HISTORIA DE VIDA


Edición Número 226 del 1º de Abril de 2018

ROSA ELBA “POCHA” VERDUGO VDA. DE MEZA
ROSA ELBA “POCHA” VERDUGO VDA. DE MEZA
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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El 20 de febrero de 1938 nacía, en la entonces Villa de Malargüe, departamento de San Rafael, Rosa Elba Verdugo, a quien luego todos sus conocidos pasarían a llamar con el apodo de “Pocha”. Sus padres fueron Duromilia del Carmen Solorza y Alejandro Verdugo, quienes además tuvieron otros dos hijos: Luis Alberto y Hugo Argentino (fallecido). La familia habitaba una vivienda en la esquina de Fray Luis Beltrán y Rufino Ortega (lugar donde hoy se ubica Repuestos Hugo).

“Mi papá era policía, Sargento Primero. Mi infancia fue divina porque mis padres me criaron bien, yo no trabajé afuera nunca de joven. En mi casa le ayudaba en los quehaceres a mi mamá, ella fue siempre ama de casa. Ella hacía siempre el pan, cosía, lavaba, planchaba. En las casas la gente se alumbraba con chonchonas, que la hacía con una tira y grasa. En la casa había una lámpara a kerosene. Como no había agua corriente se juntaba agua de la acequia en tachos y mi mamá le ponía un aclarante. En todas las casas había huertas. Para calefaccionarse se iba a buscar leña al campo y era común que pasaran vendiendo en carros jarilla para caldear los hornos. Mis padres lo que más me enseñaron fue a respetar a todas las personas. Fui a la escuela Rufino Ortega y a la escuela de Los Molles, porque a mi papá lo mandaban varios meses como encargado del destacamento. Llegué hasta cuarto grado. Los fríos eran tan grande que cuando iba a la escuela Rufino Ortega mi mamá me daba un bracerito hecho con un tarro con manija de alambre y adentro llevaba carbones y con eso uno se calentaba. Las nevabas se juntaban una con otra y el hielo duraba semanas”, expresó “Pocha”.

Seguidamente contó acerca de esa vivencia en Los Molles.

“En esa época al papá lo mandaban en octubre al destacamento y nos íbamos todos nosotros. Allá estábamos todo el verano. A fines de abril se alquilaba un camión y nos traían. En el mismo edificio del destacamento funcionaba la escuela, que es el mismo lugar donde ahora está la escuelita (hace referencia a la escuela primaria Comandante Ramón Freire). La maestra que daba clase era Alicia Pesano, que todavía vive y que ahora está en Malargüe en la casa sus hijas (Alicia y María Inés Marianetti). Los Molles era un lugar muy turístico, llegaba mucha gente a las termas, había tres hoteles importantes uno que se llamaba Los Molles, otro que de decíamos el del Peralito, que es el Lahuen-có, que ese todavía está y el Valle Hermoso, que se destruyó. Conocí a mucha gente importante que llegó de vacaciones y yo me hice de amistad con los hijos de ellos. Estuvo el cónsul de Portugal, gente importante. Como el papá era policía llevaba un registro del libro de huéspedes de los hoteles y yo le ayuda a pasar los nombres. Yo siempre andaba a caballo. Los policías siempre estaban en la frontera, controlando que no hubiera robo de animales o contrabandos, eso lo hicieron hasta que llegó la gendarmería. Cuando mi papá se jubiló empezó a trabajar haciendo de seguridad en el banco, antes a las personas que hacían ese trabajo le decían vigilante”, contó Elba Rosa.

“Malargüe, cuando yo era chica, era un pueblito pequeño, había una casa por aquí y otra por allá. Nos conocíamos todos. Los negocios eran pocos, me acuerdo el de Abdala, Jorge Mussa, Molinero, Juri donde está el banco Nación. La sala de primeros auxilios estaba en la calle Batallón Nueva Creación, no había hospital todavía cuando yo era chica. La gente vivía de los animales y de lo que sembraba, después también estaban las minas donde trabajaban muchos hombres. Lo que más recuerdo que todo era muy sano, en la fiesta de San Pedro y San Pablo (NdR: 29 de junio) nos juntábamos muchos chicos y hacíamos fuego en la noche. Jugábamos con las amigas, las chicas Gaita, Verón y otras que después se fueron, nos hacíamos muñecas de trapos ¡Le hacía unos líos a mi mamá con la máquina de coser, le rompía las agujas! Siempre me encuentro con algunas de ellas y sabemos recordar esos tiempos tan lindos. Las fiestas patrias se celebraban con carreras, destrezas criollas y quinchos de comidas en la calle Rufino Ortega, que se le decía la Calle Ancha. Donde ahora es el boulevard era la cancha para que corrieran los caballos. Otro recuerdo que tengo es cuando Malargüe se declaró departamento que todo el pueblo salió a encontrarlo al gobernador Brísoli. Las chicas fuimos de a caballo. La San Martín era una calle de tierra, el gobernador llegó en un coche y la gente lo saludaba, fue muy lindo porque se luchó mucho para dejar de ser un distrito de San Rafael”, mencionó después.

A la edad de 20 años se casó con Noé Alberto Meza, un sanrafaelino que llegó a nuestra tierra para trabajar con su padre en un negocio de venta de alimentos y que después fue empleado de la Dirección Provincial de Vialidad.

Al respecto mencionó: “Conocía a mi marido en la cancha de vóley del Club Volantes Unidos. Mi suegro tenía un negocio y salía a vender al campo. Cuando nos casamos vivimos en la casa de mis padres. Con el tiempo mi marido compró la casa donde ahora vivo, que después modificamos (vive en Av. Rufino Ortega entre Fortín MalalHué y Cuarta División). Tuvimos siete hijos que se llaman Jorge, Miguel, Edgar, Pedro, Omar, Nora y Nelly, 21 nietos y 11 bisnietos ¡Una familia grandota! Mi esposo era maquinista en Vialidad, trabajaba mucho en el campo, se iba y estaba hasta 15-20 días allá. Falleció hace 30 años”.

Su hijo Pedro, que hoy tiene 53 años, tiene hidrocefalia (la acumulación de líquido en las cavidades de profundidad dentro del cerebro. El exceso de líquido aumenta el tamaño de los ventrículos y ejerce presión sobre el cerebro), lo que marcó la vida familiar, máxime cuando en el departamento no había disponibilidad de transporte público de pasajeros para viajar a otros puntos de la provincia como hoy se dispone.

“Tuve que viajar mucho a Mendoza y San Rafael. Yo estaba internada en Mendoza y mi marido tenía que trabajar, encargarse de los chicos acá y viajar, hasta cuando los médicos nos dijeron que lo trajéramos. Pedrito tardó cinco años en caminar, la sufrí lindo con él, pero lo pudimos sacar adelante. Ahora no puede caminar porque tuvo un problemita en una pierna, pero está muy bien”, relató más adelante.

En su casa tiene muchas obras de cerámicas realizas por sus propias manos, dado que formó parte de la escuela Municipal de Cerámica.

“Me gustaba mucho ir a cerámica, para mí era una distracción muy grande, pero la sacaron. Hicimos unos cuadros de cerámica que iban a poner en la terminal, pero después todo quedó en la nada y me dijeron que se rompieron las piezas que habíamos hecho. Nos faltaba aprender a esmaltar, pero nos sacaron todo”, comentó Pocha, mientras posaba para la foto junto a una escultura del Chavo realizada por sus propias manos.

Doña Rosa Elba, a sus 80 años, le gusta salir a realizar sus compras, pagar impuestos y servicios. Todas las semanas viaja sola a San Rafael a completar un tratamiento médico.

“Me gusta salir, hacer mis cosas, eso me mantiene bien, mientras pueda lo voy a seguir haciendo, cuando uno se queda vienen los achaques”, expresó en medio de risas cuando la conversación llegaba al final.
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