HISTORIA DE VIDA


Edición Número 224 del 1º de Marzo de 2018

DRA. ANGÉLICA IRIS CARMONA DE GATICA
DRA. ANGÉLICA IRIS CARMONA DE GATICA
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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El Dr. Luis Bustos, ex profesor de Medicina Interna de la Universidad Nacional de Cuyo, alguna vez escribió sobre los galenos “Debemos ser médicos enteros y no fragmentados, pues es doloroso ver la más noble de la profesiones transformadas en el más egoísta de los oficios, que cobra una tarifa sin control y, sobre todo, sin humanidad, la que siempre es prevalente en el acto médico, ofreciendo sin alardes ni mezquindades distribuir su capacidad con amor”.

La protagonista de esta historia de vida es una mujer, médico, “entera”, que humanizó siempre su profesión, que distribuyó sus capacidades con amor, con mucho amor.

Angélica Iris Carmona nació el 20 de marzo de 1938, en su casa paterna ubicada en calle Alem de la ciudad de Mendoza. Sus padres fueron Prudencia Angélica Ríos y Juan Carmona. Tiene un hermano, cinco años mayor que ella, Juan Silvestre, ingeniero, especialista en sismos, radicado actualmente en la provincia de San Juan. Cursó la escuela primaria en la Leopoldo Zuloaga, luego hizo el secundario en la escuela normal Tomás Godoy Cruz, donde cursó un año como alumna libre. El quinto año lo cursó en el Liceo Nacional de Señoritas.

“No había muchas opciones para realizar carreras universitarias. Mi hermano se había ido a estudiar ingeniería a San Juan. Las mujeres podíamos cursar magisterio, filosofía y letras, que no me entusiasmaban. A dos cuadras de mi casa estaba la Facultad de Medicina, funcionaba en el Hospital Central de Mendoza, mis padres me apoyaron para que ingresara y lo hice. Éramos 300 alumnos y el mayor grupo de mujeres que hasta ese momento había ingresado a estudiar medicina. Egresé en 1963” nos dijo en el transcurso de una amena charla que compartimos en su domicilio de Av. San Martín de nuestra ciudad.

Mientras cursaba sus estudios universitarios se desempeñó como asistente en la maternidad José Federico Moreno del Hospital Emilio Civit de la Capital provincial. Concurrió como practicante a las guardias de los hospitales Emilio Civit, Luis Lagomaggiore y Central de la Ciudad de Mendoza. Durante ese periodo trabajó haciendo guardias en el micro hospital del Patronato de Menores.

En 1965, ya casada con el también médico Román Gatica (ver su historia de vida en periódico Ser y Hacer de Malargüe Edición Número 114 del 1º de Julio de 2013), se radican en nuestro departamento.

Así recordó ese momento “nos trajo mi papá, ya teníamos a mi hija mayor, Cristina, que tenía tres o cuatro meses. No conseguíamos vivienda, por eso nos instalamos en el Hotel de Turismo durante 40 días, estando ahí ya iba al hospital a trabajar. Estuve seis años trabajando como Médico concurrente ad-honorem, hacía guardias, consultorios…Después de los 40 días que vivimos en el hotel le alquilamos una casa al Sr. Fernando López Cuenca que es donde ahora está el local de Q Rico. En la parte de adelante había un salón que don López nos lo dividió para que yo pudiera tener mi consultorio particular. No teníamos muebles, mi mamá nos dio algunas sillas para la sala de espera. Lo único que teníamos de nuestra propiedad era el juego de dormitorio que lo habíamos comprado en cuotas. Una promesa de trabajo que me hicieron en salud pública de la nación nunca se cumplió”.

De su llegada a Malargüe tiene muchos recuerdos, uno es el siguiente: “El 23 de abril de 1965 la Villa de Malargüe amaneció con 70 centímetros de nieve. Nunca había visto esa cantidad de nieve. Estábamos en la primera habitación del hotel de Turismo, miraba hacia afuera y me decía ¿Cuándo para esto? No teníamos agua caliente y entonces la gente que trabajaba en la Comisión de Energía Atómica o en alguna empresa conseguían kerosene y nos decían: Hoy hay kerosene, entonces todos a bañarse. Un día me bañé con agua fría. Entonces, el Dr. Devedia (Julio) le ofertó a mi marido su casa para que nos fuéramos a bañar. Pero nunca dijimos nos volvemos a Mendoza. Había que ir caminando al hospital, a hacer las actividades diarias. La nieve duraba meses, porque se iba acumulando una nevada sobre el hielo de la otra. Cuando nevaba no venía el micro, ni el camión con combustible, estábamos aislados. Todos cumplíamos con los horarios de trabajo como si fuera un día de agradable temperatura. Las empleadas públicas teníamos por obligación que usar polleras. Un día de mucho frío llegué al hospital con pantalones, el Director, que era el Dr. Juin me llamó a su despacho y me llamó la atención, tuve que hacer uso de la habitación de enfermería y cambiarme para estar de pollera dentro del hospital. Nadie faltaba a la escuela, tampoco”.

El trabajo de obstetra, sin auxiliar en el momento del parto, le hizo poner a prueba todos sus conocimientos, en una época donde una importante cantidad de mujeres no se hacían los controles de embarazos.

En 1968 se creó el departamento de sanidad escolar, dependiente de la Dirección General de Escuelas, en nuestro departamento, cubriendo el cargo su esposo, y tiempo más tarde ella también pasó a formar parte de ese departamento.

“Ahí empecé a atender a los niños de todas las escuelas de Malargüe, tanto las de la Villa como las de la zona rural. Estaba el odontólogo, que era el Dr. Aguilera y yo. Nos dieron un pequeño armario, una balanza para pesar, una tabla para detectar agudeza visual, un escritorio y un banquito. Todos los chicos de primer grado eran revisados y les hacíamos una ficha. Cuando habíamos terminado con los chicos de primer grado seguíamos con los controles de salud al resto de los chicos. Algunos días atendía en la mañana y otros en la tarde. A veces iba a las escuelas a realizar las revisaciones y otras venían los alumnos a sanidad escolar, que se ubicaba donde hoy están los consultorios odontológicos de OSEP, en calle Uriburu. Paralelamente a ese trabajo seguía colaborando en el hospital y atendía mi consultorio privado. Como no teníamos personal de limpieza con el Dr. Aguilera nos encargábamos de esa tarea y hasta de comprar los elementos para hacerlo”, añadió la “Doctora Gatica”, como los malargüinos la hemos apodado desde hace años.

Guarda copia de investigaciones realizadas en niños de edad escolar que en su momento aportaron datos sumamente valiosos para diseñar planes de salud. Esos aportes también fueron considerados por las autoridades escolares cuando se decidió dar curso a la creación de la hoy escuela Dr. Juan Maurín Navarro, tarea que impulsó Violeta Aguilar. Precisamente el Dr. Maurín Navarro, profesional de la medicina social, fue profesor del matrimonio Gatica en la universidad.

A través de LV 19 Radio Malargüe difundió programas de prevención de salud, importancia de la vacunación, insistiendo en la atención primaria de la salud. Participó activamente en varias campañas de prevención e investigación en salud, como por ejemplo sobre el bocio, detectando, a finales de los años 60 casi un 30% de niños que presentaban síntomas de esta enfermedad, hoy en franca disminución a partir de la incorporación de yodo a la sal.

Fue profesora de Higiene y Educación para la salud en el Instituto Secundario Malargüe y en la Escuela Técnica Minera.

En 1980 presentó, junto a su esposo, un trabajo de investigación, en Barcelona, España, y ante 3.000 médicos de todo el mundo sobre las características de salud de los niños de Malargüe

Al crearse el Juzgado de Menores de Malargüe cubrió, por concurso, el cargo de médico del mismo. Esa labor le impidió seguir trabajando en el hospital, atender partos y dar clases.

Atendió con esmero su consultorio particular y fue socia del recordado sanatorio Malargüe.

Participó activamente en tareas comunitarias, asistió a numerosos cursos de capacitación, especialmente de gineco-obstericia, especialidad que desempeñó en su actividad privada, siendo miembro de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología y de la Sociedad de Colposcopia y Papanicolao. Se desempeñó como médico obstetra durante 22 años

Se retiró de la actividad profesional, tras 36 años ininterrumpidos de trabajo, en 1999. Durante su carrera tuvo un ansia permanente por trabajar, estudiar, investigar.

Junto a su esposo y al matrimonio Juin fueron impulsores de los sanatorios privados en nuestro departamento.

La Dra. Iris tiene cuatro hijos: Cristina, Miriam, Beatriz y César, que le han dado siete nietos.

Desde hace varios años integra el grupo “Bocadillos para el alma”, un espacio de gran amistad y de revalorización personal integrado por 12 mujeres que se reúnen dos veces a la semana.

Los fines de semana disfruta de estar en el criadero de truchas “Cuyamcó”, propiedad de su hijo César, donde elabora algunas exquisiteces y comparte con los comensales que se acercan al lugar.

La Dra. Gatica es un ejemplo de entrega profesional y personal a la comunidad, que de alguna manera reconoció cuando el pasado 16 de noviembre la Cámara de Comercio y actividades a fines la reconoció como una personalidad distinguida de Malargüe.
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