HISTORIA DE VIDA


Edición Número 222 del 1º de Febrero de 2018

NOLFA IRIS HIDALGO Vda. DE MANSILLA
NOLFA IRIS HIDALGO Vda. DE MANSILLA
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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El 30 de marzo de 1942 nacía en pleno campo malargüino, más precisamente en La Batra, Nolfa Iris Hidalgo, hija de Ana Julia Contreras y de Manuel Antonio Hidalgo. La suya es una historia de vida netamente relacionada con la nota que publicamos en páginas anteriores acerca de las dificultades que hoy tienen los productores ganaderos pequeños para subsistir y que los llevó a movilizarse, como nunca antes lo hicieron, días pasados.

“Mi padre era criancero, vivíamos de la venta de los animales. El puesto donde vivíamos se llamaba puesto La Batra, era un puesto precario, como cualquier puesto. Nací y me críe en el campo, fuimos seis hermanos, después falleció mamá y papá se volvió a casar y tuve otros cuatro hermanos. Mi mamá murió a la edad de 42 años y cuando el papá se volvió a casar yo ya me había casado, porque a los 18 años me casé y me fui a vivir con mi marido a Fortunoso”, indicó en el inicio de la conversación la mujer.

Inmediatamente agregó: “Mi mamá era una gran mujer, ella tuvo estudio, no como nosotros. Terminó la escuela, después se casó con papá que era empleado de policía y se dedicó al campo.Él tenía como 20 años cuando se jubiló de policía porque llevaba a un detenido muy peligroso, que le dio dos puñaladas. El papá estuvo muy mal y lo jubilaron. Cuando papá era policía mi mamá trabajaba en el Registro Civil de Malargüe, con la señora Dalila de Alonso. Vivimos muchos años en una casa que estaba frente a una barraca grande que había acá. Cuando el papá se jubiló nos volvimos a La Batra. Me recuerdo que en mi casa no eran de velar los santos, pero mi mamá era muy devota de la Virgen. Teníamos una Virgen alta, en una especie de saloncito que había en mi casa y ahí iba un padre a dar misión. Todas las tardes teníamos que rezarle a la Virgen. Por allá tampoco había médicos, el que me acuerdo que una vez llegó fue el Dr. Luskar (Francisco), nos vacunó a todos. Era jovencito y todavía tengo las señas de las vacunas que me puso. Yo tenía dos hermanos varones mayores, mi infancia no fue la de una familia de mucho dinero, ni cosa que se le parezca, pero sí muy educada, una familia que nos enseñaba muy bien a los chicos, sobre todo el respeto, que hoy en día se ha perdido. Yo no tuve mucha escuela porque antes no había cómo ir. Nosotros teníamos que ir a caballo de La Batra a Agua Botada, donde pasaban los camiones que iban a Mina Car, hacer dedo y llegar a la escuela que estaba en Portezuelo del Viento, junto al río Grande. Una escuela hermosa, era de dos pisos, tenía hasta una capillita.Nunca más he visto una escuela como esa.
Tenía dos patios, uno para el lado del río y otro para atrás, también para atrás estaban las habitaciones de los varones. Las niñas no se mezclaban en los recreos con los varones, yo veía a mis hermanos únicamente cuando comíamos. El profesor que yo tenía se llamaba Marcelo Velleta, una excelente persona, tanto él como la esposa. Ahora los chicos están 15 días en la escuela y después se van a la casa, nosotros estábamos toda la temporada, porque no había medios de movilidad. Mi mamá nos fue a ver una o dos veces mientras estuvimos en la escuela. Pero nosotros siempre fuimos felices, no nos faltó nada. Yo fui hasta segundo grado, pero me doy a entender. No culpo a mis padres por eso, porque no habían posibilidades de ir tan lejos y sin medios de movilidad, todos caminos de tierra”.

Continuando con su fluido relato dijo: “Desde que fui capaz nos hicieron trabajar, por eso ahora no estoy de acuerdo con que a los chicos no los dejen trabajar. Yo viene a conocer lo que es la plata cuando tuve 15 años, porque no nos daban el dinero, pero sí nos daban todo lo necesario. En La Batra tenía un negocio don Abdón Rasso, que tuvo muy buenos chicos. Yo, con mi mamá, aprendía a tejer, a bordar, a tejer al crochet, antes no había la comodidad que hay ahora que uno tiene todo hecho, había que comprar las telas y hacernos la ropa. Mi mamá hacía huerta y plantaba de todo, era una mujer muy inteligente. Con mis abuelos, de parte del papá, no nos visitábamos porque ellos vivían en Chile y con los de parte de mi mamá tampoco, conocí al abuelo cuando yo ya era grande y al poco tiempo falleció, también ellos vivían lejos. Yo tenía 13 años y sabía hacer el pan, les lavaba la ropa a mis hermanos mayores. Cuando me casé nunca fue un trabajo pesado ser dueña de casa porque mi mamá me enseñó todo”.

Doña Iris se casó con GamadielDalmaso Mansilla, de puesto Mansilla Fortunoso en la Payunia.

Al respecto contó: “A mi esposo lo conocí en La Batra. Él siempre pasaba porque tenía una camioneta, creo que eran unos de los pocos puesteros que tenían vehículo en esa época. En una fiesta nos pusimos de novios y después nos casamos y nos fuimos a vivir al puesto de él, desde entonces estoy ahí, ya van hacer 57 años.Llevábamos los animales a dar veranada al arroyo Ragüe, casi una semana arriando, pasando el río (Grande) a nado y nos íbamos por Mechenquil. Tuvimos ocho hijos: Daniel, Fabián, Rudy, Lito, Emilce, Mónica, Roxana y Nancy. Algunos los tuve en el campo y también ayudé en algunos partos de mis vecinas. Siempre me ayudó Dios porque no sabía nada. He hecho de partera, de peluquera, no tengo estudios pero Dios me ha llevado por buen camino siempre. Estoy orgullosa de mis ocho hijos porque me han salido buenísimos, son todos buenísimos. Dos de mis hijos trabajan en el yacimiento (NdR: hace referencia al yacimiento hidrocarfurífero Fortunoso), los demás se casaron y se vinieron a la ciudad. Los chicos no se quedan en el campo porque no les conviene, está muy malo el campo. La gente de campo la estamos pasando muy mal. Trabaja mucho y los animales no valen nada. Nosotros el año pasado pagábamos la vacuna a $ 25,00 y ahora más del doble y los animales el año pasado y este valen lo mismo. La gente del campo se está sublevando porque tiene los chivos pero no se los compra nadie. Antes si teníamos chivos los vendíamos, vendíamos la lana, los cueros, nosotros nos surtíamos de mercadería con los frutos, ahora no nos alcanza para nada. La gente del campo está desesperada, hay algunos que se han quedado con toda la crianza porque nadie se la compra. El puma y el zorro están haciendo estragos, eso es lo que no entienden. El guanaco está abarcando mucho trecho, hay mucho guanaco, tiene que haber más de 25.000 en Payunia. Yo estoy de acuerdo que se cuide la fauna, pero me parece que ya nos fuimos al otro extremo. Le están dando con todo al puestero y entonces la juventud emigra, se va. Nosotros nos quedábamos hasta que nos casábamos al lado de nuestros padres. Ahora los chicos vienen a la ciudad a hacer el secundario y ya no vuelven al campo, vuelven solo a ver a sus padres. Yo tuve que vender las cabras, soy viuda hace 20 años, y me cansaron los empleados. La familia de mi marido tiene más de 100 años en ese campo, hay cinco generaciones Mansilla que se han criado en ese campo, pero YPF nunca nos ha sabido reconocer, estamos esperando el título. YPF ha dado vuelta la tierra, han perforado por arriba de los cerros. Es un inmenso yacimiento, pero a nosotros nunca nos han reconocido nada. El gobierno por lo menos tendría que darle los títulos a la gente. Mi suegro, que se llamaba Segundo Mansilla y mi suegra fue Custodia del Carmen Prado, tenían fotos de más 100 años. Cuando yo llegué todavía no estaba el petróleo, nadie pidió permiso para entrar al campo. El petróleo nos cambió la forma de vida. Se nos murieron animales porque dejaban las piletas así nomás. Un año se nos cayeron, tengo un guardaparque de testigo, 95 animales a una pileta con petróleo. Los de YPF los hicieron tapar vivos con una máquina. Nosotros hemos andado con nieve hasta las rodillas cuidando a nuestros animales en los corrales, sacando chivos para que no se nos mueran. Nadie sabe lo que es el trabajo de una gente puestera, únicamente los puesteros sabemos lo que se sufre en el campo. No hay feriados, no hay nada.
Se tiene que trabajar con viento, con nieve, con agua, en el tiempo de parición. En el campo de nosotros hay más de 200 locaciones, han mandado abajo los cerros ¡Contaminación ni le cuento! Llegó YPF y nos cambió la vida, teníamos represas para el agua para los animales y nos sacaron todo. Ahora están un poco más cuidadosos, pero antes era un desastre. Yo le pongo un plazo, si no se hacen las cosas como se piden en 5 o 6 años se terminan los puesteros. Viniendo de mi puesto a Malargüe hay unos puestos muy lindos abandonados, la gente se está viniendo al pueblo”.

Cuando la conversación iba llegando a su fin manifestó: “Si me toca que Dios me tiene que llevar que me lleve, pero yo me voy a quedar en el puesto hasta ese momento”.

Con 19 nietos y 9 bisnietos dice, con una amplia sonrisa en sus labios “¡Soy feliz, tengo una familia hermosa, por gracias a Dios!”
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