ACOSO EN PRIMERA PERSONA “BIENVENIDA A LA ARGENTINA”
ACOSO EN PRIMERA PERSONA “BIENVENIDA A LA ARGENTINA”
Por Ana Araujo
Esta soy yo, con 19 años pensando que cuando me pasara iba a reaccionar de otra manera, que iba a decirle todo, que iba a poder defenderme, porque del acoso verbal al acoso carnal hay sólo centímetros, y claro, la quemada cabeza del loco baboso.


Iba caminando tranquila, cuando de repente me empiezan a gritar “mami que linda sos”. Sigo, y el mismo “machito” me dice “pero que linda cola que tenes, rica”. Sigo, pero cada vez lo tenía más cerca, a centímetros mío, y vuelvo a escuchar “bonita, no te hagas la difícil”. Ya no aguantaba más, mi corazón latía a mil, mis ojos llenos de lágrimas (como los tengo ahora al recordar lo que me pasó), tenía un nudo en la garganta de la bronca que tenía, de la impotencia de que la gente que estaba ahí no hacía nada al ver la situación. Vi un chico de seguridad, le conté lo que estaba pasando y me metió a un local de comidas mientras él le daba aviso a la policía. Después de unos 5 minutos llegó el oficial y otro hombre vestido de civil y me preguntaron qué me había pasado, mientras le contaba sentía una mirada fría atrás mío, me doy vuelta y lo veo al señor que me había hecho pasar ese momento horrible. Automáticamente le dije al policía que era él. Se fue a buscar al “machito”, mientras yo me quedé sin respuesta alguna. Pasó un ratito y volvieron, el policía me dijo que le termine de contar, y como pude lo hice. El oficial me preguntó si quería hacer una denuncia, pero que antes tuviese en cuenta que me iba a tener que llevar a una comisaría en donde iba a ser “más tedioso” hacer todos los papeles que quedarme callada. En el momento sólo quería volverme al departamento, entonces elegí la segunda opción, quedarme callada y no hacer la denuncia. El policía que estaba vestido de civil me acompañó hasta la parada el colectivo y mientras me iba diciendo “Bienvenida a la Argentina, esto siempre pasa, no hay que tener miedo”. Yo no le dije nada, pero me dieron ganas de responderle muchas cosas. Esto pasó hace un mes y desde entonces no hay un día en donde no me sienta insegura, hacer dos pasos y mirar para atrás, andar con gas pimienta, mandar fotos a mis amigas de cómo voy vestida, decirles por dónde voy y en cuanto más o menos tendría que llegar. Si me subo a un taxi ir hablando por teléfono con alguien, o sacar fotos de la información de taxista. No llegar más allá de las 19:00 al departamento, y salir al centro acompañada de alguien. Y así es como vivo después de lo que me pasó, y así viven muchas chicas que no sólo les gritaron y las siguieron, sino que en muchos casos terminaron manoseadas y también en otros tantos muertas.
Naturalizamos algo que no debemos, hacemos oídos sordos a algo que no está bien. Se arranca por una asquerosidad, termina quién sabe cómo. Pero mientras quienes nos tienen que cuidar nos respondan “bienvenida a la Argentina” ¡Qué podemos esperar!





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