HISTORIA DE VIDA

AVELINO CORTEZ
AVELINO CORTEZ
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

Andrés Avelino Cortez Maya, hijo de Rosa Amelia Maya, oriunda de la zona de Carapacho, de y Cruz Cortez, de Agua Escondida, vino al mundo el 10 de noviembre de 1942, mientras su familia vivía en proximidades de Lomas Moras, costa de El Salitral.

Rosa y Cruz también trajeron al mundo a Feliciano (Chano), Herminia (Ñata), Anselmo (Pelado), Domingo, Zacarías, Antonio, Nicanor y de una niña que falleció a corta edad.

Don Avelino, hoy de 76 años, comenzó su relato diciendo “empecé a trabajar siendo muy chico con mi padre…la vida era dura, para tener mercadería había que esperar a los vendedores ambulantes o salir a comprar a Malargüe o San Rafael. Recuerdo haber tenido que salir con cargas ayudando al papá. Cuando me enrolé (NdR: obtuvo su Libreta de Enrolamiento, actual Documento Nacional de Identidad) al poco tiempo me tocó el servicio militar en Uspallata. Ahí aprendí a escribir lo poco que sé, porque antes había aprendido un poquito en mi casa. Después también aprendí algo con unas cartillas que le daban a uno para que hiciera los deberes y por radio Malargüe daban clases unas maestras. Mucha gente de campo aprendió a leer y a escribir con esos programas que había antes. Estuve 11 meses en el regimiento y me dieron la baja. De vuelta empecé a hacer changas en los puestos como peón de campo, gracias a Dios nunca me faltó lugar donde trabajar. Un peón de campo, que ahora se ve poco, es una persona que se emplea en un puesto y tiene que cuidar los animales, recorrer el campo, arreglar los corrales. A uno le daban la comida, un lugar donde dormir y le pagaban unos pesos. Había mucho trabajo con las esquilas porque la gente de antes tenía más chivas que ovejas. Todas las esquilas eran a pura tijera. La gente de los puestos salía a buscar esquiladores y las esquilas, depende de la cantidad de animales, duraban varios días. Por cada oveja que se esquilaba a uno de le daban una ficha, después se presentaban todas las fichas y por cada una le pagan lo que se había convenido. La lana se enfardaba en unos lienzos grandes y se guardaba en galpones que los puesteros tenían, cuidando mucho que no se mojara. Antes había mucho trabajo en eso, ahora se está perdiendo todo, ya la gente joven no quiere estar en el campo”.



En otro tramo de la conversación relató los siguiente: “En el campo la gente se divertía pialando animales (Pialar: Enlazar los animales por las patas para tumbarlos y proceder a marcarlos), domando un ternero, un potrillo. También sabíamos salir con nuestros padres a hacer boleadas de choique, eso era muy lindo. Se juntaban de un puesto y de otro, unas 10-12 personas, y se salía al campo. Era un divertimento muy lindo porque uno conversaba con la otra gente, se churrasqueaba, se reía uno de las aventuras de las boleadas de los choiques y, por supuesto, también nos comíamos unas buenas chayas en bolsas (risas).Eso antes no estaba prohibido y los viejos sabían elegir los choiques gordos. Las plumas se vendían y con eso, más algunos cueritos de zorro, la gente tenía una platita para comprarse mercadería”.



La boleada de choiques era una tradición arraigada en los pobladores rurales. Se reunían varios hombres y salían en busca de los avestruces. Cuando un avestruz reunía las condiciones requeridas, por ejemplo, de gordura, tamaño, se procedía a cazarlo utilizando para ello boleadoras. Por las noches se hacían fogones y cada uno ponía una parte de su cacería, otros cocinaban, otros arreglaban sogas o boleadoras, mientras se mateaba y se hacían los comentarios que venían al caso. Para preparar la chaya se sacaba el cuero hecho bolsa desde los alones hasta la cabeza, la carne la cortaban en pequeños bifes y condimentaban, solían agregarles algunas verduras. Mientras tanto se calentaban en el fuego unas pequeñas piedras, cuando todo estaba listo, se empezaba a echar en la bolsa de cuero la carne y piedras de modo que todo quedara bien distribuido, es decir, cierta cantidad de bifes, una piedra, luego se colocaba al calor del fuego.

Como tantos malargüinos, supo trabajar en la minería.

“Trabajé en Mina Ethel, en La Leona y en otra cerca de Borbarán donde se sacaba fluorita. En mina Ethel se sacaba manganeso, había galerías largas, ahí se usaba mucho explosivo. En la parte de arriba se explotaba a cielo abierto. Ahí trabajaban varias personas. Después de pensarlo me vine de nuevo a trabajar al puesto de mi viejo hasta que pude tener el mío2, expresó el hombre que ahora tiene algunas dificultades para desplazarse por sí solo.

Don Avelino se casó con Pascua “Titi” Velez (fallecida) con quien tuvo 10 hijos: Fabián, Karina, Oscar, Marisa, Mario, Baudilio, Diego, Walter, más dos niñas que murieron a corta edad. Algunos de ellos fueron a la escuela primaria en Agua Escondida y otros a El Nihuil. Actualmente tiene 31 nietos y siete bisnietos.

El matrimonio se estableció en puesto El Cerrito, cerca de donde se había criado don Cortez.

“Ahí tuve mis animalitos, hubieron años buenos y otros malos. La leña en esas partes siempre hubo que salir a buscarla lejos, en carretelas, cerca del puesto abunda el coirón, pero eso no sirva más que para prender el fuego. Ahora estamos siendo muy castigados por el zorro y el puma. Antes el puma mataba a los chivos pero ahora mata terneros, vacas, potrillos, caballos, todo y el puestero no tiene ninguna ayuda”, se lamentó don Cortez.

Recordó que en sus años jóvenes los políticos solían recorrer el campo en busca de votos y el día de las elecciones traían a la gente a sufragar a la entonces Villa de Malargüe en camiones, aquí los esperaban en los famosos “comité”, lugar donde le servían comida, generalmente asado y pasaban toda la jornada.

Su vida ha sido de trabajo, haciendo su mejor esfuerzo para mantener a la numerosa familia que Dios le regaló.

“Ahora tengo una enfermedad a los pulmones, por eso he tenido que dejar por un tiempo el campo, pero ya he de volver (risas). He vivido lindos años, tengo una familia grande (se emociona), eso es lo más importante, lo otro va y viene”, concluyó don Avelino la conversación tras más de una hora de grabación.
OTRAS DE LA SECCIÓN HISTORIA DE VIDA

Periódico Ser y Hacer de Malargüe
Redacción y administración: Cacique Millanquín 1074 Malargüe, Mendoza -Tel. Prensa: 54 260 15 4570011. Publicidad: 54 260 15 4316571- Dirección: Téc. Sup. en Periodismo: José Eduardo Araujo. Diagramación y Armado: Verónica Bunsters. Periodistas: José Eduardo Araujo - Pamela Rodríguez. Administrador del sitio: Téc. Sup. en Inf. David Zaragoza.