HISTORIA DE VIDA


Edición Número 248 del 1º de Marzo de 2019

ELIANA LOYOLA
ELIANA LOYOLA
Eduardo Araujo

Por Eduardo Araujo

La docente y emprendedora Eliana Loyola nació 04 de marzo de 1943, en Rama Caída San Rafael. Sus padres fueron María Magdalena Salcedo y Carlos Alfredo Loyola.

Don Carlos Alfredo era chileno, primo hermano del poeta Pablo Neruda. Llegó a la edad de 18 años a la Argentina, invitado por uno de sus tíos de apellido Olivares y aquí se radicó. Comenzó a trabajar, y llegó a ser administrador, de la fábrica de fruta seca y envasada AFD, de capitales ingleses, ubicada en Rama Caída, hoy inexistente. Aquí contrajo enlace con doña María Magdalena y tuvieron tres hijos: Julio César (fallecido, ocupó la titularidad de la Comisaría 24 Malargüe de la Policía de Mendoza en la década de 1990 y llegó al cargo de Comisario General), Eliana e Inés.

Cuando Eliana tenía ocho años la familia se trasladó a la ciudad de San Rafael, más precisamente a la calle Victorio Cardonato, entre Cabildo y Sarmiento, casa que hoy existe y allí habita Inés. Asistió a la escuela Nro. 43 que estaba una cuadra de donde vivía. A la edad de 13 años comenzó a trabajar en la fábrica donde su padre era encargado.

Recordó haber asistido a unos de los primeros encuentros de hermandad argentino-chileno en Paso Pehuenche, cuando la concurrencia de gente era escasa. De esa época rescató la siguiente anécdota.

“Malargüe era un pueblo chiquito. Yendo al Pehuenche los puentes eran estrechos, entonces los pasajeros nos bajábamos del colectivo, los pasábamos caminando y el chofer después lo hacía sobre el vehículo (risas). ¡Eran viajes muy divertidos!” consignó Eliana que este lunes cumple 76 años.

Estudió el profesorado de matemáticas, física y química en el colegio Del Carmen. Llegó hasta tercer año, ya que cuarto no se abrió por falta de alumnos. Trabajaba en la ex librería Ortelli. Al crearse el profesorado para la enseñanza primaria en el colegio Normal ingresó, le dieron por aprobadas varias materias, y se recibió de maestra.

“Al otro día que me recibí tomé para El Alambrado, porque gané una suplencia por todo el año. Llegué con una compañera, me acuerdo que pasaba el ómnibus que iba a Bariloche y nos dejó en la ruta (de acceso a El Manzano) como a las 10 de la noche, no se veía nada. Era una noche oscura, sin luna, mi compañera se puso a llorar. Como a las dos horas apareció el director de la escuela, de apellido Endrisi, a buscarnos (risas) y nos llevó. Cuando llegamos el director nos designó una habitación chiquita, con tres cuchetas, sin armarios. Para dormir teníamos que bajar las valijas al piso. Teníamos 93 chicos, la mayoría internados que venían a caballo, porque en esa época no había transporte para acercar a los alumnos, como se hace ahora. Teníamos tres días al mes de descanso, pero si había en qué venirse y en qué volver nos tomábamos el franco, sino nos quedábamos en la escuela. Nos pasó que algunas veces bajamos y cuando volvíamos nos tuvimos que quedar en El Manzano porque no se podía llegar a El Alambrado por la nieve”, expresó la docente.

Al proseguir con su relato expresó “en esa escuela pasamos cosas difíciles. En una oportunidad estuvimos un mes aisladas con 30 niños porque nevó muchísimo. Nos empezamos a quedar sin leña y comida, en ese momento se cocinaba y calefaccionaba a leña. Lo peor que nos quedábamos sin agua, con los chicos y mis compañeras caminábamos como 700-800 metros hasta una vertiente para tener agua para la comida. Las clases no las suspendíamos, pese a que teníamos unos vientos blancos que no podíamos salir al patio.Tampoco había comunicación, me acuerdo que cuando en 1976 tomaron el gobierno los militares nosotros no nos habíamos enterado, porque escuchábamos solo emisoras de Chile, la emisora de acá (LV19) en esa época allá no llegaba con la señal. A los chicos les enseñé a hacer tortas, dulces. Los domingos, como nos quedábamos con pocos, hacíamos ñoquis, tortas fritas. En la escuela José Ríos de El Alambrado estuve ocho años, porque después asumí la dirección. Además, tomé un cargo de DINEA, que era educación de adultos para zona de frontera”.

Al dejar ese establecimiento pasó a desempeñarse como directora de la escuela Sargento Baigorria, recordando entre sus compañeros a Julio Andrés Mercado y al matrimonio Estela y Enrique “Quique” Cambiaghi. Por espacio de dos años estuvo al frente de la escuela de educación de adultos Río Malargüe, hoy maestro Julio Andrés Mercado.Luego volvió a la dirección de la escuela ubicada en el predio de fábrica Grassi. Se jubiló en ese cargo en 2003, con un régimen jubilatorio que no le reconoció su trayectoria docente.

“Fueron unos años hermosos de trabajo, hicimos un invernadero de estructura de hierro, muy bien hecho, hasta tenía calefacción. A los chicos les hacíamos hacer la huerta en la casa y cuando tenían el terreno preparado les dábamos los almácigos para que plantaran. Teníamos 300 alumnos que iban a la escuela de manera voluntaria hasta los sábados y domingos que nos juntábamos a hacer dulces, conservas, pintar, regalar las plantas” evocó quien fuera directora-maestra.

Siempre le gustó investigar y así ideó un método de lecto-escritura que le valió el reconocimiento de autoridades provinciales, nacionales y la UNESCO.

“Estando en El Alambrado me di cuenta que a los chicos les costaba aprender con el método de letra por letra. Así comencé una investigación. Empecé por enseñarles a escuchar, razonar, a interpretar sonidos. Cuando llegué a la escuela Baigorria seguí con ese método que se llamó de técnica innovadoras. Los niños de primer grado a los dos meses de clases ya sabían leer y escribir. La experiencia, que consiste en que primero se aprende a leer y después a escribir partiendo del juego, se difundió y estuve invitada a presentarla a los directores e inspectores de Mendoza. En Paraná expuse en el congreso de Experiencias significativas donde fui felicitada por el ministro de Educación de la Nación y el entonces presidente Menem. Una vez vino el profesor Jairo Esposada de la UNESCO a Mendoza y se interesó en el proyecto, me invitó a recorrer Latinoamérica con la propuesta, pero le dije que no porque me dio miedo. Mi mayor satisfacción es saber ahora que los chicos que aprendieron esas técnicas son ingenieros, licenciados, contadores, buenas personas” manifestó.

Además del trabajo docente, Eliana es reconocida por sus exquisitos dulces y entre ellos el que mayor reconocimiento le ha valido es el de papa.

“Siempre me gustó hacer algo distinto, un día empecé a probar con la papa y gustó. Fui invitada por el Consejo Federal de Inversiones a exponer a Mar del Plata, estuve 23 días con todos los gastos pagos. Me dieron un premio por ser el stand con más visita, se me terminó el dulce de papa y tuve que ponerme a preparar allá. Tengo todas las inscripciones bromatológicas y mi marca es Eliana, que la pusieron los chicos cuando daba clases. Hago dulces de durazno, alcayota, zapallo, kiwi, frambuesas, de cualquier fruta. El secreto de la preparación del dulce artesanal está en no poner el fuego muy cerca del fondo del recipiente y paciencia (risas). Tengo muchos clientes de Malargüe y también de otros países. Una vez le vendí un dulce de papa a una mujer francesa y al tiempo llegó una amiga de ella que vino de allá a comprarme porque le había gustado mucho. Me encanta hacer esto. Lo único que me falta hacer es el libro con las técnicas de aprendizaje de la lecto escritura, tengo todos los papeles, solo me falta ordenarlos y ponerme a escribir” puntualizóEliana al hacer referencia al emprendimiento que desarrolló de manera continua desde que se jubiló y de las cosas que le quedan pendientes de hacer en la vida.

Una quebradura de fémur, a fines del año pasado, la obliga a hacer reposo en su casa, que interrumpe para realizar la rehabilitación y algunos dulces, como los que distribuirá Melina Martínez, nuestra reina departamental de la vendimia, durante la vía blanca y el carrusel en la capital provincial el próximo fin de semana.



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