HISTORIA DE VIDA


Edición Número 242 del 1º de Diciembre

JOSÉ GERMÁN MIRA
JOSÉ GERMÁN MIRA
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

José Germán Mira nació el 25 de marzo de 1943, en El Carrizalito, junto al río Grande. Sus padres fueron Lorenza Salvo y Gregorio Miras (ver la historia de vida de ambos en Edición Número 18 del 1º de junio de 2009 de periódico Ser y Hacer de Malargüe).

Decile en papel

La madre tuvo cinco hijos de su primer matrimonio Eulogio, Antonio (fallecido), Casilda, Ernestina y Felipa (fallecida) Fuentes. Mientras que con Gregorio tuvo a José Germán, Orfelia, Gregorio (Wilo), José Amador, Guillermina y Teófila (fallecida).

“Mi vida de niño fue de puro trabajo, mis padres cuando yo tenía unos seis años se vinieron de El Carrizalito a Bardas Blancas, teníamos puesto casi en la desembocadura del arroyo Chenqueco. Mi papá trabaja en Vialidad Nacional, mina Huemul, Los Castaños, en Las Salinas de Ranquíl. Él trabajaba donde le salía trabajo y tenía algunos pocos animales. De chico hice trabajo de campo, trabajé con Ramón Zagal, que era comisario en Bardas Blancas y tenía puesto en el arroyo El Salto, estuve como cuatro años cuidando chivos, todo el día a caballo. Cuando tenía unos 11-12 años empecé a trabajar con Ruiz y Bugarín, regando el pasto, limpiaba las acequias, ayuda a cortar, porque tenía potreros de alfalfa”, dijo Mira.

Luego aportó lo siguiente “cuando empezaron a hacer el camino desde Vialidad Nacional, sobre la ruta 40, a Palauco, donde ahora hay una rotonda, yo empecé a trabajar, era muy chico. Ese camino lo hizo Grassi porque le alquiló a YPF dos pozos en Palauco, luego le alquiló otro en Cajón de los Caballos. Yo trabajaba ayudando a montar los equipos, como no habían grúas se hacía con aparejos. Se iban montando las cabreadas de caño con aparejos y rondanas. Se trabajaba 12 horas y se descansaban otras 12 para que los pozos recuperaran nivel. El petróleo se sacaba en uno o dos camiones y se traía a la fábrica Grassi porque se usaba como combustible para los hornos donde se hacían las fundiciones de las ferroaleaciones. Todo era muy precario y trabajábamos unas 5-6 personas en cada pozo, teníamos un pequeño campamento y vivíamos hasta un mes y medio en el pozo. Las herramientas se cambiaban con un guinche y un aparejo. El pozo uno tenía unos 800 metros de profundidad y el número 2, 1180 metros. Las medidas de seguridad no figuraban, recibíamos un guante cada vez que algún jefe se acordaba, no habían botines, ni cascos. En eso estuve cerca de ocho años”.

Cumplió con el servicio militar en la Armada, más precisamente en la base Cmte. Espora, en proximidades de Bahía Blanca.

Tras ocho meses de conscripción arribó a nuestro departamento y comenzó a trabajar en mina Huemul, donde la Comisión Nacional de Energía Atómica explotaba el uranio.

“Me dieron trabajo ahí nomás, pero resulta que el trabajo era abajo del cerro. En el pique se trabajaba todo el día con botas de goma y traje impermeable porque había muchas filtraciones de agua. Al tiempo me pusieron de ayudante de güinchero. Un día viene tirando el güinchero una vagoneta y se cortó el cable. La vagoneta al volver con tanta fuerza mató a una persona, ese día decidí no seguir trabajando en ese lugar”, comentó Germán sobre su paso por mina Huemul.

Volviendo a su casa se reencontró con su jefe de los pozos de Palauco, le ofreció nuevamente trabajo y retornó a ese lugar, donde pasó a ser tractorista.

Al poco tiempo un hombre, de apellido Reynal, le ofrece ser chofer de uno de los camiones que tenía en el traslado de petróleo de Palauco a Malargüe y así empezará a transitar un oficio en el que se desempeñó hasta el momento de su jubilación.

“Al poco tiempo Reynal renovó un camión, se salió de Grassi, y comenzamos a trabajar con los camiones. Nos fuimos Paso de los Libres donde se estaba haciendo el asfalto Paso de los Libres-Mercedes (Corriente). La experiencia no fue del todo buena porque mi jefe tuvo problemas porque no le pagaban. Regresamos a Malargüe y a la semana nos fuimos a Zapala donde traíamos maderas de Chile para la empresa Álvarez y Durán que tenía un aserradero muy grande. Después de varias temporadas me fui a trabajar a Catriel y después la empresa donde yo había entrado a trabajar sacó una licitación en Las Heras, Santa Cruz y tuve que partir al sur. Mi señora y los hijos se quedaron en Catriel. El clima en Las Heras era muy duro, mucho frío y viento. Estuve más de un año y decidimos volvernos a Malargüe, porque estaba solo por allá y mi familia también en Neuquén”, recordó Mira.

De regreso en nuestro departamento comienza a trabajar en la empresa vial Cugnini y Zancandi, que prestaba servicio en el mantenimiento de caminos para empresas petroleras. Luego pasó a trabajar en la empresa Berbel, que estaba asentándose en Malargüe.

“En Berbel empecé a trabajar manejando camiones y después pasé a conducir una camioneta, porque tuve un problema renal y no pude volver al camión. Después seguí trabajando con Oscar González en el trasporte de personas y estuve con él, como empresa Payún, hasta hace dos años porque no me habilitaron la licencia profesional, por razones de edad”, acotó don Germán.

Con más de 50 años de experiencia “arriba de los vehículos” el hombre tiene muchísimas anécdotas.

“La vida de un camionero, de un chofer, es dura. Uno pasa mucho tiempo afuera de la familia, muchas veces sale y no sabe cuándo va a volver por el tema de las cargas, los cortes de las rutas por las nevadas o los temporales. Uno se acostumbra a andar con una garrafita, una ollita o una sartén, unas cebollas, unos fideos para prepararse algo por si se queda en algún lugar. Eso cuando hay un tiempo y sino un poco de fiambre y a seguir. Cuando empecé los vehículos no eran como los de ahora porque no existía el aire acondicionado y las calefacciones no eran de las mejores, con inviernos bien rigurosos. Trabajando en un camión de acarreo de petróleo, de Juan Maure, no me voy a olvidar jamás, un 23 de diciembre cayó una nevada en el Chihuido Grande y quedamos en Agua Botada cinco camiones sin poder pasar para Malargüe, porque se atravesó un camión con acoplado sobre la ruta. Estuvimos toda la noche, hasta el otro día al mediodía, tiritábamos de frío porque quién iba a pensar en esa fecha encontrarse con una nevada. Pasamos toda la noche a puro mate. Pasa muchas veces que no se tiene comunicación ni con la empresa ni con la familia en la ruta o en los caminos por lo que uno anda. Por todos lados donde he andado las rutas han sido siempre malas y qué contarle de las de Malargüe… serruchos, piedras, guadales, cortes por las crecientes, malísimas. Con Berbel y González trabajamos en el yacimiento de las sales de potasio desde la época de Río Tinto y después con Vale, que fue una lástima que se fuera porque ahí trabajaba mucha gente”, rememoró Mira.

Don Germán está casado con la señora Marta Angélica Pedernera, hija de Irene Bravo y de Javier Pedernera. Su familia supo vivir en Las Loicas y el padre fue policía en Bardas Blancas.

Marta y German tienen tres hijos: José Manuel y José Adán (mellizos) y Mariela, quienes les han dado ocho nietos. Viven en calle Illescas al 1.000, en barrio ampliación Rufino Ortega.



OTRAS DE LA SECCIÓN HISTORIA DE VIDA