños y me sabían mandar. La maestra era la señora Julia de Masramón, una excelencia dando clases. En la mina había un campamento con varias casillas donde vivían muchas familias, también estaban los talleres y las gamelas (comedores) donde el personal que trabaja comía. En esa mina se explotó el polvorín y murieron nueve personas, fue una tragedia para Malargüe. De esa mina se sacaba mucho carbón. Mi papá subía de veranada a Los Molles, al lado del Pozo de las ánimas, yo tenía que trabajar con las chivas, pero el también cuidaba ovejas, vacas…Cuando tenía un año me caía a las brazas y me quemé una parte de la cara, se ve que o no me trajeron al médico o me curaron mal porque todavía tengo las cicatrices de esa quemadura, me han contado que habían pasado los días y todavía tenía carboncitos pegados en el cuerpo. A los tres años nació mi hermana y al poco tiempo tuvo una enfermedad que la dejó sin poder caminar, algunas personas me han contado que pudo tener una meningitis o una parálisis, que la trajeron al médico y estuvo mucho tiempo internada pero nunca pudo caminar”, expresó Aurelia.
Seguidamente agregó “siendo muy chiquita tuve que salir a trabajar para ayudar a mis padres, lo que pasa que en los puestos cuando se contrataba a una persona que tenía familia los patrones les daban la comida, tanta que a veces hasta se tiraba, pero no había paga, entonces para tener una cama, vestirse había que salir a trabajar afuera. Cuando fui más grandecita estuve en General Alvear trabajando con la familia de Víctor García, cuidándole la mamá, pero como no me gustó Alvear. Me trasladé a San Rafael para emplearme con la familia del Dr. Lorenzutti, uno de los primeros psiquiatras que hubo en San Rafael, una familia excelente, aprendí a trabajar, lo que era la ciudad, el respeto. Como mi mamá se enfermó me tuve que venir. Trabajé en el hotel Los Molles, cuando lo tenía la familia Teruel, hice de niñera y lavandera. En ese momento había mucho movimiento de gente, venían muchas personas del extranjero, como no estaba el camino actual a Las Leñas había se llegaba por el costado norte del río Salado. Si bien en esa época en Los Molles la gente esquiaba, la mayoría de las personas llegaban por los baños termales y el barro termal. En el verano llegaba mucha gente”.

Al tiempo regresó a la casa paterna ya que su padre se había quedado solo y ella debía cuidar de su hermana Carmelita. Para ese entonces ya tenía tres hijos: Rubén, Ruth y Roxana, cuando llegó el tiempo de enviarlos a la escuela se trasladó a nuestra ciudad. Formalizó pareja con Benito Jaque (fallecido) y con él tuvo otros tres hijos: Ángel, Horacio y Jorge, estableciéndose en barrio Los Intendentes, lugar donde reside actualmente. Don Benito tenía dos hijas Roxana y Daniela.
Aurelia tuvo que hacerse cargo de su hermana Carmelita, quién fue bautizada con “agua del socorro” porque al nacer había posibilidades que muriera. (NdR: El agua del socorro es una expresión popular que hace referencia al bautismo de emergencia, que se realiza o se debe realizar, única y exclusivamente, cuando un neonato o un bebé está en peligro real de muerte -aunque pueda que después sobreviva-, y no hay posibilidad de recurrir al sacerdote para el bautismo formal). En ese momento la llamaron “Carmelita” pero al presentarla en el registro civil le pusieron por único nombre Nélida.
“Mi hermanita desde que yo la recuerdo estuvo siempre paralítica, dependió siempre de un adulto para poder comer, ir al baño, para poder vivir, se podría decir. Siempre le gustaba ver a los chicos y que se acercaran a ella para jugar. Desde chiquita está todo el día escuchando radio, conoce a todos los locutores por la voz. Ella estaba en silla de ruedas, salíamos con ella a todas partes, hasta el festival del chivo. Carmelita demanda que a la noche me despierte dos o tres veces porque hay que darla vuelta, taparla, siempre le duelen sus huesitos, siempre usó pañales porque no tiene sensibilidad. Hace 45 años que yo la cuido. Ha estado mucho tiempo internada, gracias a Dios desde que falleció mi marido ella ha estado mejor. Su edad mental es la de una niña, por eso le gusta jugar con muñecas. Tiene muchas muñecas que le regalan. En esos años cuando era ella chica no es como ahora que a los niños se los estimula, que hay lugares para personas discapacitadas. Hasta no hace muchos años a los niños discapacitados no les hacían rehabilitaciones ni nada, más si se vivía en el campo” comentó Aurelia.
La mujer me hizo ingresar al dormitorio donde tiene su cama Carmelita, quien me recibe con una sonrisa. Escuchaba el programa que en la mañana conducen en LV 19 Marcela Moya y Eduardo “Parrandero” Coria. Me dice que siente junto a su cama, donde jugaba con una muñeca, que ya es abuela porque se la regaló la señora Julia de Masramón cuando cumplió 10 años. Con cierta dificultad para pronunciar palabras me dice: “sentate, pero no hables fuerte porque estoy escuchando a la Marcela y al Parrandero”. Le hago caso. Carmelita es la que me empieza a interrogar sobre quien soy e inmediatamente reconoce mi voz como la “del muchacho de la Mueblería San Martín”. Me cuenta que le gusta jugar con un perrito de peluche que está en su casa, que ha recibido la visita de la colega Cecilia Di Cesare en su casa y que espera que retorne. Dice que Dorys Lucero, propietaria y conductora de FM Austral es su amiga, que ella nació en Los Molles que le gustaba ver a las cabras y ovejas. También me dijo que le gusta rezar, sobre todo cuando recibe la visita de algún sacerdote o de las Hermanas de la Caridad.
Fanática de Boca Juniors dice que nadie la va hacer cambiar de club de fútbol. “En la tele lo que más me gusta es ver los partidos de Boca, los de River no porque son todos gallinas (risas)”.
Cuando Aurelia tiene que realizar algún trámite o trasladarse a otro lugar siempre hay personas dispuestas a cuidar a su hermana, es que a Carmelita “la quiere todo el mundo”, como dice su hermana.
Seguramente habrá muchas Carmelitas y otras tantas Aurelias y es bueno dar a conocer sus historias de vidas, porque son historias de un amor sin igual, de un amor que se asemeja a ese que Dios nos regala cada día.





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