HISTORIA DE VIDA


Edición Número 233 del 15 de Julio de 2018

LASTENIA “POCHA” OYOLA
LASTENIA “POCHA” OYOLA
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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LasteniaOyola, que nació el 22 de abril de 1931, es hija de Paulina Moyano y de Alejandro Oyola, matrimonio que además trajo al mundo a otros siete hijos: Irma, Santos, María, Elena, Inocencia, Dionisio e Irma (fallecida). La familia al momento del nacimiento de los hijos vivía en Carapacho.

Recordó que sus padres se dedicaban a la crianza de ganado en esa zona del este departamental y que a corta edad la enviaron a vivir con su abuela, de nombre Santos, quien vivía en calle Batallón Nueva Creación casi Av. Rufino Ortega.

“Mi abuela Santos era sanjuanina, toda la manzana (la comprendida por Batallón Nueva Creación, Rufino Ortega, Capdeville y Emilio Civit) era de ella. Malargüe en esa época era bastante pobre, la plaza (San Martín) era todo campo. Donde ahora es la policía se hacían domas, carreras. Las oficinas de la policía estaban en una casa que era de Musa, en la esquina de Uriburu y Batallón Nueva Creación. La policía andaba a caballo y en las noches hacía rondas recorriendo el pueblo y tocaban un silbato cada tanto, tengo muy presente ese recuerdo. No había agua en las casas, nosotros la teníamos que ir a buscar en baldes al molino, ahí había una turbina y se sacaba agua para tomar, también pasaba un aguatero. Era un viejito que llevaba en un carrito bordelesas con agua y nosotras salíamos con los tarritos a la calle para nos dejara agua. También había que juntar agua para lavar la ropa y el jabón mi abuelita lo preparaba con quillo amarillo (NdR: planta herbácea, perenne y rizomatosa), eso se molía y daba como soda que servía para lavar, parecido al jabón. El comercio más grande que había era el de Salomón, la gente traía sus cueros y lana en cargas y compraba la mercadería. Los abuelos, por parte de mi mamá, iban a Chile a hacer las compras. En los corrales de Rufino Ortega se hacían rodeos donde se marcaban y señalaban los animales, todavía esa zona no era vivero. Yo vi cuando esos corrales estaban llenos de animales, es una pena que ahora estén todos destrozados, se han llevado las toscas…Para alumbrarse la gente hacía candiles de grasa, también hacían chonchonas de kerosene, en un frasquito o un tarrito se ponía kerosene con una mechita y con esa era toda la luz que había en las casas”, comentó.

Inmediatamente agregó “mi mamá y mi papá nos venían a visitar seguido, yo también iba al puesto a dar una mano con el cuidado de los chivos. Mi mamá y mi abuelita me enseñaron a lavar, a planchar. El agua para lavar la calentábamos con guano de vaca seco. La leña la íbamos a buscar al campo, por la zona de la Cañada Colorada. Toda la ropa se lavaba a mano. Nos alimentábamos con leche de vaca que ordeñábamos todos los días. Nosotros éramos muchos y mi papá falleció joven por esos desde chica tuve que salir a trabajar. Mi mamá a todas nos enseñó a trabajar. Yo trabajaba de empleada haciendo limpieza de casas, cosechaba papas, también trabajé en la vinería de Fernández. La vinería de Fernández estaba en la calle San Martín (entre Rodríguez y Villegas, costado este), ahí lavábamos los sifones, traían vino a granel en bordelesas y nosotros le poníamos las etiquetas a las botellas y damajuanas. Los sifones eran de vidrio con cabecitas de plomo. Teníamos que salir a trabajar con la nieve arriba de las rodillas, con decirle que de a caballo no se rompía la escarcha. Ahora la gente se queja que hemos tenido algunos días fríos, antes todo el invierno era así. Nos enseñaron que entre los hermanos no tenían que haber peleas, si uno no tenía una camisa el otro le tenía que prestar la que tenía de más. Nos decían que los hermanos no se peleaban, que los únicos que se peleaban eran los perros. Eso es respeto”.

Confesó haber sido un poco inquieta en su niñez: “Me gustaba andar a caballo. Yo era un poco traviesa, les daba de comer a los caballos en un morral y después me subía para dar unas vueltas”.

Desde pequeña Lastenia lleva el apodo de “Pocha” y es así como como la llaman sus seres queridos, amigas y vecinos.

Siguiendo con su relato consignó “en mi época el respeto era algo muy importante. Cuando venía gente de visita uno podía estar un rato, siempre paradita, nada de sentarse a tomar mate, después tenía que salir para no escuchar las conversaciones de los grandes. Cuando fuimos más grandecitas nos daban permiso para ir a un baile. En la esquina frente a la municipalidad había un lugar que le decían El bolsazo, ahí tocaban las orquestas y se hacían los bailes. Alguien nos iba a buscar y después nos tenía que llevar a horario a la casa”.

Recordó con nostalgia los festejos del 25 de mayo y el 9 de julio en “la calle ancha”, como se la llamaba a la Av. Rufino Ortega.

“Eran unas fiestas muy lindas, yo tenía una olla de fierro grande y se las prestaba a unas señoras para que hicieran los pasteles. Siempre íbamos a mirar, se juntaba mucha gente. Se hacían carreras y destrezas de campo. También había cantores y bailes”, dijo evocando aquellos años.

Doña Lastenia tuvo seis hijos Gladys, Carlos (fallecido), Valentín, Raúl (fallecido), Jacinto (Cacho) y Oscar. Tiene 14 nietos y 16 bisnietos

Casada con Isidro Burzaco, a quien conoció mientras cosecha papas, vivió algún tiempo en la zona rural de Malargüe, pues su marido se dedicó también a la actividad minera.

“En mina La Magdalena, cerca de mina Ethel, teníamos un pequeño negocito para vender azúcar, yerba, como criaba gallinas les vendía a los mineros huevos, después con mi hijo más chico (Oscar) me iba a juntar fluorita y cuando se vendía tenía una platita también con ese trabajito. Mi marido también trabajó en la Dirección de bosques y cuando él estuvo plantaron la cortina forestal. Ahí vivimos un tiempo en la casona de Rufino Ortega, me acuerdo que había un sulky que yo usaba para ir al médico, que era el Dr. De Vedia (Julio)”, expresó en otro tramo de la conversación que mantuvimos hace unos días en su domicilio de calle Inalicán.

Su pasatiempo, pese a que ahora tiene algunas dificultades para caminar, es el cuidado de las plantas que tiene su casa.

“Yo hago todo despacito, me gusta estar tranquila en mí casa, siempre están viniendo a verme mis amigas y la familia, porque no puedo andar mucho. La verdad que tengo una linda familia, siempre estamos viéndonos con mis hermanas. Mis hijos vienen a verme, me han tocado muy buenas nueras. Vengo de estar un mes en Bariloche donde vive mi hija, ya no le puedo pedir más la vida”, concluyó Pocha con una amplia sonrisa.
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