SILVINA CAMIOLO “ LA PALABRA TAMBIÉN TIENE UN PODER CURA”
SILVINA CAMIOLO “ LA PALABRA TAMBIÉN TIENE UN PODER CURA”
“Somos una unidad, los seres humanos estamos compuestos de cuerpo, mente y espíritu. Cuando algo afecta a alguna de esas esferas tiene consecuencias en toda esa unidad. En el caso de abuso, se produce un quiebre en los tres niveles, aunque el abuso no haya sido físico o lo que la ley llama el acceso carnal. Un acoso verbal, un tocamiento, tiene un impacto en las esferas de la persona. Esto es válido tanto durante la niñez como en la juventud y en la edad adulta, lo que pasa que en la niñez los procesos son más acotados y por eso se llama situaciones traumáticas de la niñez. Un acoso siempre es un trauma, un quiebre, una ruptura” indicó la Lic. Silvina Camiolo, psicóloga, ante nuestra consulta respecto de cómo afecta un acoso sexual a un hombre o una mujer.

Acotó que es bueno que la victima hable o cuente su situación “para poder ir destrabando su trauma, para poder ir desahogándose. La palabra también tiene un poder cura. Nuestro cuerpo es un sistema que tiene que tener ingresos y egresos, nuestra mente ingresos y egresos, nuestro espíritu ingresos y egresos, lo que Freud llamó cargas y contracargas. Un sistema que ha sufrido o sufre algún trauma necesita de una vía de escape. Cuando se habla se evitan, por ejemplo, la formación de síntomas como por ejemplo esas personas que permanentemente tienen un dolor estomacal, cuando ellas se animan a contar su trauma se descargan emocionalmente y esos síntomas tienden a desaparecer”.
Al requerírsele porqué algunas víctimas de acoso sexual viven esa situación con mucha culpa respondió: “en la mayoría de los casos la culpa está presente. Socialmente hemos crecido con el ´algo habrá hecho para recibir un abuso´. Por lo general, en la niñez el niño negocia mucho con el adulto, hace una gracia si le dan una golosina, y a veces ese es el modo como el abusador se gana la confianza del chico. Entonces cuando la persona toma conciencia que ha sido abusada también recuerda que esa negociación empezó cariñosamente, que accedió a ir a una pieza de atrás…Cuando uno ve en la consulta estas cosas y se habla la persona abusada que fue parte de un juego donde el otro tenía la intensión de abusarla. En el caso de los adultos está esa marca de cómo iba vestida, habrá hecho algo, habrá dicho algo para recibir un abuso. La culpa está en la víctima y en una sociedad que permanentemente vive juzgando. Hay que trabajar mucho el tema de la culpa y ayudar a desculpabilizar para que tome las medidas que tenga que tomar, ya sean legales o personales. La víctima de abuso debe saber que al hablar del tema va a contar con herramientas para prevenir a futuro, con ella y con sus hijos, sus seres queridos”.
Con quién hablar, fue la siguiente pregunta que le hicimos, y la profesional puntualizó: “Con una persona de confianza, con un terapeuta, con un asesor espiritual, cada persona deposita su confianza donde sabe, medianamente, que va a recibir contención. Al hablarlo se dará cuenta que no está sola, que hay gente dispuesta a ayudarla, a acompañarla. Somos seres que necesitamos contar con otros. El contar una situación difícil hace que se produzca la empatía, ese ponerse en el lugar del otro, para poder caminar de otra manera, juntos, en compañerismo. Creo que los casos de acoso sexual que se denuncian son los mínimos, lamentablemente muchos quedan puertas adentro de los ambientes familiares, por ejemplo, no vas a ir más a la casa de ese tío que quiso tocarte”.
Para la ella puede haber algunas formas de prevención, la principal es la que deben realizar los padres.
“Como papás, desde muy pequeños, tenemos que enseñar a nuestros hijos las partes de su cuerpo, llamarlas por su nombre y explicarles que las partes íntimas son de ellos, que nadie las tiene que tocar, por eso es conveniente enseñarles desde chicos a higienizarse por sí mismos, por ejemplo. Todo comienza en la casa. Con los hijos también hay que generar confianza porque si no lo hacemos sentirán que no cuentan con nosotros. Esa es una manera de prevenir, pero también tenemos que dejar en claro que los perversos, los psicópatas, están en todos lados, van en un colectivo y tocan, van por la calle y provocan. No tenemos que tener vergüenza de hablar con nuestros hijos, en la medida que van comprendiendo. Si ellos no hablan con nosotros lo harán con otros, la diferencia está en que la información que demos los padres siempre será controlada, de acuerdo a nuestras pautas culturales, nuestras creencias. Educación sexual no es hablar a los 14-15 años, o sólo hacerlo de sobre relaciones sexuales porque eso es reducir la sexualidad. La educación sexual debe ser integral, partiendo desde la casa”, indicó.





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