Edición Número 213 del 15 de Setiembre de 2017

ERCILIA ANDRADE MOYA

Por Eduardo Araujo

ERCILIA ANDRADE MOYA
Doña Ercilia Andrade Moya nació el 29 de abril de 1930, en el seno del hogar que habían constituido doña Prosperina Moya y don José Dolores Andrade, oriundo de La Escondida, que se estableció en Carapacho hacia principios del siglo pasado, donde tuvo una numerosa familia.

“Nosotros fuimos muchos hermanos, 10 en total. Fui a una escuelita que había para los chicos de Carapacho, teníamos que ir a caballo, entonces era lo único que teníamos para trasladarnos. Yo era de andar mucho a caballo porque tenía que salir al campo a ver las chivas. Me acuerdo que una vez un caballo se espantó y me tiró al suelo. Venía ligero y al pasar por un monte el animal se asustó, corcoveó y caí de cabeza. La pobre bestia se asustó, es que detrás del monte salió un perro que estaba ahí. El golpe fue muy grande y sufrí mucho de ese golpe”, comenzó diciendo la mujer mientras compartíamos unos exquisitos mates cebados por una de sus nueras.

Luego dijo “mi mamá me enseñó a tejer al telar, al crochet, hasta ahora hago tejidos para mis nietos. Mi mamá nos enseñó a tejer, me acuerdo que me ponía al ladito de ella y a miraba como hacía las labores en el telar y así me fui entusiasmando. Con el trigo sabía hacer el mote, ñaco, que molía en unas piedras. El trigo nos lo llevaba un viejito de apellido Ruiz, también nos llevaba el azúcar, la harina y las otras mercaderías. Antes los padres les marcaban animales a los hijos para que ellos fueran teniendo un capitalito el día que fueran grandes, por eso yo de chica ya tenía unas cuantas vaquitas y algunas chivas. Cuando se murió mi mamá estuve muy enferma, no sé cómo me salvaron. Era una muchachita como de 15 años. Nosotros no éramos ricos, teníamos un capital pero no era muy grande. Ese día que falleció la mamá habíamos salido a buscar leña con una hermana Ernestina cuando vimos que un hermano nos fue a buscar a los gritos diciéndonos que volviéramos al puesto porque la mamá estaba enferma. Cuando entramos ella ya no conocía y estaba a los puros suspiros. Entonces le dije a mi hermano que fuera hasta la casa de un vecino, que se apedillaba Gentile, a busca un vehículo para traerla a Malargüe. No encontró a nadie. Se hizo la noche y cada vez estaba peor, conseguimos un coche para trasladarla pero cuando llegó a Malargüe falleció, nunca supimos qué le pasó. Mi papá ya había fallecido en un accidente que tuvo en un camión que traía lana. Resulta que estuvo en una esquila de ovejas, cargaron la lana en un camión. Se ve que habían tomado mucho, el chofer salió y volcó el camión y mi papá falleció en ese accidente. Me acuerdo que me quedó un resentimiento muy grande con don Gentile, porque de él era la lana y el camión. En mi casa teníamos poquitas ovejas, por eso la esquila no era mucha, pero en lo de Gentile se juntaba mucha gente para la esquila porque él tenía un capital muy grande, también tenía muchas vacas y otros animales. Las esquilas se hacían todas a tijeras, duraban varios y días y los corrales estaban llenos de oveja para la esquila”.

Seguidamente relató el momento en el que dejó el puesto donde había nacido para trasladarse a la entonces Villa de Malargüe: “Creo que tenía como 17 años cuando me vine a vivir a Malargüe en una casita que había por la calle de la municipalidad para abajo (hace referencia a la calle Fray Inalicán entre Amigorena y Telles Meneses) porque mis hermanas más grandes ya se habían venido. Mis hermanos quedaron en el puesto. No me gustó venirme al pueblo porque extrañaba mucho el campo, a mí gustaba salir a caballo, andar con libertad mirando el piño ¡La vida en el campo es muy linda! El pueblito era chiquito, con pocas casitas y no lindas como las que hay ahora. La calle Rufino Ortega se la llamaba la Calle Ancha y ahí se hacían las carreras de caballos. Todo se cocinaba con leña y no había mucha cerca del pueblo, había que ir a buscarla cerca de las bardas…me acuerdo cuando llegó el tren a Malargüe, fue toda una novedad, los chicos les tenían miedo. Después comenzó a salir casi todos los días el tren cargadito con frutos (cueros de vaca y chivos, además de lana) y carbón, porque entonces había mucha minería del carbón”.

Aquí conoció a quien fue su marido, Juan Antonio Gordillo, a quien observó según ella “en los malditos bailes”, a los que también calificó de “lindos”. Su esposo era policía. Tuvieron siete hijos: Alberto, Raúl, Luis, Nelson, Teresa, Mariana y Viviana. Doña Ercilia, luego de separarse del Sr. Gordillo, además crió a tres nietos: Claudio, Raúl y Alejandra. Actualmente su familia es numerosa, suma más de 90 miembros sólo entre nietos y bisnietos.

“Cuando nos casamos vivíamos en el barrio Sur (hoy Gustavo Bastías), pegadito a la escuela Gendarme Argentino. Después tuvimos un puesto, cuando me separé de mi marido me viene a vivir con mis hijos a los corrales de Rufino Ortega. Tuve que salir hacer lavaditos a mano, con una tablita, y planchados por las casas, hasta que me fui a la finca que tenía de la punta de la calle para abajo (hace referencia a la zona de Cañada Colorada, en proximidades de la planta transmisora de LV 19 Radio Malargüe). En ese lugar tuve gallinas, gansos, pavos, patos, vaquitas y hacía quesos. Los mejor de estar en la finca era que los días domingos todos mis hijos me iban a visitar con los nietos y también venía otra gente. Mientras los muchachos hacían partidos de fútbol o alguna gineteada las mujeres les preparábamos tortas fritas con macho blanco (NdR: Macho blanco, especie de dulce o jalea que se prepara con harina, agua y azúcar quemada y se derrama sobre la torta frita). Era muy linda esa época” evocó más adelante esta abuela que goza de muy buena salud.




“Gracias a Dios mis chicos me salieron muy buenos porque todos trabajan, igual las chicas. Estoy muy conforme con las nueras y los yernos que me tocaron. Ahora no paso un día sola cuando no es un nieto es otro que me viene a ver. Lo que más me gusta es festejar mi cumpleaños, porque me gusta que traigan regalos (risas). Mis hijos o los nietos se encargan de buscar el lugar y se encargan de poner la comida, antes hacía todo yo. Me gusta que hayan cantores y baile, los cumpleaños tienen que ser bien divertidos”, agregó después.

A los 87 años doña Ercilia sigue tejiendo al crochet, realiza mantas o cubre almohadones que obsequia a sus familiares o amigos. Cuando realizamos la entrevista le estaba haciendo un tejido para su médica de cabecera, la Dra. María Teresa Picas.

“Ahora que no puedo andar tanto me gusta tejer, junto lanitas y voy haciendo las labores. Le regalo este que terminé ayer para que se acuerde de mí”, me dijo cuando la charla llegaba a su final y pedía que le acercaran algunas de sus obras para el momento de hacer la fotografía.

Eduardo Araujo Eduardo Araujo




Leída: 123 veces
GALERÍA
DE FOTOS
UN SALUDO QUE DA ESPERANZAS
ALGUNAS DE FOTOS DE LA ÚLTIMA EDICION
POBLADORES RURALES SEGUIRÁN SIN RESPUESTA A SUS NECESIDADES
MALARGÜE PRESENTE EN LA FIT
OLIMPIADAS DE ESCUELAS RURALES
VERGARA:  “NOS HA FALTADO COMUNICACIÓN”
JOSÉ BARRO “seguí trabajando del lado de la gente”
CONFERENCIA SOBRE PERSPECTIVA DE GÉNERO
Periódico Ser y Hacer de Malargüe
Redacción y administración: Cacique Millanquín 1074 Malargüe, Mendoza -Tel. Prensa: 54 260 15 4570011. Publicidad: 54 260 15 4316571- Dirección: Téc. Sup. en Periodismo: José Eduardo Araujo. Diagramación y Armado: Verónica Bunsters. Periodistas: José Eduardo Araujo - Pamela Rodríguez. Web Master: Téc. Sup. en Inf. David Zaragoza.