HISTORIA DE VIDA


Edición Número 223 del 15 de Febrero de 2018

HILDA DEL CARMEN PARDO DE CASCO
HILDA DEL CARMEN PARDO DE CASCO
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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“Soy nacida en Malargüe, el 14 de julio de 1935, por lo tanto tengo 82 años y este 2018, si Dios quiere, cumpliré los 83. Cuando yo nací mi familia vivía en el campo, en cerro Mesa (hacia el oeste de Estancias La Bandera y el Chacay). Yo tenía 9 años cuando nos vinimos a Malargüe, alcancé a ver las esquilas, ahijar los chivitos, que es buscarle al chivo su madre en el corral, domas. Tenía esa edad y le ayudaba a mi mamá en todas las cosas. Un recuerdo que me ha quedado de esa etapa de mi vida es que cuando se carneaba un ternero la vaca casi toda la noche daba vueltas a la casa como buscándolo. También tengo muy presente las esquilas, iba muchísima gente y el trabajo se hacía a tijera, por cada oveja esquilada se le entregaba al hombre una ficha. Cuando se terminaba la esquila entregaban las fichas y se les pagaba por la cantidad de fichas a los esquiladores. Las esquilas eran una verdadera fiesta, se hacía mucha comida y se terminaba con un gran asado” expresó Hilda en el comienzo de una extensa conversación que mantuvimos en su hogar de barrio Parque una calurosa tarde febrero.

Sus padres fueron Ilma Quesada, de nacionalidad chilena, y Juan de Dios Pardo, a quien Hilda no conoció. Al tiempo doña Ilma formalizó pareja con el Sr. Juan Becerra. De esa unión nacieron los hermanos de Hilda: Saúl (Chulo), Raúl, Josefina, Juan y Marta Becerra.

Siguiendo con su relato Hilda expresó “cuando vinimos a Malargüe mi mamá le compró a un compadre una casa, en calle Ruibal y Esquivel Aldao. Eso me permitió ir a la escuela Rufino Ortega, mi primera maestra fue doña Olga Irma Avecilla, que era soltera, todavía no se casaba con don Gustavo Bastías. Mi segundo maestro fue el señor Asim, que era un hombre muy religioso, casi como si fuera un sacerdote, muy bueno, incluso fui premiada en la escuela por mis notas en religión. Ese maestro creó 10 mandamientos para los chicos, como portarse bien, llegar a horario a clase, estudiar las lecciones, entre otros. Ese maestro fue maestro y un verdadero guía espiritual, muy exigente, pero de manera agradable. Sus clases eran sumamente atrayentes para todos nosotros. La escuela funcionaba en el edificio que hoy ocupa el Concejo Deliberante. Recuerdo entre mis compañeros a CarimRasso, Amalia Cia, las hermanas Flores, que tenían una panadería. Malargüe era un pueblo chico, había un foquito de luz eléctrica por calle y sólo desde la entrada (Av. San Martín y Capdeville) hasta la Av. Roca. Frente a mi casa, donde ahora está el barrio docente y para atrás el Club Volante, las empresas, era todo campo. El pueblo terminaba en el canal que pasa frente a LV 19”.

Su familia tenía en su casa un bar y comedor, con algunos pensionistas.

“Yo atendía las mesas, era moza. Siempre estaba bien arreglada porque venían muchos turistas de Buenos Aires y otras provincias que iban a Bariloche, otros venían a los baños termales de Lahuen-có (Los Molles). Las termas eran muy famosas, recuerdo haber atendido a turistas de Alemania que venían por la calidad de esas aguas. Nosotros teníamos un salón grande, que estaba dividido por un biombo, donde se separaba el bar del comedor. Hubo un tiempo que tuvimos cocinero o cocinera y después mi mamá cocinaba. En ese tiempo se acostumbraba servir tres platos y el postre. Había una entrada, que podía ser tortillas, empanadas, un plato fuerte con chivito, por ejemplo, después siempre se serví sopa y después llegaba el postre. Mucha gente de campo también venía a parar a nuestra casa. Recuerdo que cuando había elecciones se llenaba de gente a comer. Las elecciones se vivían como una fiesta, toda la gente se vestía muy elegante, los hombres de traje y las mujeres se hacían vestidos especialmente para la ocasión. La verdura nos llegaba una vez a la semana, el camión llegaba bien temprano, después de haber viajado toda la noches desde San Rafael. Frente a nuestra casa estaba la panadería de Flores y a él se le compraba una parte del pan, porque mi mamá también hacía el pan casero. La soda y la bebida se le compraban al señor Dámaso Sevillano, que tenía una licorería muy grande en la avenida San Martín. Recuerdo que hacía una bebida que se le llamaba naranjada, una gaseosa que se elaboraba aquí en Malargüe.

Cuando Hilda contaba con 15 años Malargüe fue declarado departamento, bajo el nombre de General Perón. Ella fue una de las mujeres que montadas en caballos, luciendo camisas o blusas blancas, le dieron la bienvenida al gobernador Blas Brísoli y aparece en una foto típica que suele recorrer las redacciones de los diarios y periódicos cada 16 de noviembre y que se guarda en el Archivo Histórico Municipal.

“Nos invitaron a desfilar porque el día que ingresó el gobernador en un auto descubierto fue toda una fiesta para el pueblo. La calle San Martín todavía era de tierra. Malargüe se llamaba Gral. Perón y yo tengo en casa una patente de auto de cuando se identificaba a los vehículos con el nombre de los departamentos con el nombre de Gral. Perón”, expresó Hilda.

Fue candidata a reina departamental de la vendimia en 1953.

A los 16 años Hilda conoció a Dardo Argentino Casco, se pusieron de novios y antes que ella cumpliera los 18 se casaron.

Casco era entrerriano, más precisamente de Concepción del Uruguay. Llegó a Malargüe trasladado por la Gendarmería Nacional, donde era suboficial. Se casaron en febrero de 1955 en la actual capilla histórica Ntra. Sra. del Rosario. Sus padrinos fueron Márgara y José Ranco. Hubo muchos invitados a la fiesta, que se realizó bajo un encarpado en la casa de su madre, donde se presentaron dos orquesta típicas: Villarruel y Sevillano. El matrimonio tuvo dos hijas: Mirta Leonor y Márgara Marisa, que le dieron cinco nietos y cuatro bisnietos. Dardo Casco falleció en 2008.

“Mi marido, que se retiró de Gendarmería siendo Sargento Ayudante, al principio era destinado a los puestos de control en la cordillera, en una oportunidad estuvo tres meses sin bajar. Gracias a Dios tenía a mi familia cerca y también estaban las esposas de los otros compañeros de mi marido con quienes nos juntábamos. Yo sentí un respeto muy grande por mi madre, y aún lo tengo a pesar que físicamente ella ya no esté, jamás le contesté. Mi mamá era el centro de nuestra familia. Ella se casó, después que yo me casé con Dardo, con Higinio Barros. Dardo, al retirarse de Gendarmería, trabajó en la administración del hospital y también estuvo a cargo de la obra social de la Unión Obrera Metalúrgica, yo también trabajé 11 años junto a él. Éramos los encargados de entregar las órdenes, hacíamos las gestiones para los traslados de los enfermos”, agregó después la mujer.

Casco ocupó una banca en el Honorable Concejo Deliberante de Malargüe, en representación del Partido Justicialista, entre mayo de 1986 y diciembre de 1987.

Hilda aprendió corte y confección y durante muchos años hizo prendas para cumpleaños de 15, casamientos y para la familia en general.

Ha participado activamente del grupo de artesanos de Malargüe, ya que es una eximia tejedora de crochet. Su casa tiene en cada rincón alguna de sus obras de arte, que cuando la conversación va llegando a su final muestra orgullosa.

“Todo lo que se ve en mi casa con detalles de crochet está hecho por mis manos, me sé quedar hasta las 03:00 de la mañana tejiendo, es una actividad que me hace muy feliz. He sido y sigo siendo una mujer muy feliz, gracias a Dios”, concluyó Hilda mientras dejaba en su lugar un hermoso camino de mesa tejido en los últimos días.
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