HISTORIA DE VIDA


Edición Número 227 del 15 de Abril de 2018

TAITIVA “TITO” DEL CARMEN ZÚÑIGA Vda. DE GONZÁLEZ
TAITIVA  “TITO” DEL CARMEN ZÚÑIGA Vda. DE GONZÁLEZ
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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Culmina hoy la fiesta Vuelta del Veranador en Bardas Blancas, esta historia de vida se relaciona de algún modo con ella pues su protagonista estuvo en los albores de la misma y es una mujer que sabe de veranadas, de lo que es vivir en el campo.

Hija de María Marta Zúñiga, Taitiva nació en el paraje de Chalahuén el 22 de marzo de 1939. Tuvo cinco hermanos: Alejandrino, Desiderio, Eliana, Enrique y Anita, esta última fallecida.

“Me crie en Chalahuén, en el puesto La loma alta y después mi mamá se casó y nos fuimos a PotiMalal, al puesto Culpura, cerca de Las lagunas verdes, que es donde estamos ahora. De chica trabajé mucho, le hacía todo a mi mamá, porque además de las cosas de la casa también me mandaban al campo a cuidar los animales. En mi casa había chivas, ovejas…si no había leña en la casa mi mamá me mandaba a buscar. Ensillaba un caballo y salía al cerro, de allá bajaba con una rastra de leña. Se cortaba un molle, se lo ponía abajo, como si fuera una cama y después se lo cargaba con leña seca. Se ataba la leña con el lazo, se lo ponía a cincha del caballo y se arrastraba a la casa. Mi mamá nunca me quiso mandar a la escuela y a mí me hubiera gustado ir. Crecí pensando que a mis hijos nunca le iba a negar esa posibilidad, y así lo pude hacer, con la ayuda de Dios y mucho sacrificio todos mis hijos pudieron ir a la escuela. Me acuerdo que esos años eran muy nevadores y como no teníamos a dónde ir a pasar el invierno nos quedábamos por allá. Se sufría mucho, pero uno se las arreglaba para salir adelante. Aprendí a tejer al telar mirando, sin que nadie me enseñara, me ponía hasta que sacaba las guardas combinando las lanas y los colores.”, expresó doña Tito, como cariñosamente le dicen quienes la frecuentan. Precisamente sobre nombre expresó “el mío es un nombre raro, mucha gente me dice Tito y ni sabe cómo me llamo. Como será de raro que en el Registro Civil a un hijo no le dejaron que a mi nieta se lo pusieran (risas).

Continuando con su relato agregó: “A mí me gustaba tener y cuidar mis cosas. Una vez supe de un señor que necesitaba alguien que le trabajara en su casa de Mendoza, el hombre se llamaba Canoy Letelier, y me fui con él a trabajar. Allá cuidaba a un niño que tenían y después hice todo en esa casa. Tenía 20 años. Al año me vine. Antes de irme ya estaba de novia y cuando regresé vine decidida a casarme”.

Se casó con Germán Roque González, vecino suyo en la zona de PotiMalal.

“En noviembre me vine de Mendoza y en febrero me casé, tenía 21 años.Nos casamos en El Alambrado, que era donde había Registro Civil. La fiesta la hicimos en un lugar que le llaman El Molle, donde vivía una prima hermana mía casada con Gabriel Carrasco. Fuimos de a caballo. Antes sufríamos mucho, pero también la pasábamos bien. La mercadería se venía a buscar en cargas a Bardas Blancas. Tuve 12 hijos, el mayor se llama Ernesto Tránsito, después le siguen Pablo Miguel, Roque Albino, María Marta, Adela, Blanca, Dante, Sarita, Claudio, Gabriel, Viviana y María Isabel. Tengo un montón de nietos y unos cuantos bisnietos.A los chicos los tuve en mi puesto, había una señora, que se llamaba Clementina Neira y era la partera que teníamos todas las mujeres de por allá. Gracias a Dios siempre fueron sanos, cuando alguno tenía algún dolorcito le daba tecitos, pero también me preocupaba mucho que no fueran a tomar frío, que anduvieran bien abrigaditos. En el invierno, cuando nevaba tanto, para que se les secara la ropa a los niños hacía mucho fuego y con el calorcito de las brasas se las secaba. Una vez hubo temporal muy grande, nevó durante varios días y mi viejo permanentemente se subía al techo de una casita que había hecho para bajar la nieve. Perdimos muchos animales, fue una tristeza muy grande…Para que mis hijos pudieran ir a la escuela los traía desde el puesto a Bardas Blancas, nosotros vivimos desde el puesto de Gendarmería que está sobre la ruta Chile 22 kilómetros por el arroyo PotiMalal para arriba, ahí está el puesto Las Lagunas verdes.Mi marido subía a veranada a un lugar que le llaman La Salina. Yo le ayudaba a mi marido a arriar. Todavía mis hijos van allá con los animales en el verano. Ahora no soy capaz de ir, pero antes sí”, consignó más adelante.

Cuando le pregunté cuál es el trabajo de la mujer en veranada me dijo: “el trabajo empieza unos cuantos días antes que se suba con el arreo, porque hay que ir preparando todo lo que se va llevar a la veranada. Iba separando las cositas que teníamos que llevar y después las poníamos en las cargas sobre las mulas. Cuando los chicos estaban en la escuela, a veces, subía con mi marido, dejaba todo arregladito en la veranada y me volvía sola hasta Bardas Blancas a buscar los niños. Ahora tengo casita en Bardas, pero antes tenía que conseguir dónde quedarme. Cuando los chicos terminaban la escuela nos íbamos todos a la veranada. Cuando no estaba la escuela con internado yo tenía que venirme con ellos. Pedro Ruiz nos pasaba una casita que está sobre la ruta, donde hay un campamento de las empresas que hacen la ruta. Después hicieron la escuela con internado y eso nos ayudó porque yo podía ayudarle a mi marido con el trabajo de los animales en el puesto o en la veranada.Como él se llamaba Roque velaba a San Roque todos los 15 de agosto ¡La cantidad de gente que nos llegaba! Nosotros hacíamos la comida, que arrollados, milanesas, pasteles, pan dulce, tabletas. Mi marido era cantor y después aprendieron mis hijos. Estuvimos más de 50 años juntos, hasta que él falleció. Ahora los muchachos tienen ala invernada en El Carrizalito y yo mi casita en Bardas Blancas, pero a mí me gusta estar en Las lagunas verdes”.

En el lugar donde su familia lleva los animales en busca de mejores pasturas se realiza anualmente la velada de Virgen de Lourdes, que es organizada por la parroquia Ntra. Sra. del Rosario.

“Con mi viejo le hicimos a la virgen el nichito en el corral Urrutiano, donde la gente de las veranadas se junta para el día de la Virgen de Lourdes (11 de febrero), que es la que nos protege en la sierra. Me conozco todos esos cerros, es un lugar que no se llega en vehículo, solo de a caballo. Hace como un año que no ando a caballo, sino me iría con los muchachos a la veranada”, expresó la mujer con cierta añoranza en su voz.

Como cada vez que hablo con alguien de la zona rural la problemática del zorro y el puma aparece en la conversación y con doña Tito no fue la excepción.

“El puma y el zorro es lo que más tiene a mal traer al puestero. Durante la parición es una pena lo que hace el zorro y los pocos animales que se dejan para la crianza se los termina matando el león, que mata pero casi no come. Otro problema que tenemos en el puesto en el Huecú, un yuyo que termina matando a los animales. Nunca el puestero recibe una ayuda de nada, por eso los jóvenes se terminan viniendo del campo”, señaló al describir lo que deben soportar los crianceros y que parece a nadie interesar.

En otro tramo de la conversación habló de la fiesta Vuelta del Veranador.

“Cuando en la escuela Peregrina Cantos empezaron a organizar la fiesta de la vuelta del veranador nosotros estuvimos colaborando. Las madres hacíamos las empanadas, los hombres se encargaban de los trabajos más pesaditos. Todos tratábamos de dar una mano porque sabíamos que era para el bien de nuestros hijos…La gente no sabe lo difícil que es para los padres que los niños vayan a una escuela con internado. Me acuerdo que venía a traer a los chicos y un trecho antes se me largaban a llorar que no querían quedarse. Los dejaba, ellos se quedaban llorando y yo me volvía también llorando, pero como uno sabía que la escuela era algo bueno tenía que hacerse fuerte y volverse a la casa a seguir con las cosas”, puntualizó doña Tito, una auténtica veranadora, ama de casa, mujer de campo que nunca se doblegó ante las adversidades para hacer Patria y soberanía en medio del macizo andino.
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