HISTORIA DE VIDA


Edición Número 237 del 15 de Setiembre de 2018

NICOMEDES CÁSERES
NICOMEDES CÁSERES
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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Tanto en la movilización de crianceros del mes de enero como en de principios de este mes hubo un protagonista que no pasó desapercibido, don Nicomedes Cáseres, un hombre de 85 años que vestido con sus pilchas gauchas caminó al ritmo de los más jóvenes y se mostró predispuesto a hablar con los medios de comunicación en todo momento, reflejando los padecimientos de nuestra gente de campo que ve con preocupación la emigración juvenil que se está produciendo de la zona rural a los centros urbanos.

Fue precisamente en la última movilización puestera donde coordinamos juntarnos para tomarnos unos mates, en compañía de su hija Norma. El día pactado llegué a su casa y él mismo salió a recibirme. Luego de comenzar la ronda de mates comenzamos a grabar la nota, cuyos tramos más significativostranscribo en las siguientes líneas.

“Yo ando en los pisando los 86 años, nací el 05 de julio de 1933, nací en el campo Invernada del Viejo. Mi papá se vino de Chile en 1919 y desde ese entonces nosotros estamos viviendo en ese campo, el año que viene van hacer 100 años que la familia Cáseres está en la Invernada. Mi papá tuvo tres señoras, no era ningún lerdo (risas). Éramos 22 de hermanos, pero de diferentes madres. Los últimos éramos 13 y estoy quedando únicamente yo solo. Tenía dos hermanas en Chile, la Lusmenia, Soledad y mi hermano Segundo. Éramos cuatro hermanos argentinos, los demás eran chilenos, porque cuando mi papá se vino de allá los hijos ya eran grandes y estaban registrados en Chile, se vinieron a la Argentina y se empezaron a desparramar por todas partes”, expresó.

Sus padres fueron Zacarías Cáseres y Mercedes Cavieres, ambos de nacionalidad chilena. Don Zacarías construyó, como ya lo hemos publicado en otras oportunidades, el primer puente sobre el río Grande. Era un puente colgante cuyos materiales trajo desde su país natal a lomo de mulas, durante cerca de 10 años prestó un importante servicio a los pobladores del lugar, pero una crecida del caudal lo arrastró. Luego ese puente fue reemplazado por una jaula que servía para el paso del ganado menor, mercadería y otros enceres de los pobladores. Esas instalaciones se ubicaban a unos cinco kilómetros al sur del puesto Invernada del Viejo. Los restos de don Zacarías, que murió en 1948, y su esposa Mercedes, que lo hizo un año antes, descansan en el cementerio de El Manzano.

Fue a la escuela que supo sostener Mina Car, allí conoció los vehículos. Describió también la perforación de petróleo que dirigió José Fusch en Las Loicas, con la empresa MAPISA, entre otros tantos recuerdos.

Siguiendo con su relato don Nicomedes dijo “cuando yo me crié la pasamos medio mal porque muchas veces se quedaban sin harina, sin azúcar, sin yerba. Entonces se venía en cargas a buscar la mercadería a Malargüe, donde había dos o tres comercios grandes. Muchas veces llegaban aquí y tampoco había nada porque los comerciantes se habían ido a buscar las cosas en carros, tirados por 12 mulas cada uno, a San Rafael y se tardan un mes en ir y volver. Había que esperar que volvieran los carros para irse con las cargas al puesto. Esas cosas se compraban con la venta de los cueros de los chivos y las pieles de los zorros que se pagaban muy bien. Nosotros tardábamos como tres días del puesto hasta Malargüe, porque nos veníamos por arriba y salíamos al arroyo Negro, cerca de Pincheira”.

En otro tramo de la conversación manifestó “cuando mi papá llegó de Chile en el puesto Invernada del Viejo estaba un señor ValoyBaigorria, era un hombre argentino que tenía un hijo que trabajaba en la policía. Cuando cayó la arena en el ´32 (hace referencia a la erupción del volcán Descabezado) toda la gente se fue buscando otros campos, porque se les murieron los animales. Como los campos quedaron desocupados mi papá se fue al mismo puesto Invernada del Viejo y ahí plantó unos arbolitos. Cuando me casé hice puesto más arriba y planté muchos árboles. Yo ahí tengo invernada y veranada, siempre me quedé invierno y verano, haciendo patria, por eso Gendarmería me dio un reconocimiento, la demás gente es veranante. En mi puesto siempre hay una bandera argentina flameando, resulta que una hija mía, hace como 40 años, hizo una banderita con telas y la pusimos en un palo de álamo. Gendarmería me llamó un día, me dio una bandera nueva, un diploma y cuando la bandera se rompe voy al escuadrón y me dan una nueva. El campo de nosotros no es muy bueno, lo mejor que tenemos es la vega, lo demás es puro Huecú (Se trata de un pasto duro, que forma matas grandes muy vigorosas, con hojas rígidas, acartuchadas y algo pinchosas. No posee valor forrajero ya que se trata de una especie tóxica en cualquier época del año, tanto para el ganado ovino, caprino, vacuno y equino). Ud. deja 150 chivos en el otoño y le pueden salir 50-60, porque el chivo que comió ese pasto ya no sirve más, anda como si estuviera borracho y se termina muriendo. El puestero tiene pérdida con el huecú, con el zorro, con el león y al final cada vez le queda menos”.

A partir de ese momento don Nicomedes realizó una cruda descripción de las penurias de la gente de campo.

“Los puesteros estamos trabajando para el puro puchero, nada más. Hace muchos años toda la gente cazaba zorros porque la piel valía y no se terminaron nunca los zorros. El que menos pillaba era 20 o 30, en todo el invierno. Yo estoy de acuerdo con la fauna, pero el gobierno tendría que decir -no quiero que maten ningún zorro ni león, pero por las pérdidas que ellos les hacen les vamos a dar un beneficio-. Antes había gente joven en los puestos, ahora la juventud se está yendo porque el puesto no da. Uno que ya está grande piensa por qué en San Rafael cuando cae una tormenta de granizo el gobierno ayuda a la gente y a nosotros nunca nos dan nada. Otra pérdida que tenemos los puesteros de la cordillera es por el águila que mata a los chivitos recién nacidos y el buitre donde hay playa también le lleva los chivitos. El zorro le come tanto el chivito recién nacido como al más grandecito. El puma mata varios chivos, hasta 30 he visto que ha matado en una sola noche, lo peor que solo a uno o dos les come las partes de las verijas y los deja. Al ternero el león lo mata cuando está apartadito de la vaca, pero estando al ladito de la vaca ella lo defiende. El zorro ataca a cualquier hora y al animal que no se come lo entierra en los montes ¡El tipo trabaja toda la noche! Las leonas con cría hacen muchísimo daño. Los campos de Malargüe no sirven para tener a la cabra en el corral, uno la tiene que largar al cerro para que engorde sino cuando viene el invierno está flaca, se queda preñada y termina muriéndose. En invierno se acaba todo pasto y el animal tiene menos para comer. Cuando nieva mucho también es un problema porque la cabra se queda encerrada y no puede salir sola. Otras veces se gana (pone) debajo de los bardones, el viento termina tirándoles la nieve encima y las termina tapando. Cuando la cabra se queda encerrada se enflaquece mucho. La vida del puestero es muy jodida” puntualizó el hombre, apenado.

También hizo mención a las dificultades que se presentan por falta de accesibilidad a las guías de removido, que ponen trabas al removido de animales en los vehículos particulares de los puesteros.

“Mis hijos tienen vehículos si tienen que venir a sacar una guía tienen que hacer 120 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, después tienen traer el animal y volver al campo, son otros 240 kilómetros, es decir, que para poder mover, aunque sea un solo animal se tienen que hacer 480 kilómetros. Eso no es justo, más como está el precio del combustible ahora”, ejemplificó don Nicomedes.

De su matrimonio con María Inés Maturano tiene ocho hijos: Eduardo, Lino, Oscar, Juan, Norma, Hortencia, Ana e Irma.

“En mi vida he hecho todo lo que he podido. Dos partos de mi señora se los atendí yo en el puesto, el del Oscar y el de la Irma”, rememoró.

Su puesto quedaría bajo las agua del embalse de Portezuelo del Viento.

“No sé qué pasará ese día, los muchachos, mis hijos que están en el puesto, decidirán qué van hacer, pero se va tapar una historia muy linda de este Malargüe y de la familia Cáseres” concluyó el hombre con un dejo de tristeza en sus palabras.
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