HISTORIA DE VIDA


Edición Número 238 del 1º de octubre de 2018

ALICIA PESSANO VDA. DE MARIANETTI
ALICIA PESSANO VDA. DE MARIANETTI
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

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Al relatar su historia de vida, Rosa Elba “Pocha” Verdugo de Meza (Edición Número 226 del 1º de Abril de 2018) hizo referencia a que su maestra en la escuela de Los Molles había sido Alicia Pesano (el apellido fue publicado con una sola “s”). Por esas cosas que sólo Dios hace posible, en estos días desde Ser y Hacer de Malargüe tomamos contacto con la docente, y tras hablar de manera distendida pudimos conocer su gran aporte a la educación malargüina en la escuela Ramón Freire. Valgan estas líneas de justo reconocimiento a esos docentes anónimos que sacrificaron y sacrifican todo, a veces derramando alguna lágrima, para cumplir con su objetivo de instruir a las nuevas generaciones.

Alicia Nilda Pessano nació el 23 de octubre de 1923 en la ciudad de San Rafael. Fueron sus padres Esteban Pessano y María Luis Bover, correntina, que llegó al vecino departamento cuando se abrió la Escuela Normal, por ese entonces de preceptores.

Al perder a temprana edad a su madre ella y sus hermanos (Esteban ´Coco´, María Esther y María Luisa) se criaron con sus abuelos paternos, Rita Fernández y Francisco Pessano. Esteban, fue docente en la escuela Prof. Héctor Cubo, tal como recordó en su historia de vida la ya desaparecida Irene Oses (ver Edición Número 62 de Ser y Hacer de Malargüe del 1º de mayo de 2011)

“Tuve una infancia feliz, a pesar de haber perdido a mi madre siendo yo una niñita. Mi abuelo tenía un aserradero y nosotros jugábamos ahí. El aserradero estaba en la calle Libertador e Independencia, además de la casa familiar y el aserradero también tenía una carpintería y una tornería. El abuelo era inventor, inventó la primera enfardadora de lana argentina, en 1880. Después hizo la primera trilladora de Argentina, que ahora está en exhibición en la Sociedad Rural de Buenos Aires. También inventó el secadero de fruta con aire caliente”, recordó.

Estudió, desde primer grado hasta que obtuvo su título de maestra, en la escuela Normal Superior de San Rafael, teniendo entre sus destacados docentes al gran poeta Alfredo R. Bufano.

Sobre él dijo “Bufano fue mi maestro, tengo un libro dedicado por él, que se llama ´Tiempos de creer´ (Obra de Bufano de 1943) que he encuadernado en cuero y lo tiene mi hija Inés. Él era completamente sordo, pero sabía leer los labios. Era muy buen profesor, sumamente exigente, daba clases de castellano y geografía. Conocía el país de Tierra del Fuego hasta Orán, Salta, como la palma de la mano y lo describía de tal forma que no necesitábamos el libro. Tiene una poesía al río Diamante que dice ´¡Oh!, Diamante caudaloso, en tus aguas he vertido todo el llanto de mis ojos´. Le gustaba que sus alumnos le respondiéramos en la manera que él se esforzaba por dejarnos los conocimientos”.

Se inició como maestra suplente en la escuela Villanueva de San Rafael. Al año siguiente, 1944, obtuvo su nombramiento en la escuela de Los Molles, siendo gobernador de la provincia Aristóbulo Vargas Belmonte. Permaneció como la única docente de ese establecimiento hasta 1947.

Alicia repasó ese momento con las siguientes palabras: “Fui la segunda maestra que llegó a la escuela, antes que yo hubo otra que estuvo un año y no se adaptó. El día que llegué a la escuela me acompañó mi hermano, a medida que el micro se alejaba del poblado de San Rafael se me corrían las lágrimas. El micro demoraba de San Rafael a Malargüe unas siete horas. Yo nunca había venido a esta zona, llegué y me encontré con la escuela que estaba en el mismo edificio donde ahora funciona, alrededor no habían casas. La escuela estaba pensada para que funcionara como albergue, pero en esa época no lo era. Se compartía edificio con la policía, la parte norte era para la escuela y la sur para la policía. Tenía que darles clases a los chicos de manera individual, porque en el invierno iban a la escuela en Malargüe y llegaban con un programa incompleto. En Los Molles la escuela funcionaba de noviembre a abril, la época que se abrían los hoteles y los puesteros comenzaban a subir la hacienda a la veranada. Yo era maestra, directora, portera y alumna (risas). Tenía 30-35 alumnos. Al principio no tenía nada para darles a los chicos de comer. Entonces, hablé con un puestero que me prestó una vaca para que le sacara la leche. Con los alumnos nos íbamos a la montaña y traíamos la leña. El gobierno me empezó a dar 30 centavos por niños para que les diera algo de comer. Con eso, les daba desayuno y almuerzo, me dieron una partida de limpieza de 30 pesos y con eso contraté a la señora del comisario para que hiciera la comida y ordeñara la vaca. No nos daban ni escoba, como siempre ha sido en las escuelas (risas). Lo más lindo era que el comisario no sabía leer ni escribir, la esposa sí, y ella también le ayudaba con los papeles. En esa época entraban muchos chilenos a pie y él los tenía que traer a Malargüe para cumplir con los trámites de ingreso. En esa época todavía no estaba la gendarmería. Para ir volver a mi casa de San Rafael viajaba en un colectivo de Víctor García, que manejaba su hermano Francisco, o en la empresa ´La CITA´, que después pasó a ser CATA. El micro iba los días domingos, solamente, y llevaba los diarios y revistas ¡Lo esperábamos con ansiedad porque era la única manera de enterarnos de las noticias! El edificio donde funciona la escuela fue construido por la familia Bombal ”.

Tiene numerosas anécdotas de esos cuatro años en la escuelita de Los Molles, como las siguientes: “Cuando llegué iba a almorzar y cenar al hotel de Víctor García, que queda bastante retirado de la escuela. Una noche, volviendo de cenar, llevaba el sol de noche en la mano y venía concentrada en mis pensamientos cuando de repente siento un ruido de atrás ¡Era un burro, me pegué un susto más o menos! Desde ese día sólo empecé a ir a almorzar y en la noche me hacía un café con leche y a dormir…Yo conocí a Víctor García, era un personaje. En el hotel tenía su propia huerta y hasta un pequeño matadero. Él era el mozo del su propio hotel, estaba sirviendo una mesa, se sacaba el delantal, se subía a su auto y se iba a correr una carrera (García fue propietario del hotel Lahuen-có y eximio piloto de TC). Él y su señora, Esperanza, eran muy buenas personas…Paco, el hermano de don Víctor, era el chofer del micro que hacía el recorrido General Alvear- San Rafael- Los Molles. Pasaba a las 02:00 por San Rafael, en la Cuesta de los terneros paraba y lo teníamos que esperar porque él se iba una casa a tomar unos mates...Cuando el micro no podía subir las subidas del Infiernillo los pasajeros teníamos bajarnos y empujarlo…El que iba mucho a Los Molles era el Dr. Schestakow, salía a pescar cangrejos y llegaba con el sobrero lleno para que se lo cocinaran en el hotel. A mí me gustaba mucho el quesillo de cabra y como en esa época en su vida se les hacía un estudio a las cabras, un día llegó el Dr., abrió la heladera y preguntó de quién eran esos quesillos que yo había dejado ahí, le dijeron –De la maestra- Entonces él los hizo tirar a la basura por falta de los estudios a esos quesos ¡Al diablo, me dejó sin quesillos! (risas). La palabra de Schestakow era santa…Un día un pibe me dice que le había entrado algo en la oreja, yo le puse agua en la oreja y terminó saliéndole un araña. Era enfermera, de todo, los padres me dejaban los yuyos para que les hiciera remedios a los chicos por si se enfermaban”.

Al pedirle una descripción de la localidad, entre 1944 y 1947, señaló “el hotel Lahuen-có era un edificio viejo, con baños separados y el Hotel Los Molles era de mayor categoría, estaba todo hecho de piedra con baños muy lindos. Iba mucha gente a los baños termales. También me acuerdo cuando se sembraron por primera vez truchas en la Laguna de la niña encantada y en el río Salado. El puesto más cercano a la escuela era el de don Pedro Díaz y también había un pequeño almacén. No había complejo de cabañas ni casas en la zona, como es ahora”.

Tuvo emotivas palabras para sus ex alumnos y los padres de estos por el respeto con que la trataron en todo momento.

En abril de 1947 fue trasladada a la escuela Díaz de San Rafael. En 1950 se casó con Pedro Pablo Marianetti con quien tuvo tres hijos: María Inés, Pedro Alfredo y Alicia, que le han dado seis nietos y dos bisnietos.

Don Pedro Pablo era gerente de la fábrica Bestani, de Cuadro Benegas, que comercializa sus productos bajo la marca Inca.

Por razones que no vienen al caso, la escuela Freire estuvo cerrada por varios años. Durante una visita a Los Molles con integrantes de la familia Bestani ella contó su paso por el establecimiento e inmediatamente los Bestani destinaron dinero para posibilitar su reapertura a principios de la década de 1970.

La familia Marianetti-Pessano luego se trasladó al departamento de San Martín donde Alicia se desempeñó como Directora de la guardería Nro. 10 de Rivadavia y luego en la Nro. 15 de San Martín, donde se jubiló. Previamente, en San Rafael, formó parte del Instituto de Rehabilitación del Invalido (IRIS).

Desde hace 7 años la señora Alicia vive con sus hijas en nuestra ciudad.
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