HISTORIA DE VIDA


Edición Número 220 del 1º de Enero de 2018

PEDRO RIVERO
PEDRO RIVERO
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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Esta historia de vida está relacionada con la del número anterior cuando José Luis “choique” Ollarce, nos contó sus vivencias. Es que tanto Ollarce como Pedro Rivero fueron parte de los pioneros que nos legaron las cortinas forestales del oeste de la ciudad de Malargüe.

Pedro Rivero nació el 28 de agosto de 1936, en El Sosneado. Fueron sus padres Saturnino Rivero y Leoncia Romero. Tuvo ocho hermanos: Carolina Juana (Ver su historia de vida en Ser y Hacer Nro.54, del 15 de diciembre de 2010), Saturnino, Armando, Gabino, Jorge, Guillermo, Nilda y Corina

Realizó la escuela primaria en su localidad de origen hasta 4to. Grado, dado que para completar el ciclo primario los niños debían trasladarse a Malargüe.

“Cuando salí de la escuela mi papá, que era policía y tenía unos animalitos, me mandó al puesto a cuidarlos. El puesto se llamaba “El Corvalino”, en Coihueco Norte. Llegamos a tener unas 900 ovejas. Ahí estuve hasta el año 1963, para ese entonces ya mi papá y el resto de la familia vivían Malargüe, porque él había pedido el traslado. Después me vine a Malargüe, me casé, con la finada Elena Pérez, tuvimos dos hijos, Silvia y Guillermo”, expresó don Pedro en el inicio de su relato.

Se casó en segundas nupcias con Nora Ortíz, con quién tiene tres hijas: Soledad, Romina y Mariana.

El 15 de junio de 1964 ingresó a trabajar en la Dirección Provincial de Bosques y Parques (hoy Dirección de recursos naturales renovables), que tenía su sede en la casa de Rufino Ortega, hoy Museo Regional Malargüe.

“Atrás de la casa antigua estaban los corrales para los caballos con los que arábamos para plantar los árboles y para que tiraran el carro y un sulky, que están en exhibición en el Parque del Ayer, con el que nos trasladábamos cuando íbamos a la cortina forestal. El carro verde le decíamos al carro ese. Yo entré para hacer pozos porque se estaban trasplantando árboles. Entramos a trabajar cinco obreros, al poco tiempo se sumaron otros cinco muchachos. El jefe que teníamos era don Isidro Burzaco y el capataz don Encarnación Martínez. El vivero estaba alrededor de la casa de Rufino Ortega, hasta la calle Capdeville, donde ahora está la escuela minera también era vivero, y desde la ruta hasta todo el terreno que rodea a los corrales, donde está la escuela San José también, llegaba hasta la calle Ejército de Los Andes. Los viveros se hacían con estacas que sacábamos de las varillas. La varilla se cortaba en trozos de unos 30 centímetros de largo. Al año sacábamos ya la planta que se vendía. Todas las plantas que se ven de las primeras fincas de Malargüe salieron del vivero, también venían a buscar plantas para otros departamentos y también para otras provincias. Todo se hacía a mano. Después teníamos que trabajar en la cortina forestal que iba desde la calle Fortín Malargüe hasta la punta de calle (inmediaciones de arroyo La Bebida). Esa cortina se debe haber empezado hacer cerca del año 1960. En esa cortina había álamo blanco, ciprés, arabias, álamo criollo, 2-14. Nosotros tuvimos que replantarla porque algunas estacas habían fallado. Nos encargábamos de plantar, regar, trasplantar y cuidar todo. No habían vehículos ni tractores, todo se araba con los caballos, había como 10. Costaba muchísimo regar, tuvimos que hacer surcos con arado para ir mejorando el riego. Se ponían dos caballos para tirar un arado grande que teníamos. Nosotros trabajábamos ocho horas, al principio hacíamos turno partido, pero después se hizo horario corrido. Nos convenía trabajar de seguido porque antes demorábamos mucho en preparar los caballos para arar. Al sulky lo sabía tirar una yegua blanca que teníamos. En verano se entraba a las 06:00 y hasta las 14:00. En el medio, a eso de las 10:00-10:30 hacíamos un refrigerio, siempre pasábamos del refrigerio al asadito (risas). En esa época había más gente en Dirección de Bosques que en la municipalidad, nosotros éramos más de 20 empleados”, comentó, con lujo de detalles, don Pedro.

En 1972 con los objetivos de fomentar la forestación y también atender la demanda social producto de la gran desocupación que tenía Malargüe, se lleva a cabo la implantación de una nueva cortina forestal, que, como se dijo en el Tema Central de este número, se extendería en el triángulo comprendido por camino a Castillos de Pincheira hasta proximidades de la entonces Usina Malargüe y los límites de los actuales barrios Municipal y Los Intendentes. Al proyecto se lo denominó “Plan Forestal” y Pedro Rivero fue testigo desde los inicios.

“El gobierno dispuso hacer el Plan Forestal y nombraron al Ing. Ramón Martínez como jefe para que se hiciera. Todo el terreno era campo natural, había algarrobo, jarilla y monte. Contrataron una empresa de San Rafael, que trajo una topadora y una motoniveladora, para que se hiciera el desmonte. Mientras se desmontaba se iba haciendo el alambrado por parte de gente del vivero y otra gente que contrataron, me acuerdo había un señor de apellido Franco que era alambrador y que hizo muchos trabajos por esta zona. El alambrado se terminó de hacer casi justo con la limpieza del campo. Después se trajo una máquina para hacer lo surcos. Se dividió el terreno por cuadros, eran más de 40, para poder hacer bien los riegos. Cuando llegó el momento de plantar se trajo gente de San Rafael. Se trabajaba hasta el sábado al mediodía, a mí me tocaba ir a llevar a esa gente a San Rafael y el domingo a la tardecita la traía de vuelta, para que saliera a trabajar el lunes bien temprano. Para ese entonces teníamos una camioneta que manejaba yo. Los muchachos paraban en unas de las piezas donde ahora está el museo. Ahí, como dije también estaban las oficinas. Los escribientes eran ´Monono´ Alonso y Juan Duhovnik, que le decíamos ´Juan loco´. El Ing. Martínez era muy exigente, una muy buena persona. Cuando se echaba el agua por un surco había que ir a ver si salía bien en la otra punta. Todos los días el agua estaba puesta en distintos cuadros. En el plan forestal trajimos estacas y renuevos de El Chacay y de varias partes. El Ing. Martínez trajo un camión Skoda, que decían era de la segunda guerra mundial, que nos vino muy bien para llevar las plantas y el trabajo de nosotros. También trajo un tractor, un Jeep, después una camioneta, que manejaba yo. Cuando la municipalidad trasladó el museo a la casa histórica de Rufino Ortega, a la Dirección de Parques le hizo una casita para que funcionara la oficina, ahí también teníamos el depósito”, contó el hombre más adelante

Al jubilarse Encarnación Martínez, Pedro Rivero pasó a ser capataz y se desempeñó en el cargo hasta que en 2002 se jubiló, luego de entregar más de 38 años de su vida a la repartición estatal.

Hoy, jubilado, es “amo de casa” como se define entre risas. Dice que no quiere ir por la zona oeste de la ciudad porque le han dicho “que da lástima como está la cortina y el plan forestal”. Vive en la tranquilidad de su hogar, en barrio Parque, mientras ve crecer los árboles que ayudó a plantar en el espacio verde que se ubica frente a su domicilio. Tiene cinco nietos.
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